REPORTAJE ESPECIAL

EL NUEVO AEROPUERTO
bandera electoral distractora

/facebook @twitter
Daniel Martínez Garbuno

La construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) se está utilizando como bandera política en momentos en que el país necesita una moderna y eficiente infraestructura aérea para avanzar en el proceso de recuperación y desarrollo de su economía.

En el contexto de la contienda electoral 2018, el candidato del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se ha pronunciado por la cancelación del proyecto, en tanto que el resto de los aspirantes, respaldado por los dirigentes de los sectores empresarial, político, turístico y aeronáutico, opina que la construcción del NAICM debe continuar.

Un amplio sector ha criticado a AMLO por cuestionar la validez del NAICM, por señalar que, de llegar a la Presidencia, cancelaría el proyecto en busca de uno más viable, más económico.

AMLO usa como eje de su campaña la cancelación del NAICM, argumentando que se sustenta en un plan de inversión gubernamental que cuenta con el apoyo de grandes empresarios, quienes consideran que será el motor del crecimiento del país de aquí a 50 años o más. Por esta razón lo acusan de poner un alto al progreso.

El proyecto del NAICM levantó polémica desde que el presidente Enrique Peña Nieto lo anunciara con bombo y platillo el dos de septiembre de 2014, con una inversión inicial de 168 mil 800 millones de pesos (mdp) que poco después se había incrementado a 246 mil mdp, un aumento en el costo del que se disculpó con un tecnicismo.

La construcción del NAICM comenzó en septiembre de 2015 y su inauguración está prevista para octubre de 2020, aunque los empresarios saben que es poco probable que eso ocurra. Durante la presentación del nuevo modelo de avión que usará la aerolínea Volaris, José Alfonso Lozano, vicepresidente de la Cámara Nacional de Aerotransportes (Canaero), dijo que esta organización está preparada para un posible retraso en la entrega del NAICM; pero recalcó que ésta es totalmente necesaria.

En la misma sintonía se halla el sector aeronáutico de México, respaldado por organizaciones similares de otros países, que han cerrado filas en defensa de la construcción del NAICM con base en las necesidades que la economía nacional tiene en las ramas de comunicaciones y transporte.

El veloz crecimiento de la industria aérea
En el año 2000, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) reportó una movilización de 20 millones de pasajeros al año, con lo que llegó a un nivel crítico de ocupación. En 2006, al finalizar el sexenio del expresidente Vicente Fox, la cifra había aumentado a más de 24 millones.

En 2012 el AICM rozaba los 29 millones anuales; y en 2017, la cifra llegó a 44 millones 732 mil pasajeros. En lo que va del siglo XXI, el arribo de personas por vía aérea a la Ciudad de México (CDMX) creció más del doble.

Desde el sexenio de Vicente Fox se prendieron las alarmas con respecto al boom de la transportación aérea: era necesario un nuevo aeropuerto. De hecho, el exmandatario ordenó la construcción de uno, que proyectaría en el antiguo lago de Texcoco; pero se tenían que expropiar las tierras de cientos de campesinos, con lo que se canceló el proyecto a causa de la negativa de éstos. 

El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) se movilizó y logró los amparos necesarios para que la construcción nunca comenzara; el gobierno siguiente se limitó a tomar medidas para paliar la crisis de conectividad en la CDMX. Fue en ese tiempo cuando se construyó la Terminal 2 del AICM, se remodeló el Aeropuerto Internacional de Toluca (AIT) y se levantó el elefante blanco de Cuernavaca, que tuvo un costo de mil 400 millones de pesos.

En ningún momento se abandonó la idea de un nuevo aeropuerto; la compra de 900 hectáreas en Tizayuca durante el mandato de Miguel Ángel Núñez Soto, gobernador de Hidalgo, da fe de las intenciones aeroportuarias. De hecho, en su campaña presidencial, el entonces candidato Enrique Peña Nieto prometió que los aviones aterrizarían en Hidalgo e incluso firmó este compromiso, que se convirtió en uno de los incumplimientos de su mandato, que está por finalizar.

En la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) se analizaron cinco posibles soluciones para atender la demanda aérea en la Zona Metropolitana de la CDMX: seguir con el mejoramiento del AICM; integrar al AICM el proyecto  aeroportuario de Hidalgo; cerrar el AICM y construir el NAICM en Texcoco; abrir un aeropuerto destinado al transporte de carga en Hidalgo y, por último, distribuir la operatividad del AICM a los aeropuertos de Toluca y Cuernavaca, previo reforzamiento de su infraestructura y logística.
De estos cinco planes, el gobierno de Enrique Peña Nieto eligió el tercero, el NAICM.

La misma gata… pero morena
En su rechazo a éste, AMLO no toma en cuenta las otras cuatro opciones y propone la misma solución que el gobierno actual, la única diferencia que plantea es establecer el nuevo aeropuerto en la Base Aérea número 1 de Santa Lucía, en el municipio de Zumpango, Estado de México, a 37.83 kilómetros de distancia del Zócalo de la CDMX.

Si se deja de lado la propaganda política, la construcción del nuevo aeropuerto es imperativa. El Colegio de Pilotos Aviadores de México (CPAM) ha declarado que el actual AICM no puede soportar el crecimiento del 4.9 por ciento anual previsto para la industria aérea nacional: “La aviación mexicana, como elemento generador del 2.9 por ciento del Producto Interno Bruto, debe ser prioritaria para los actores políticos y las administraciones federales del Estado, tomando en cuenta las mejores prácticas internacionales para su desarrollo”, dijo en un documento.

“El NAICM no es un lujo, como lo piensan algunos, sino una verdadera necesidad”, apuntó  el capitán Francisco M. McGregor, piloto comercial con más de 44 años de experiencia y miembro del CPAM y de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA), quien consideró desafortunado que este asunto se haya convertido en bandera política.

El actual AICM llegó al 2018 totalmente saturado, incluso con problemas para ofrecer nuevos espacios (o slots, como se les conoce en el gremio) a las aerolíneas que ven a México como un mercado promisorio al que ven imposibilitado su acceso. Entre éstas figura Emirates, la empresa aérea de los jeques árabes de Dubai, que ya tiene dos de los tres permisos necesarios para conectar esa ciudad con México vía Barcelona. 

Thierry Antinori, director comercial de esta compañía, ha repetido en distintas ocasiones que México es el único país con una población más de 100 millones de habitantes donde Emirates no opera vuelos de pasajeros. Otra aerolínea con situación similar es Turkish Airlines –la más grande del mundo– que ofrece 421 destinos en más de 110 países, entre los que no se halla el nuestro. De esta forma se desaprovecha la excelente ubicación geográfica, señalan expertos.

En lo que va de 2018, la aviación mundial ha crecido a un excelente ritmo, dentro del que marchan a la cabeza las aerolíneas latinoamericanas gracias a la recuperación económica en Brasil. “Es mutuamente beneficioso que los gobiernos reconozcan e impulsen la regulación de una infraestructura aérea de calidad”, dijo recientemente Alexandre de Juniac, presidente de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA).

“Pero necesitamos ser puntuales con este mensaje todos los días”, pues los beneficios económicos prometidos por la industria aérea podrían no llegar a todos, si se detienen propuestas de crecimiento como la del NAICM, añadió.

El debate sobre la construcción de un nuevo aeropuerto, aun cuando su costo no sea nada barato, está dentro de la realidad actual, pero la propuesta de mantener dos aeropuertos en la zona metropolitana del Valle de México resulta descabellada y técnicamente irrealizable.

¿Por qué Santa Lucía?
La Base Aérea militar de Santa Lucía fue inaugurada en 1952 durante la Presidencia de Miguel Alemán Valdés. Desde esa fecha es el centro neurálgico de las operaciones aéreas del ejército nacional, de las múltiples acciones de rescate y apoyo básico del Plan DN-III a zonas en situación de desastre y de la  eventual ayuda humanitaria que el Estado mexicano envía al extranjero.

El candidato presidencial de Morena se empeña en asegurar que la construcción de un nuevo aeropuerto en Santa Lucía, complementario del AICM, es una mejor opción, porque además de  “satisfacer la demanda actual y la previsible”,  se ahorrarían más de 100 mil millones de pesos provenientes del erario federal.

En su Propuesta Alterna de Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, publicada en 2015, AMLO dice que el NAICM es absurdo porque las instalaciones del que está construido pueden mantenerse y complementarse con dos pistas más en Santa Lucía. Esto generó alarma en los inversionistas involucrados en el proyecto del actual gobierno, quienes manifestaron su temor a perder lo invertido.

El tabasqueño rectificó al poco tiempo y dijo que, de ganar, buscaría un acuerdo con las empresas que se adjudicaron los contratos de construcción del NAICM para que las obras se ejecutaran en Santa Lucía, con lo que, además, el nuevo sistema aeroportuario estaría listo en 2019.

Precisamente en la idea de un sistema aeroportuario tiene fe AMLO, a fin de que los servicios aéreos funcionen como un organismo conectado y, en función de ello, se remite a  pruebas que no serían aplicables en la CDMX, por sus particulares condiciones geográficas, entre las que, según el Colegio de Ingenieros Mexicanos en Aeronáutica, resaltan posibles colisiones de naves en caso de operar simultáneamente Santa Lucía y el AICM.

AMLO argumenta que otras ciudades con tráfico aéreo de alto nivel mundial cuentan con sistemas aeroportuarios múltiples y cita entre ellos el de Berlín, Alemania, que dispone de dos: Tegel y Tempelhof. Sin embargo, ambos están clasificados entre los peores del mundo debido a los múltiples retrasos que se presentan en los vuelos de las aerolíneas.
En 1992, el gobierno alemán planeó la construcción de un nuevo aeropuerto, el cual sería uno de los mayores de Europa. El proyecto fue revisado, en 2006 comenzó a construirse, pero hasta la fecha sigue sin concluirse y su entrega se halla retrasada desde 2012. Berlín es la oveja negra del sistema aeronáutico de Alemania.

AMLO ha puesto también como ejemplo los aeropuertos de Luton y Stansted,  Inglaterra, pioneros en la instalación de servicios aéreos a grandes distancias de las urbes que benefician. Uno está a 56 y el otro a 61 kilómetros de Londres; y aunque tienen cierta importancia dentro de la red de conectividad del Reino Unido, son diminutos en comparación con los de Heathrow y Gatwick, los dos aeropuertos más importantes de Inglaterra y que se localizan más cerca de la capital inglesa.

El NAICM se ha convertido en un tema político de la campaña presidencial; mientras AMLO enarbola su propuesta de construirlo en Santa Lucía, como un estandarte contra la corrupción, el candidato priista José Antonio Meade defiende su construcción como un proyecto que dará continuidad a la estabilidad de la economía y Ricardo Anaya asume su defensa por las inversiones privadas que implica el proyecto, aunque promete llevar puntual revisión de sus cuentas.

El problema para el NAICM no radica en que se le discuta políticamente, sino que este debate no incluya su análisis estrictamente aeroportuario y económico a futuro; pues al final, como ha solicitado el CPAM, su futuro recaerá en las manos políticas. “Este colegio demanda públicamente que los análisis de la viabilidad y opciones de los proyectos para un nuevo aeropuerto se realicen desde el punto de vista estrictamente técnico y no político”, puntualizó.

O, como dice McGregor, México sabe que el aeropuerto ha costado miles de millones de dólares, que éstos no pueden irse a la basura y que, además “resulta un proyecto vital para el desarrollo” del país.