PHILIAS

Aportaciones matemáticas y vida de Sofía Kovalévskaya

/facebook @twitt

Romeo Pérez Ortíz

Son contados los nombres de mujeres que han destacado en el campo de las matemáticas. Mencionaré solamente a aquéllas que vivieron antes del siglo XX. La primera mujer de la que se tiene conocimiento fue una alumna de Pitágoras: la joven Teano, hija de Milón, Rey de Crotona.

La segunda fue Hipatia, de quien se tiene información porque algunos de sus cursos de matemáticas, filosofía y mecánica son citados en influyentes obras posteriores como la Aritmética de Diofanto, los Elementos de Euclides y el Tratado de las Cónicas de Apolonio de Pérgamo.

La tercera mujer matemática, no tan famosa como la anterior, fue la italiana María Gaetana Agnesi, quien publicó un trabajo sobre Instituzioni analitiche (Fundamentos del análisis matemático); es conocida por la Curva de Agnesi. Otra matemática relevante fue la Marquesa de Chatelet, nacida en la corte de Luis XIV; junto a Voltaire descubrió las obras de Descartes y Newton y publicó el libro Ilustraciones de la Física.

La quinta mujer con notables aportaciones a la matemática fue la alemana de origen judío Emmy Noether, conocida por sus contribuciones en los campos de la física teórica y el álgebra abstracta. Y la sexta, de quien escribiré con mayor detenimiento en esta ocasión, fue la rusa Sofía Vasilyevna  Kovalévskaya. Tomó clases privadas de análisis matemático con la tutoría del pedagogo ruso Aleksander Nikolaévich Strannoliuvskii, pues las universidades rusas y europeas prohibían en aquella época el acceso de mujeres a estudios superiores.

Tres años antes de su muerte (1888) ganó el prestigioso Premio Borden, que otorga la Academia de Ciencias de París, por su trabajo sobre la rotación de un cuerpo alrededor de un punto fijo, problema en el que habían fracasado matemáticos tan notables como Leonardo Euler.

La educación matemática de Sofía recibió una gran influencia de sus padres; ellos le dieron una buena atención al proporcionarle un maestro particular. Su gusto por las matemáticas empezó a muy temprana edad, a los 10 años.

Dominó rápidamente los principios básicos de la aritmética, aprendió a resolver problemas de razonamiento matemático y pronto su maestro Iósif Ignatievich Malevich le permitió estudiar el libro Elementos del álgebra, en dos tomos, del matemático francés Pierre Louis Marie Bourdon, diseñado para un estudio de dos años en la Universidad de París.

Continuó estudiando geometría, planimetría y estereometría. Al darse cuenta de sus habilidades en matemáticas, sus padres contrataron otro maestro particular, un teniente de la flota rusa Aleksander Nikolaevich Strannoliuvskii, reconocido actualmente junto con Iliá Nikoláyevich Uliánov como el pedagogo más influyente en la educación rusa.

Después de graduarse en la sección de matemáticas del departamento de ciencias naturales del Gimnasio Mariinsky, comenzó a asistir secretamente a las conferencias matemáticas. Decidió continuar posteriormente su educación en esta ciencia en el extranjero. Al no encontrar buenos maestros en Viena, se mudó a Heidelberg, ciudad al lado del río Neckar, en el noroeste de Baden-Wurtemberg, Alemania. Con dificultad consiguió que se le permitiera escuchar conferencias de matemáticas y física.

En solo tres semestres asistió a cursos de funciones elípticas del catedrático Kënisberg, alumno del famoso matemático Karl Weierstrass; a conferencias de los mundialmente reconocidos físicos Gustav Robert Kirchhoff y Hermann von Helmholtz; al laboratorio experimental del famoso químico alemán Robert Wilhelm Bunsen.

Después de sus cursos en Kënisberg, viajó a Berlín para recibir clases del propio Weierstrass, pero no pudo ingresar a la Universidad de Berlín, pues en esa época no se permitía el ingreso a mujeres a escuelas superiores; pero gracias a las excelentes recomendaciones de Kënisberg, Weierstrass aceptó impartirle clases particulares.

En 1874, la Universidad de Göttingen le otorgó el grado de doctora por su tesis Hacia la Teoría de Ecuaciones Diferenciales. En 1881 fue electa integrante de la Sociedad Matemática de Moscú. En 1888 ganó el Premio Borden de la Academia de Ciencias de París, al resolver el problema de la rotación de un cuerpo rígido alrededor de un punto fijo.

Su segundo trabajo sobre el mismo tema, en 1889, fue galardonado con el premio de la Academia Sueca de Ciencias y Kovalevskaya fue electa para formar parte del Departamento de Física y Matemáticas de la Academia Rusa de Ciencias.

Los estudios más importantes en los que incursionó están relacionados con la teoría de la rotación de un sólido. Al descubrir que existía un tercer caso de la solución al problema de la rotación de un cuerpo rígido alrededor de un punto fijo, impulsó la solución del problema iniciado por Leonard Euler y Joseph-Louis Lagrange.

Ella probó la existencia de una solución analítica al problema planteado por Cauchy para sistemas de ecuaciones en derivadas parciales. Investigó el problema de Laplace sobre el equilibrio del anillo de Saturno, obteniendo una segunda aproximación. Resolvió el problema de reducir algunas clases de integrales abelianas (en honor al joven matemático noruego Niels Henrik Abel) de tercer rango a integrales elípticas. Hizo contribuciones relevantes al campo de la teoría potencial, física matemática y mecánica celeste.

En uso de la autoridad que ya había adquirido en aquel entonces, con las recomendaciones de Weierstrass y con el nombre de Sonya Kovalevsky accedió a un puesto de profesora en el Departamento de Matemáticas de la Universidad de Estocolmo, con la obligación de dar conferencias el primer año en alemán y el segundo en sueco. Nuestra joven y brillante Sofía murió de gripe y neumonía en Estocolmo en 1891 a los 41 años. Sirva el ejemplo de esta investigadora de talla mundial en las matemáticas para que nuestras jovencitas mexicanas se decidan a estudiar esta bella ciencia.