MOSAICO CULTURAL

Marx y el arte

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Aquiles Lázaro

El cinco de mayo pasado se conmemoró el bicentenario del natalicio de uno de los personajes más influyentes en la sociedad contemporánea: Karl Marx. Filósofo, economista, historiador, activista político, sociólogo, publicista, orador, crítico literario…

La multifacética genialidad de Marx abarcaba con igual agudeza varias de las más imbricadas disciplinas del pensamiento; también incursionó, con menos ahínco y más modesto impacto, en matemáticas, astronomía, estética, ciencias naturales e, incluso, en la creación literaria.

Karl Heinrich Marx nació en Tréveris, actual territorio de Alemania, el cinco de mayo de 1818. Sus tempranas inquietudes de rebeldía –expresadas primero a través del derecho y la filosofía– rápidamente tomaron forma y en su juventud madura lo convirtieron en el genio revolucionario más influyente de Europa.

Como consecuencia de ello fue perseguido, censurado y vituperado por prácticamente todos los gobiernos, liberales o monárquicos. Pese a todo esto, a su exilio, miseria y a las penurias familiares, la teoría marxista –su radical reinterpretación de la sociedad de su tiempo y la del devenir– ha tenido un impacto social que hoy mismo continúa protagonizando algunos de los episodios más dramáticos de nuestra historia.

El interés de Marx por las cuestiones artísticas se manifestó sobre todo en su juventud, a través del enorme atractivo que sintió por la literatura clásica y la alemana. Hay quien afirma incluso que en la más temprana etapa de su desarrollo formativo, los temas estéticos ocuparon el centro de su interés intelectual.

Como estudiante, el joven Marx asistió con gran entusiasmo a conferencias sobre literatura clásica y leyó varios tomos de historia de la literatura, así como materiales de estética; también ensayó modestamente la poesía e hizo apuntes para escribir una pieza teatral y una novela.

Las reflexiones de Marx sobre cuestiones artísticas, que nunca llegó a sistematizar, aparecen esporádicamente en fragmentos dispersos a lo largo de su obra teórica. Sus juicios más abundantes son sobre literatura y aparecen en sus cartas personales, permitiendo una aproximación a su pensamiento estético y sus gustos literarios.

No obstante, el interés general de Marx por el arte es una verdad consensuada entre prácticamente todos sus biógrafos. Muy joven leyó a los clásicos y se hallaba al tanto de las novedades literarias de Alemania y Europa. Ya en su plena madurez intelectual, y en medio de la densidad de sus estudios teóricos, frecuentaba con avidez literatura en alemán, griego, latín, inglés, español, francés, italiano y ruso.

El colosal acervo cultural de Marx incluía a Esquilo y Homero, a Goethe y Schiller, a Cervantes y Calderón, a Virgilio y Ovidio, a Pushkin y Gógol, a Schelling y Heine, a Balzac y Molière, a Shakespeare y Milton, a Dante y Petrarca. Asistía a menudo al teatro y elaboraba con entusiasmo sus juicios sobre las obras en sus cartas.

Menos documentado está su interés por la música. Amigos de la familia Marx registraron su peculiar exaltación ante la tradición musical germánica: Bach, Haydn, Mozart, Beethoven. Se conoce también su reserva ante las óperas de Wagner, entonces en boga entre el público alemán.

Aún menos reportado es su interés por las artes plásticas. Algunos comentarios dispersos sobre la obra de Rafael y el Renacimiento aparecen –enmarcados en pasajes sobre temas económicos– en La ideología alemana.

La sobrehumana capacidad intelectual de Marx no dejó fuera las cuestiones artísticas. El embrión de su genio literario supo manifestarse incluso en sus textos políticos: un agudísimo humor, una crudeza descriptiva abrumadora y sus célebres exhortaciones lapidarias en las que más de un estudioso ha detectado ingredientes poéticos.