CONFERENCIA

Vigencia de Carlos Marx a 200 años de su nacimiento (primera de tres partes)

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Aquiles Córdova Morán

En el bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, el Movimiento Antorchista Nacional organizó un homenaje para reconocer su gran aportación a la lucha de los proletarios del mundo . La explicación que Marx dio de la creciente desigualdad generada por el capitalismo de su tiempo sigue vigente en el siglo XXI gracias al minucioso estudio que el gran científico realizara de este modo de producción.

El dos de mayo, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, considerado uno de los líderes sociales
más importantes de México, poseedor de una impresionante cultura general y de un profundo conocimiento del marxismo, impartió una magistral conferencia en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. En su exposición, el líder del antorchismo nacional hizo énfasis en las aportaciones de Carlos Marx a la economía con el propósito de explicar cómo el sistema capitalista ha provocado en nuestro país y en el mundo el crecimiento exponencial de la riqueza en unas cuantas manos y la pobreza generalizada en gran parte de los conglomerados nacionales.

Hoy ponemos en manos de nuestros lectores el texto de esta valiosa exposición.
Como ya lo dijeron los maestros de ceremonias, hoy nos hemos reunido para recordar los 200 años del nacimiento de Carlos Marx. Es posible que haya quien piense que nosotros no sabemos en qué país y en qué momento político de ese país estamos viviendo, porque en vez de estar metidos en la parafernalia de las elecciones, de los candidatos, de la encuestas y demás, estamos aquí reunidos para hablar de algo aparentemente muy alejado de esa problemática.

Antorcha está plenamente inmersa en el México de hoy; también está completamente sumergida en los problemas electorales que estamos viviendo, tiene una posición definida y tiene un trabajo cotidiano que tratamos de sacar adelante de acuerdo con nuestra visión del país, de lo que éste necesita; a pesar de eso nos vimos obligados a hacer esta pequeña pausa, este pequeño paréntesis para recordar a uno de los hombres más grandes que ha producido la humanidad: Carlos Enrique Marx.

Esto es así porque la aparición de la gran obra de Marx, el primer tomo de El Capital, en 1867, tiene mucho que ver con esa realidad, con la historia de México y del mundo y, por lo tanto, hablar de Marx en este momento y en este país no es andar descubriendo reliquias antiguas, desempolvando ídolos que ya no tienen nada que ver con nosotros o rumiando ideas que han perdido todo interés, toda verdadera efectividad para orientar el destino de los pueblos.

Hablamos de un hombre que ha estado, que está y que estará vivo en las realidades del mundo entero por muchos años más; por eso es que a pesar de todo el trabajo que en estos días tenemos, para nosotros era obligado hacer el esfuerzo y reunirnos el día de hoy para conmemorar 200 años del nacimiento de Carlos Marx.

Pido a todos ustedes, compañeros, su comprensión y sobre todo su benevolencia, su bondad para con este viejo conferenciante; porque me hago cargo de ello, vamos a hablar de cosas un poco difíciles, un poco complejas para las que algunos de nosotros no estamos del todo preparados; y no por culpa nuestra, sino porque en este país y en estos tiempos, el pueblo no recibe una educación adecuada de quienes deberían orientarlo, enseñarle a pensar las cosas con más profundidad, con más rigor; en cambio, la gente recibe todos los días una cantidad de trivialidades, de ideas vulgares, superficiales, de supuestas actividades divertidas que tienen el propósito clarísimo de impedir que reflexione en torno a los problemas más complicados de la vida, de convertirlo en un instrumento fácil de manejar para quienes se aprovechan de la situación que viven México y el mundo entero.

Aunque yo voy a tratar de hacerlo lo más sencillo, lo más claro posible, es muy difícil hablar de cosas abstrusas, es decir, difíciles de captar hablando o tratándose de Marx y de su teoría, del marxismo, por eso les pido su comprensión.

Aunque estoy seguro de que muchas cosas no van a ser captadas por algunos de ustedes a profundidad, sé que el escucharlas, al tratar de entenderlas, éstas van a dejar en ustedes una huella psíquica profunda, seria, que se irá ahondando con el tiempo a medida que avance nuestra organización, a medida que el contacto de ustedes y el activismo antorchista se haga más frecuente, más íntimo, a medida que el estudio masivo que acostumbramos hacer vaya avanzando con el tiempo y al final, quizás, en un momento más oportuno que el actual, esta conferencia y este acercamiento al pensamiento de Marx va a dar sus frutos en todos ustedes, tengo esa convicción.

Escuchar verdades, aunque no se las comprenda en toda su profundidad, con todo detalle, siempre hará evolucionar positivamente el cerebro y la sensibilidad de la gente; estoy convencido de eso y con este convencimiento es que me voy a lanzar a hablar de este complicado tema.

Finalmente, quiero pedirles una disculpa anticipada por las cosas que voy a tener que dejar fuera y por la apretada síntesis que voy a hacer de otras, síntesis que las puede volver más complejas todavía, más difíciles, por los olvidos que yo pueda tener porque, ciertamente, hablar de Marx y de su obra requeriría, cuando menos, un año entero si quisiéramos acercarnos con más detalle a esa problemática; pero eso no está en nuestras manos hacerlo.

Dicho esto, abordaré el tema que nos tiene hoy, aquí, reunidos. Carlos Marx nació en la ciudad de Tréveris (hoy Trier) en la Prusia renana (renana por ubicarse a la orilla del río Rin); Marx nació el cinco de mayo de 1818 a orillas del río Mosela, afluente del Rin, en el Valle de Mosela.

En aquel tiempo, Tréveris, era una ciudad pequeña, no la ciudad grande, moderna, que es hoy. Su vida no es difícil de narrar, no es la biografía de Marx lo difícil, sino su creación científica, su pensamiento científico, eso es lo difícil. Marx no participó ni en grandes aventuras revolucionarias ni en grandes movimientos de masas ni creó grandes instituciones o procesos cuyo relato o descripción exija mucho tiempo.

En realidad, podríamos decir que él fue básicamente un estudioso de los problemas sociales que ya entonces apuntaban claramente en el horizonte de la humanidad; y aunque siempre se mantuvo íntimamente relacionado con el movimiento, con la lucha de los pueblos, con la lucha de los trabajadores de aquella época, el mismo desarrollo del movimiento era apenas el principio de la lucha de la clase obrera; estamos hablando de 1818, incluso Marx todavía no podía tener a la vista las grandes masas obreras de su patria, Alemania, de la zona en donde él nació, en la Prusia renana, porque se trata de un proceso que apenas estaba naciendo; parte de su genialidad radica precisamente en eso, en haber visto el fenómeno que nacía como un fenómeno que se convertiría en el eje de la vida de los países del mundo en un futuro que, de alguna manera, él alcanzó a ver.

Por esta situación particular, por la época y el lugar en que nació, Marx sí tuvo relación con las masas, intervino en la lucha emancipadora de los trabajadores, pero no vivió directamente grandes acontecimientos históricos como dirigente o como protagonista. Su tarea principal fue desentrañar, estudiar los fenómenos, apreciarlos con su mirada de águila y ponerlo todo por escrito dejándonoslo como una herencia invaluable para orientar la lucha de los pobres del mundo.

Marx era hijo de una familia judía, una familia de rabinos, es decir de sacerdotes judíos; pero su padre, que también era un hombre fuera de serie y no quería vivir una vida de paria (como la que tenían entonces los judíos en Alemania), prefirió convertirse al luteranismo (el cristianismo de entonces) y cambiar su nombre y apellido para tomar uno que no revelara su origen judío; el padre de Carlos, que había decidido llamarse Heinrich Marx, lo manda a la universidad, primero a la Universidad de Bonn; pero Marx era joven y le gustaba salir de paseo, reunirse con amigos que lo distraían entre una y otra clase; entonces el padre hace todo lo posible para sacarlo de ese ambiente que consideraba poco favorable y lo manda a la Universidad de Berlín, que entonces era más rigurosa.

Marx se traslada a la Universidad de Berlín en 1836, a los 18 años más o menos, y es ahí donde termina sus estudios de abogado. Esto lo quiero recalcar porque él llegó a la Universidad de Berlín, donde había dado clases Hegel, uno de los hombres que mayor influencia tendría en la doctrina de Marx. Hegel había sido maestro en la Universidad de Berlín y había muerto en 1831, cinco años antes.

Cuando Marx llegó a Berlín, la herencia de Hegel estaba muy viva y la lucha entre los llamados hegelianos de izquierda y hegelianos de derecha estaba en plena efervescencia. Marx formó parte de los hegelianos de izquierda, junto con los hermanos Bauer, Arnold Ruge y otros discípulos o seguidores de Hegel; aquí es donde comienza la evolución política, filosófica, de Carlos Marx.

Él estudiaba leyes, de hecho termina su carrera de abogado; pero su gran capacidad le permitió al mismo tiempo ahondar, y mucho, en la doctrina de Hegel, que no era ni es una doctrina sencilla, no es muy fácil entender y asimilar a profundidad el pensamiento de Hegel; y aquí lo curioso es que Marx, entre todos los hegelianos, fue el que más profundizó, el que mejor entendió y el que mejor se orientó dentro de ese marco, de un pensamiento muy denso, muy oscuro, expuesto en un lenguaje también muy difícil, de tal manera que pudo sacarle un provecho grande que describiré un poco más adelante. Se convierte en un discípulo de Hegel y éste marca, en buena medida, el pensamiento filosófico de Marx.

Terminados sus estudios, Marx no cree posible graduarse en la Universidad de Berlín, porque el gobierno alemán, que era una monarquía muy reaccionaria, no toleraba ni siquiera el pensamiento de Hegel, que propiamente hablando no era un revolucionario pero cuyo pensamiento, de alguna manera, resultaba inconveniente para los intereses de quienes dominaban entonces en Alemania.

Al morir Hegel, el gobierno trató de erradicar su herencia filosófica; para ello contrató a Schering, que había sido compañero de Hegel cuando ambos estudiaban en la Universidad de Turingia; Schering desató una guerra abierta contra su antiguo condiscípulo desarrollando una filosofía nueva que era, básicamente, un combate a la dialéctica hegeliana.

Marx, como hegeliano de izquierda, sabía que si su tesis caía en manos de Schering no se iba a poder graduar, no le iban a dar el título; por eso optó por mandar su tesis a la Universidad de Jena, que es donde finalmente se graduó, el 15 de abril de 1841. Tras presentar su tesis, fue sometido a un examen muy breve, porque la tesis ya lo decía todo, y en esa fecha recibió su título de Doctor; se convirtió en Her Dr. Karl Marx, de la Universidad de Jena.

Con su título de abogado, Marx inicia su vida adulta, su vida independiente. Se convierte en Director de la Gaceta renana, un periódico del Rin que se publicaba en la ciudad de Colonia, que era y es la capital de la Renania alemana, ciudad con un gran desarrollo industrial y económico; en aquella época era una ciudad rica, había cultura, actividad intelectual, y eso permitía la existencia de un periódico más o menos grande, con cierta calidad, de publicación diaria y que tenía suficientes lectores.

Marx se convierte en redactor de la Gaceta renana y más adelante en Director; desde ahí empieza a defender a los campesinos del Valle del Mosela, que eran básicamente sembradores de vid, producían uva y con ello alimentaban a la industria vitivinícola de la zona.

Marx se dio cuenta de la gran pobreza que padecían los cultivadores de vid; en ese tiempo tuvo lugar un acto de injusticia contra estos campesinos: les prohibieron recoger las ramas secas de los bosques, que eran propiedad de los señores, de los ricos de la zona; era un derecho ancestral, tradicional, que la gente pudiera juntar las ramas secas que se caían para hacer fuego en su casa; estamos hablando de una zona en la que el invierno es muy crudo.

Pero los señores, los dueños de los bosques, de pronto prohibieron a  los campesinos entrar, empezaron acusarlos de robarles la leña, la madera, y decretaron que los campesinos que recogieran ramas secas cometían el delito de robo agravado, y que éste debería castigarse con varios años de cárcel por tratarse de un grave acto de robo.

Algunos diputados que defendían la medida decían: “el robo de leña es cada vez más intensivo, cada vez nuestros bosques son depredados, son talados por los ladrones de leña y eso es porque no se ha calificado la recolección de ramas secas como robo; y como no se está calificando como robo, entonces por eso es que se comete el delito. Califiquémoslo como robo, castiguemos duramente a los ladrones para acabar con el robo de leña”.

La medida le quitaba a los campesinos la posibilidad de calentarse en sus casas durante un invierno muy crudo; entonces Marx se burló del argumento: “es como si dijéramos que como las bofetadas no se califican como asesinato, todo mundo se abofetea a cada rato, porque la bofetada no está penada como asesinato.

Entonces digamos que una bofetada es un asesinato, castiguemos como asesino al que abofetea a otro y metámoslo a la cárcel como asesino.” Marx se burlaba así de estos diputados; ése es un ejemplo de lo que hacía el periódico de Marx; por eso empezó a ser mal visto por las clases ricas.

Finalmente, la gota que derramó el vaso fue una crítica publicada en la Gaceta Renana contra el zar ruso, que mantenía muy buenas relaciones con el gobierno alemán; el zar protestó ante el gobierno alemán, éste ordenó clausurar el periódico y Marx se quedó sin trabajo.

Marx dirigió la Gaceta Renana durante una parte de 1842 y su expulsión vino a darse en febrero de 1843; para esa época, su amigo Ruge ya estaba en Francia y mantenía correspondencia con él; Ruge lo invitó a Francia y Marx se interesó en el proyecto de fundar ahí una revista, que vería la luz bajo el nombre de Anales franco-alemanes.

Marx accede a irse a Francia a condición de llevar consigo a su novia, una muchacha de Tréveris, también; pero a diferencia de él, ella pertenecía a las clases altas. Su padre era el barón Westphalen y ella se llamaba Jenny. Se dice que era una mujer bellísima, la mujer más bella de Tréveris; muchos años después, él se lo cuenta a su mujer por carta y le dice: “me sentí muy orgulloso porque todo mundo me preguntaba que qué era de la princesa de Tréveris, de la muñeca más linda que había tenido Tréveris”.

Jenny fue su novia durante muchos años; la familia de Marx no veía con buenos ojos la relación, pero curiosamente, el padre de ella era un hombre de pensamiento más liberal que el del padre de Marx y no solamente aceptó la relación con su hija, sino que se hizo muy buen amigo de Marx, quien llegó a tener una mejor relación con su suegro que con su propio padre.

Marx y Jenny de Westphalen se casaron en junio de 1843; su suegro, el padre de Jenny, había muerto ya; pasaron algunos meses de luna de miel con su suegra, la baronesa Amalia, que también era una mujer muy buena y después de concluida la luna de miel se fueron a Francia.
Estando de luna de miel, Marx comienzó a escribir dos de sus trabajos más antiguos.

Tengo la intención de que quede claro qué fue lo que publicó Marx; él fue un hombre que publicó muy poco en vida, y parte de lo que publicó data de esta época temprana; básicamente se trata de dos ensayos que hoy son muy famosos: Sobre la cuestión judía (hay que recordar que él era judío) y Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, su maestro.

Con estos escritos se va a Francia, llega ahí a principios de 1844 y empieza a trabajar con Arnold Ruge en un número de los Anales franco-alemanes; pero rápidamente comienza a discrepar con él porque Marx era cada vez más radical, cada vez más de izquierda (como diríamos ahora), cada vez se orientaba más hacia las clases populares y hacia la lucha de éstas, tanto en su conducta diaria como en su pensamiento y en sus escritos, mientras que Ruge, quien además se sentía obligado a cuidar el prestigio de la revista, era un timorato, se escandalizaba de lo irreverente y agresivo de los artículos de Marx; y solamente aparece el primer número, donde se publicaron Sobre la cuestión judía y la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel.

Marx se queda sin trabajo, pero sigue viviendo en Francia. Engels ya lo había visitado antes, cuando era director de la Gaceta Renana, pero su visita fue muy breve; cuando ambos se encuentran en París e intercambian puntos de vista, Engels ya había publicado su artículo La situación de la clase obrera en Inglaterra, que había impresionado mucho a Marx, y un ensayo de crítica de la economía política; y Marx siente que existe similitud entre sus planteamientos.

Engels lo visita en París y ambos se ponen de acuerdo para trabajar juntos. Allí escriben  La Sagrada Familia, obra poco estudiada, entre otras cosas por la dificultad que representa; este libro está dirigido, precisamente, contra varios intelectuales que habían sido amigos de Marx, los famosos hegelianos de izquierda, que publicaban muchas cosas con las que Marx no coincidía; para rebatirlos, Marx y Engels escriben La Sagrada Familia, que aparece publicada por alguna editorial de aquella época.

Marx intenta poner en claro su propio pensamiento filosófico y poco después redacta las famosas Once tesis sobre Feuerbach. Ya sin los Anales franco-alemanes, Marx comienza a colaborar en un periódico más revolucionario que impulsaban los exiliados alemanes en París, el Vorwarts, y ahí empieza a publicar críticas al gobierno alemán. Entonces, el gobierno alemán protesta ante el gobierno francés por los ataques de Marx y éste es expulsado de Francia.

Solamente el gobierno de Leopoldo I de Bélgica le da asilo a Carlos Marx. Es el mismo Leopoldo I de Bélgica que tuvo una hija llamada Carlota de Bélgica, que luego fue esposa de Maximiliano y vino a ser emperatriz de México. El padre de Carlota era emperador de Bélgica y es el que le dio asilo a Carlos Marx, quien se trasladó con su mujer a Bélgica y vivió ahí desde 1845 hasta principios de 1848.

En este tiempo, junto a Engels, escribió una obra que ellos consideraban muy importante para deslindarse de su propio pasado, de los hegelianos de izquierda, para deslindarse también de Feuerbach (que había sido maestro de ellos) y para deslindarse de las corrientes de la ideología alemana.

Este libro se llama La ideología alemana, es una obra muy extensa; el mismo Marx cuenta que cuando él y Engels lo terminaron de escribir, no encontrando quién lo editara, se lo encomendaron a la roedora crítica de los ratones y, en efecto, esta voluminosa obra, que les tomó tanto tiempo redactar, no vio la luz sino muchos años después, cuando ya Marx y Engels habían muerto.

Estando en Bélgica Marx redacta Miseria de la filosofía, en respuesta a un teórico socialista francés, Pierre Joseph Proudhon, que había escrito un libro titulado Filosofía de la miseria; Marx, irónicamente, en son de burla, tituló al suyo Miseria de la filosofía, para contradecir a Proudhon. Esto ocurría en 1847.

La ideología alemana fue escrita en el invierno de 1845 a 1846; la Miseria de la filosofía se publicó en 1847; en el mismo periodo, Marx dictó algunas conferencias, también muy conocidas porque se editaron en forma de folleto: Trabajo asalariado y capital, de 1847, es una de ellas.

Para estas fechas, él ya había entrado en relación con un grupo de revolucionarios alemanes, exiliados en Bélgica, Francia, Inglaterra y otros países, y que formaban la Liga de los Justos; luego, bajo la influencia de Engels, esta liga se convirtió en la Liga Comunista; Marx y Engels se hacen miembros de la Liga Comunista, cuya dirección principal estaba en Inglaterra y se convierten en una sucursal de la Liga Comunista en Holanda.

Como miembro de la Liga Comunista, Marx recibe el encargo de redactar la declaración de principios, una especie de credo de los comunistas; esto ya lo había intentado Engels, que es el primero que se integra a la Liga Comunista y hace una especie de decálogo (está publicado; si alguno desea conocerlo, puede encontrarlo en las obras de Engels); pero evidentemente, Marx no quedó satisfecho con eso, contraargumentó y a final de cuentas, en un congreso de la Liga, celebrado en Londres, Inglaterra, a fines de 1847, los comisionan a él y a Engels para redactar el manifiesto, la declaración de principios –se diría ahora– de la Liga; y es así como Marx y Engels redactan el Manifiesto del Partido Comunista, una de las obras que ha tenido mayor influencia a lo largo de toda la historia del mundo a partir de la fecha en que aparece.

Se dice que Marx se atrasó muchísimo porque se metía en muchas otras broncas, atendía a los obreros alemanes exiliados en Bélgica y tenía problemas familiares porque no tenía ingresos. En Holanda completa toda su familia, porque él tiene tres hijas y un hijo y todos ellos nacieron en el exilio en Bélgica. Marx tenía problemas económicos y eso hizo que se tardara en escribir el Manifiesto, hasta que la gente de la Liga dijo:

“Díganle a Marx que si no nos va a entregar el documento que le encomendamos nos regrese los materiales y que, además, se considere expulsado de la Liga”; y entonces, presionado, se dice que prácticamente en pocas semanas, algunos dicen que en una noche de insomnio, Marx redactó el Manifiesto del Partido Comunista.

Este Manifiesto no es una obra muy voluminosa, es un folleto relativamente de pocas páginas; pero es una de las expresiones más altas, tanto del genio literario como del genio político, filosófico, económico, histórico, de Marx; es un resumen apretadísimo de un mundo de saber que nadie sospechaba que un hombre como Marx pudiera reunir y, además, sintetizar en ese Manifiesto.

Estamos hablando de finales de 1847. Marx tenía 29 años, era un joven, era un muchacho y, a pesar de eso, dio a luz esta obra maestra que se dice que es una de las obras de doctrina, de filosofía, de política, que han tenido más influencia en el pensamiento del mundo, en la política del mundo e incluso que es un sorprendente fenómeno editorial; hace poco, un biógrafo de Marx se admiraba de que en una librería de Inglaterra hubiera no menos de cinco ediciones distintas del Manifiesto de Marx.  Por decirlo de alguna manera, este Manifiesto es una verdadera maravilla, ésta es una de las grandes obras que Marx publicó en vida.