PULSO LEGISLATIVO

Los Congresos, como paradas de paso

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Álvaro Ramírez Velasco

La proporción de los diputados federales y locales que solicitaron licencia para buscar un nuevo cargo de elección en julio próximo osciló entre el 29 y poco más del 50 por ciento, cifras sin precedentes en la historia política del país.
Nunca antes se había dado tal cantidad de licencias en integrantes del Poder Legislativo y ello se debe a que este año se organizarán las elecciones concurrentes más grandes de la historia y a que habrá reelección en cargos legislativos y municipales.

El próximo 1º de julio estarán en juego 18 mil 311 cargos de elección popular. De ellos, 629 serán federales (Presidente, 500 diputados y 128 senadores) y 17 mil 682 locales. Además, habrá comicios para elegir gubernaturas en los estados de Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

El boquete que los así llamados chapulines dejaron en el Palacio Legislativo de San Lázaro, sede de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, equivale al 29 por ciento, aunque, por supuesto, quedaron sus suplentes. Es decir, casi uno de cada tres de los 500 diputados federales que llegaron a su curul el 1º de septiembre de 2015 dejó su cargo.

En suma, fueron 144 los legisladores que en definitiva se fueron a buscar otros cargos, algunos para gobernador y otros para senadores, alcaldes o diputados locales. A lo largo de esta LXIII Legislatura, por éstos y otros motivos, hubo en total 189 licencias y solo regresaron 45.

El ejemplo más dramático, pero que puede ser justificable, es el ocurrido en Sinaloa, donde más de la mitad, 26 de 40 diputados, dejaron su curul para ir en pos de otro puesto, aunque en muchos de esos casos también lo hicieron para competir en el proceso que posibilite su reelección, que en esa entidad ya surtirá efecto a partir del 1º de julio.
En Puebla, donde el Legislativo está conformado por 41 diputados locales, apenas se han mantenido en sus curules 15 a lo largo de la LIX Legislatura, cuya representación terminará en septiembre.

Algunos de estos poblanos han ido y venido a posiciones de gobierno del estado o partidistas, por lo que sus licencias fueron temporales, aunque 26 sí se ausentaron definitivamente para ir a la competencia electoral de este año.
Los ejemplos y las cuentas siguen en Guerrero, Estado de México, Jalisco, Guanajuato y un extenso  etcétera.

Sin caer en el puritanismo, nada debería asustarnos que los políticos busquen un ascenso en sus carreras y que, en la coyuntura electoral, especialmente en la súper elección del domingo 1º de julio, vayan en pos de otro cargo.

El verdadero diagnóstico para llamarlos chapulines o descalificarlos debería estar en la evaluación del trabajo que hayan realizado en el cargo que dejan. Así como cualquier ciudadano busca progresar laboralmente, los políticos también pueden hacerlo y la Constitución lo avala y se los permite.

Sin embargo, hay que reconocer que en la mayoría de los casos se trata de personajes, hombres y mujeres, que poco o nada aportaron a sus electores, a sus estados y a sus legislaturas, y que utilizaron su ejercicio legislativo como un escalón más o una parada de paso.

Ahí es cuando tienen más que merecida la descalificación y los adjetivos negativos. Sin embargo, habrá que preguntarnos como ciudadanos si tenemos la capacidad de hacer ese diagnóstico sobre el trabajo de nuestros representantes. ¿Sabe usted quién es su diputado local y/o federal?

Bueno, ¿al menos es usted consciente de en qué distritos local y federal vive? Ahí quedan las preguntas.