REPORTAJE HIDALGO

La reconstrucción que no llega a municipios mexiquenses

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Emanuel Arrieta

Los municipios mexiquenses más afectados por el sismo del pasado 19 de septiembre –Joquicingo, Tenango del Valle y Ocuilan– continúan sin recibir las obras de reconstrucción que el presidente Enrique Peña Nieto y el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza, prometieron dos días después durante el recorrido que hicieron en el área del desastre.

A seis meses de la tragedia, los miles de afectados por el movimiento telúrico viven en la miseria, entre los escombros de las casas derrumbadas y en espera del cumplimiento de esas promesas, que supusieron de ejecución rápida. La única actividad en ese sentido se realizó el 21 de septiembre, cuando la alcaldesa de Joquicingo, Alma Delia Palleres, ordenó limpiar el escombro a fin de que éste “no diera mal aspecto” al paso de Peña Nieto y de Del Mazo Maza.

En ese municipio resultaron destruidas al menos 400 viviendas y varias escuelas sufrieron afectaciones severas. La secundaria Filiberto Navas Valdez perdió ocho de sus aulas y la directora de la institución, Lluvia Benítez Cruz, dijo a buzos que hasta el momento no se registran avances en la reconstrucción porque supuestamente se está dando prioridad a otras instituciones. Pero de éstas se dice lo mismo.

Los integrantes de la Sociedad de Padres de Familia de la primaria Alfredo V. Bonfil, en la comunidad de San Francisco Tepexoxuca, tienen la misma preocupación; la mayoría de las 13 aulas derribadas por el sismo continúan sin trabajos de reconstrucción. Domingo Téllez Flores y Armando Garfias, integrantes del Comité de Pares, coincidieron en que el panorama de devastación en esa comunidad es casi el mismo que el pasado 19 de septiembre.

Las autoridades municipales iniciaron la reconstrucción de tres aulas, habilitaron dos provisionales y decenas de niños han sido canalizados hacia otras instituciones.

Lidia Nazario, vecina de Joquicingo, afirma que los damnificados de este municipio viven en las mismas circunstancias que el día en que perdieron sus viviendas, con la incertidumbre generada por desconocer si finalmente van a ayudarlos o no.

En su caso, explicó, el hecho de que su casa solo se cuarteara y sufriera el desprendimiento de las paredes, la hizo merecer un apoyo parcial por parte del gobierno estatal, que consistió en cinco bultos de cemento y un par de botes de pintura. Pero en los casos de pérdida total, los apoyos también han sido “parciales y los afectados no saben si van a recibir el apoyo necesario para la reconstrucción integral de sus casas”.

Los tres municipios mexiquenses más afectados se ubican en el sureste de la entidad, en la parte más cercana al epicentro del sismo, ocurrido en territorio del estado de Morelos. Este sismo provocó la muerte de 13 personas, varios heridos y más de 600 casas derrumbadas o en estado inhabitable. Perolos datos oficiales no coinciden con los testimonios de la población afectada.

Don Juan Miguel Téllez López, habitante de Joquicingo, dijo en entrevista con buzos que de acuerdo con datos de la delegación en el Estado de México de la Secretaría de Desarrollo Urbano Territorial y Urbano (Sedatu), únicamente existen 220 casas dañadas y en Tenango del Valle ninguna, cuando en realidad los vecinos reportan más de 450 viviendas con afectaciones en estos dos municipios.

Como en gran parte de las entidades afectadas por los sismos del siete y del 19 de septiembre, en estos municipios miles de personas se organizaron en brigadas para volcarse a ayudar a los afectados. Días después se reunieron toneladas de alimentos, ropa, medicinas, casas de campaña, materiales para construcción y ayuda humanitaria a fin de apoyar a los damnificados.

En los tres municipios mexiquenses, esas labores, apuntaladas por el Ejército y la policía estatal, incluyeron el retiro de escombros en los dos días posteriores al sismo del 19 de septiembre, y el arribo de apoyos externos también terminó muy pronto. Por ello, el ambiente que hoy rodea a estas demarcaciones es desolador, aunque vecinos y algunos voluntarios se reúnen constantemente para continuar los trabajos.

En las instancias gubernamentales de la entidad se dice a los damnificados que no hay recursos, aunque el 29 de septiembre de 2017, en la Gaceta Oficial del Estado de México se haya emitido la declaratoria de emergencia para los 125 municipios con el fin de que el gobierno estatal pudiera disponer de recursos del Fondo para la Atención de Desastres y Siniestros Ambientales o Antropogénicos (FADSAA) de la entidad, cuya partida asciende a 222 millones de pesos.

Además, a este monto deben agregarse los 973 millones de pesos que el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) destinó al Estado de México. Con estos recursos federales se repartieron en la entidad seis mil 600 tarjetas para la reconstrucción, dos mil 700 para apoyar a personas con pérdida total de sus viviendas y tres mil 300 para quienes reportaron afectaciones parciales y pueden disponer de dinero en efectivo hasta por 120 mil pesos.

El Congreso local, por su parte, donó 10.5 millones de pesos para la reconstrucción en los municipios de Joquicingo y Ocuilan específicamente, y en el mes de noviembre aprobó una iniciativa de decreto para autorizar al gobierno del estado la contratación de un financiamiento por un monto de dos mil 800 millones de pesos. Con esto, la deuda pública de la entidad rebasa los 40 mil millones de pesos.

Pese a la existencia de estos fondos, los damnificados de los tres municipios con mayores problemas de sobrevivencia siguen sin recibir la ayuda y, como si trataran de burlarse de ellos, a algunos solo se les han entregado unos bultos de cemento, que “no alcanzan siquiera para reconstruir un pedazo de banqueta”. 

En Joquicingo las únicas viviendas que sufrieron colapso integral han sido puestas de pie con recursos de sus propietarios, con apoyos de familiares e incluso de asociaciones no gubernamentales (ONG) –entre ellas Sanando Alas– toda vez que si se hubieran atenido a las promesas gubernamentales estarían en la misma situación de los demás afectados.

Ni para una pared
El Gobierno Federal apoyó solo con 10 bultos de cemento y siete varillas para los casos de pérdida total de vivienda y para las afectaciones parciales con cinco bultos de cementos y un bote de pintura.

“Esto ocurrió en el mejor de los casos”, señalaron algunos habitantes de Joquicingo, porque en otros municipios lo único que hizo el Fonden fue levantar un censo de viviendas dañadas y los funcionarios públicos tanto del Gobierno Federal como del estatal jamás volvieron a poner un pie en esas comunidades después de entregar algunas tarjetas.

“En Ocuilán, Tenango del Valle, Malinalco y Villa Guerrero, cientos de personas fueron censadas, pero faltan de recibir tarjetas de apoyo”, dijo a este semanario Susana García, habitante de Villa Guerrero.

Las familias más necesitadas de Ocuilan, Tenancingo y Tenango son las que más necesitan los apoyos, mientras que en Joquicingo la ayuda “llega a cuenta gotas” y de muchos otros lados “lo poco que se ha entregado es casi una burla, porque dicen que no alcanza ni para una pared de su vivienda”.

En Joquicingo, como en otros municipios de la región, la situación de pobreza es tan grave que afecta al 65.04 por ciento de su población, mientras que la pobreza extrema alcanza el 13.58 por ciento, según datos recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

El 60 por ciento de la población, integrada por 13 mil personas se dedica al campo, de acuerdo con la Gaceta de Gobierno Municipal, mientras que un elevado número de jóvenes –aún no cuantificado con exactitud– emigra en busca de trabajo hacia otras regiones del estado o del país.

Por ello se considera que será muy difícil que los miles de afectados de la región oriental puedan reconstruir sus viviendas por propia cuenta sin el apoyo de los tres niveles de gobierno.