EDITORIAL

Transporte urbano, desigualdad y anarquía

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Buzos de la Noticia

La falta de un transporte colectivo para una población de decenas de millones de ciudadanos en la Zona Metropolitana del Valle de México (hoy denominada Megalópolis), provoca el congestionamiento del tráfico, impide la movilidad eficiente, cómoda y rápida de los sectores productivo y de servicios y repercute negativamente en todos los aspectos del funcionamiento social; este problema comenzó a agudizarse desde mediados del siglo pasado hasta llegar a la crisis que en el presente afecta principalmente a las clases mayoritarias, las de menores recursos económicos, cuyo número rebasa ya la cifra de 30 millones de habitantes.

Desde hace décadas, todos los gobiernos en turno han intentado solucionar el problema o al menos mitigar sus efectos con medidas que muy pronto resultaron insuficientes o erróneas, siempre incapaces de resolverlo.

La política urbana de los gobiernos capitalinos del último medio siglo nunca ha tenido como prioridad atender las necesidades de la mayoría de la población; las medidas aplicadas jamás privilegiaron la movilidad masiva, el transporte colectivo, frente a la necesidad de los particulares de un reducido sector capaz de adquirir vehículos individuales, automóviles que transportan una o dos personas, tipo de transportación que ya representa cerca de seis millones de unidades, causantes de un terrible congestionamiento; en un par de años no habrá medidas que puedan mejorar la movilidad de la población capitalina.

Esta política se encuentra fuertemente ligada a la ley esencial del capitalismo: la anarquía de la producción. No existe producción planificada y tampoco planeación urbana; el crecimiento de la población es anárquico, su afluencia de las zonas menos desarrolladas y sin empleo hacia la gran ciudad es incontrolable y solamente se atiende la necesidad de los grupos que poseen transporte particular mediante obras viales y no a las mayorías que carecen de recursos pero requieren transporte colectivo; además, se comunica mediante obras viales, como grandes avenidas, puentes, segundos pisos etc., a las zonas residenciales menos pobladas y no a las zonas proletarias donde viven hacinadas cientos de miles de familias; la anarquía de la producción se traduce en una política urbana anárquica y desigual.

La desigualdad está en el fondo de la anarquía de la producción, es su causa profunda y explica la ineficiencia en la atención de las necesidades de servicios para la población, como el transporte. Las zonas urbanas gigantescas son infiernos.

El transporte y la movilidad están en crisis; los estadistas no encuentran el remedio y los dueños del capital aprovechan la situación para engordar sus bolsillos; la crisis del transporte los favorece; el número de consumidores de automóviles ha crecido y también los contratos para las obras. La anarquía sigue su curso y genera una más profunda desigualdad social. De estos problemas y de la ineficacia de las políticas aplicadas para resolverlos habla nuestro reporte especial de esta semana.