CLIONAUTAS

Putin y el gasto militar de Rusia

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Anaximandro Pérez

Los medios de comunicación occidentales montaron un gran escándalo por la presentación que el presidente ruso Vladimir Putin hizo de un armamento de excepción durante su discurso anual del pasado 1º de marzo. Si en principio las innovaciones militares son solo un elemento más de la edulcorada disputa por el supuesto control del planeta entre Rusia y el “mundo libre” que encabeza Estados Unidos (EE. UU.), la actitud de Putin puede asimilarse únicamente como una respuesta a la voracidad estadounidense en este rubro.

Las gráficas de los gastos en materia militar de buena parte de los países del mundo entre 1960 y 2016 (datos del Banco Mundial), permiten apreciar que en ese periodo de casi 60 años hubo una tendencia general descendente. Es posible que esta propensión pueda explicarse con la distensión registrada en las relaciones entre la Unión Soviética y los países capitalistas después de la Guerra Fría y el triunfo de los estadounidenses.

En efecto, hubo un descenso pronunciado en los porcentajes del producto interno bruto (PIB) invertidos en los gastos de defensa en la década de los 80, al tiempo en que Mijaíl Gorbachov comenzó a ceder a los embates del capitalismo occidental contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La política del socialismo real terminó en 1991. Boris Yeltsin ascendió a la presidencia de la República Soviética de Rusia y, aunado a los representantes de Bielorrusia y Ucrania, disolvió la URSS para crear la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Curiosamente, fue en el periodo gobernado por Yeltsin (1991-1999) –es decir, cuando ya no existía la amenaza comunista– cuando los estadounidenses buscaron afianzar su dominio sobre el petróleo árabe con la Guerra del Golfo y, mediante el uso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), metieron las narices en la Guerra de los Balcanes para desmembrar a Yugoslavia.

Durante la década de Yeltsin, mientras EE. UU. se convertía en amo casi absoluto del mundo, el porcentaje del PIB invertido por la Federación de Rusia en su defensa fue en franco descenso: del 4.8 por ciento en 1991-1992 pasó al 2.9 por ciento en 1999. Rusia ya estaba prácticamente en el platillo que devorarían los estadounidenses cuando Vladimir Putin subió al poder y la tierra de Lenin volvió a levantar la cabeza contra los opresores del mundo.

Posiblemente este hombre no fue el iniciador de un nuevo ascenso en el gasto militar de Rusia; sin embargo, de 1999, año en que ocupó interinamente la presidencia tras la renuncia de Yeltsin, hasta hoy, el porcentaje PIB destinado a la defensa no ha bajado de 3.3.

En 2016, en clara respuesta a las crecientes amenazas y restricciones abusivas de los países de Occidente, el Estado ruso elevó sus inversiones en este rubro hasta alcanzar casi el 5.4 por ciento del PIB, lo que significa la impresionante cifra de 69 mil 245 millones de dólares. Y aunque este número rebasa a duras penas el 10 por ciento de lo que los estadounidenses invierten en defensa (611 mil 186 millones de dólares), la renovación y el mejoramiento de los arsenales nucleares de Rusia ponen en jaque al armamentismo del imperialismo estadounidense.

En estos días de triunfo de los rusos en Siria, de la arrasadora victoria de Putin en las elecciones presidenciales de su país y del imparable ascenso de la economía aliada de Rusia, la República Popular China, el presidente de la exrepública soviética muestra al mundo que su país se reafirma frente a la voracidad estadounidense; le dice que permanece como la mayor potencia nuclear y le advierte  que “el creciente poderío militar de Rusia es una firme garantía de la paz en nuestro planeta” (RT, 1-03-18), pues permite mantener el equilibrio entre las naciones; o, lo que es lo mismo: las armas rusas son el bozal de las armas estadounidenses.