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El Petro y las monedas virtuales

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Arnilfo Alberto

Un tema de interés de los últimos años es el de las monedas virtuales. El avance computacional y la entrada de lleno de nuestras sociedades en la llamada Cuarta Revolución Tecnológico-Industrial están haciendo posible la proliferación de novedades tecnológicas que pertenecían al reino de la ciencia ficción hace algunas décadas. Una de estas novedades es, sin duda, la moneda virtual; entre las más conocidas se encuentran el bitcoin y el petro, esta última lanzada en días pasados por el gobierno venezolano.

El Banco Central Europeo define a las monedas virtuales como una clave digital que puede ser intercambiada electrónicamente y que no existe en forma física. Estas monedas son creadas por programadores y se utilizan principalmente en espacios virtuales. También se dice que este tipo de dinero digital no cuenta con regulación de algún gobierno o institución internacional, por lo que el petro, la moneda digital venezolana, sería un caso atípico de criptomoneda.

Carlos Marx plantea en El Capital que el dinero es una mercancía que juega el papel de equivalente general, es decir, de medio de intercambio universal, pero explica que es precisamente ese carácter de mercancía lo que posibilita que desempeñe ese papel. El dinero, pues, posee un valor de uso y un valor de cambio; esto es, que puede ser expresado en el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción.

Sin embargo, algunos economistas posteriores han señalado que en la explicación del origen del dinero tiene que considerarse el papel del Estado en el establecimiento de una moneda específica como una medida abstracta de cuenta sin base material de soporte. Esta visión del dinero es la que sustenta la existencia del dinero actual; aparentemente, las monedas en circulación no poseen ningún respaldo material y su valor está regido por los designios de los bancos centrales y los gobiernos de los distintos países.

En este sentido puede afirmarse que las monedas virtuales funcionan como dinero, ya que permiten el intercambio de mercancías y funcionan por sí mismas como depósito de valor. Sin embargo, la mayoría de ellas no cuentan con una entidad institucional o gubernamental de respaldo ni con soporte en algún valor físico, como el oro o la plata, lo que las vuelve inestables en su valor y de alto riesgo para los poseedores.

El precio del bitcoin, por ejemplo, ha oscilado entre los 250 dólares en 2015 hasta los casi 20 mil que alcanzó en diciembre de 2017. En un espacio cibernético anárquico y sin control, que es un débil reflejo del capitalismo en el espacio virtual, estas monedas seguirán proliferando, ya que prácticamente cualquier individuo con conocimientos de programación puede crearlas y lanzarlas al mercado virtual.

Pero a medida que la economía del ciberespacio gane terreno sobre la economía física, algo que apenas empieza, pero que se intensificará en las décadas por venir, los Estados terminarán por adoptar y regular el uso de las monedas virtuales.

El petro es un adelanto de ese futuro; aunque fue creada mediante técnicas de criptografía, lo que vuelve seguras y anónimas las transacciones, y dotada de cierta descentralización, su funcionamiento está controlado por el gobierno de Venezuela y tiene un respaldo en el petróleo del país caribeño.

Esta moneda más bien surgió como respuesta a las restricciones impuestas por Estados Unidos y los países europeos sobre el bolívar y la estrategia internacional para pulverizar el valor de esta moneda. En este contexto, la utilización de una moneda virtual se convirtió en la única alternativa viable para solventar los intercambios comerciales y las transacciones financieras de la patria bolivariana.