PULSO LEGISLATIVO

Negociación de reserva

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Álvaro Ramírez Velasco

Como potencial moneda de cambio, mercancía de trueque en reserva, los grupos parlamentarios de las dos cámaras del Congreso de la Unión han acordado tácitamente dejar los asuntos importantes en la congeladora.

La intención es muy clara: tener elementos de presión derivados de los conflictos postelectorales que se vivirán después del 1º de julio.

Temas como los nombramientos del Auditor Superior de la Federación, cuyo proceso de selección está prácticamente concluido; de los fiscales General de la República y Anticorrupción, así como de los magistrados en esta materia. El primero está detenido en San Lázaro  y el segundo en el Senado.

Al cierre de esta entrega, había quedado en claro que no es del interés de los grupos parlamentarios atender estos temas de vital importancia y que ya llegaron a sus límites constitucionales para hacerlo.

El caso podría explicarse por la intensa actividad proselitista que se vive en todos los partidos y de la que los jefes de las bancadas legislativas son protagonistas, ya sea como candidatos o como estrategas de sus partidos.

Sin embargo, el tema tiene más fondo para entender por qué en este periodo ordinario de sesiones, que comenzó el 1º de febrero y concluirá el 30 de abril, no se han abordado esos temas, que ya estaban listos para sus respectivas votaciones en los plenos de las dos cámaras.

Como ha ocurrido en otras legislaturas, esos asuntos, que tienen mucha importancia, cobran un valor estratégico en el caso de que deban negociarse posiciones en el jaloneo postelectoral y jurídico.

Son eficientes elementos de negociación que pueden ser utilizados más adelante por los perdedores, para presionar a los ganadores a ceder en los casos de elecciones cerradas.

Veamos: en principio, la persona y el partido que ganen la Presidencia de la República tendrán mano en la definición de esos cargos.

Sin embargo, quienes hayan perdido, pero tengan la posibilidad de presionar, en caso de procesos cerrados, sobre todo gubernaturas, tendrán la posibilidad de vender caro su apoyo con votos en el Poder Legislativo, para sacar adelante las definiciones que el próximo Presidente electo haga.

Algo análogo, sin que haya arrojado una negociación al menos a la vista de los ciudadanos, sucedió con la Reforma Laboral que se aprobó en octubre de 2012.

En esos días, Enrique Peña Nieto ya era el mandatario electo y Felipe de Jesús Calderón Hinojosa se alistaba para dejar Los Pinos.

Visto así, la reforma fue o bien la última del calderonismo o para efectos formales, la primera del peñismo.
Si bien el último periodo ordinario de sesiones de esta LXIII Legislatura termina el 30 de abril, ésta continuará hasta el 31 de agosto, por lo que podría realizarse un periodo extraordinario para esos temas. Reitero: nombramientos del Auditor Superior de la Federación, de los fiscales General de la República y Anticorrupción y de los magistrados en la materia.

A un mes del arranque formal de las campañas, hay un entendible nivel de incertidumbre entre los partidos que hoy son mayoría en el Senado y la Cámara baja, Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI).

De ahí que, al menos en lo que se ha visto hasta ahora, aunque las cosas podrían cambiar hacia el final del periodo, se hayan reservado como potencial moneda de cambio estos asuntos, en los que cualquiera de los grupos parlamentarios, incluidos el panista y el priista, requieren de los votos de otras bancadas para sacar adelante una votación aprobatoria.

Mientras tanto, los diputados y senadores se la han llevado de “a muertito” aprobando y presentando temas francamente triviales, como que los baños sean gratuitos en todas las terminales.

Hay otros asuntos que podrían no parecer tan urgentes, en el contexto de un país con tantos problemas como el nuestro: que los adolescentes con libertad asistida continúen sus estudios de carácter obligatorio; sensibilizar a menores sobre efectos del cambio climático; brindar facilidades a trabajadores seleccionados para representar prácticas deportivas o actividades cívicas y así un largo etcétera. No hay que olvidar que en la arena electoral el Congreso también es protagonista.