REPORTAJE ESPECIAL

El peligroso culto a las armas en EE. UU.

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Martín Morales

La mayor amenaza para los estadounidenses no es el terrorismo yihadista ni la supuesta injerencia rusa, sino el culto a las armas de fuego en una sociedad violenta, dispuesta a accionarlas contra sus propios conciudadanos. Ese culto al poder armado se traduce en cíclicas matanzas en escuelas, centros militares y otros espacios públicos; también en el tráfico de esos arsenales hacia nuestros países, donde ocasionan homicidios, robos, secuestros y otros delitos. Esa situación solo beneficia al complejo industrial militar de Estados Unidos (EE. UU.) cuyo amigo confeso, el actual presidente Donald Trump, ha ofrecido mantener flexibles las leyes a fin de que todos los estadounidenses accedan a armas de alto poder.

En su primer discurso sobre el Estado de la Unión, Trump insistió en reforzar las fronteras estadounidenses para reducir el crimen y el terrorismo. Sin embargo, solo en enero de este año se habían registrado 17 tiroteos con 10 víctimas mortales y heridos en centros educativos de 13 estados en esa nación; sin contar el más reciente, ocurrido a las 14:40 horas del Día de San Valentín, cuando el joven de 19 años, Nikolas Cruz, activó su rifle semiautomático AR-15 contra estudiantes de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida. El saldo de esa acción fue de 17 estudiantes muertos, en un país que concentra casi la mitad de las armas de fuego en posesión de civiles en todas las naciones del mundo.

Esas masacres son responsabilidad directa de una industria que genera más de 11 mil 700 millones de dólares al año, con una producción de 300 mil armas de fuego. En contraste, las organizaciones que están a favor del control de las armas y las familias de las víctimas carecen de los recursos y de la maquinaria política necesarios para luchar contra el armamentismo interno de EE. UU. Así, mientras los políticos en Washington asignan grandes sumas para “combatir” el terrorismo en el mundo, no aportan un dólar para combatir la violencia contra su sociedad.

Esta situación revela otra paradoja:  las autoridades estadounidenses denuncian constantemente el flujo de drogas proveniente de México, pero silencian el flujo de armas de EE. UU. hacia nuestro país, que favorece la estructura y la violencia delictiva. Es tan grave ese trasiego de pistolas, escopetas, fusiles y rifles de asalto, que en 2005 el 58 por ciento de los robos en México se cometió con armas de fuego y esa cifra aumentó al 68 por ciento en 2017.

“La responsabilidad recae en EE. UU. porque de ahí vienen las armas, ahí se producen” explica el analista Eugenio Weigend.

Fabricantes y Trump contra víctimas
EE. UU. produce al año 300 mil armas de fuego. Ahí mueren cada día unas 100 personas y al año ocurren mil 300 homicidios a causa del uso de armas de fuego entre civiles. Por ello, la tasa de homicidios con armas de fuego es 25 veces mayor en la Unión Americana que en cualquier otro país desarrollado. La edad mínima legal para comprar una pistola es de 21 años y de 18 si es un rifle, pero algunos vendedores las suministran a personas aún jóvenes.

De 2013 a mediados de febrero de este año se registraron 290 tiroteos en escuelas de EE. UU., en su mayoría realizados por jóvenes, advierte la Fundación de Apoyo a la Seguridad para Armas en cada Poblado. Detrás de este fenómeno trágico se encuentra la perversa relación entre el gobierno y el poderoso lobby militar.

En particular con la influyente Asociación Nacional del Rifle (ANR) fundada en 1871, que cuenta con 14 millones de afiliados y un presupuesto anual superior a los 260 millones de dólares. El 80 por ciento de los socios de la ANR son republicanos, más de la mitad de ellos siempre tienen a la mano un arma y en promedio poseen cinco más.

A la ANR no solo le interesa la adquisición, entrenamiento y uso de armas; su principal objetivo es político: mantener leyes flexibles para que más personas adquieran armas, dentro y fuera de EE. UU. Hace años, uno de sus ejecutivos, Harlon Carter, alardeaba: “Ningún político que cuida su carrera quiere desafiar nuestras metas”.

Con su actual dirigente, James W. Porter II, la ANR ha sido eficaz en lograr el favor de republicanos y demócratas. Lo hace al financiar sus campañas y desplegar a sus miembros hacia las urnas. Todo aspirante al Congreso de EE. UU., o a triunfar en la política, sabe que su agenda debe incluir los intereses de la ANR.

Se ha afirmado que la ANR aportó 30 millones a la campaña de Trump y que habría repartido otros 25 millones de dólares entre aspirantes a otros cargos públicos. Se estima que por cada dólar entregado a un candidato demócrata, destinó más de 200 a sus afines republicanos, explica el director de estudios legislativos de la Universidad George Washington, Steve Billet.

Tras el tiroteo en Florida, cientos de personas instalaron un plantón ante la Corte Federal de Fort Lauderdale para exigir más control sobre las armas. La sobreviviente Emma González increpó al presidente: “¿Cuánto dinero recibes de la ANR? Ya lo sé: 30 millones de dólares. Divididos entre las víctimas de este año resultan cinco mil 800 dólares ¿Eso es lo que esas personas valen para ti, Trump?”.

La respuesta llegó el 22 de febrero, cuando en el marco del debate sobre el control a las armas, el magnate-presidente expresó que analiza la posibilidad de armar a algunos profesores, ya que “una escuela sin armas es un imán para la gente malvada”. Además propuso aumentar de 18 a 21 años la edad mínima para adquirir un fusil semiautomático, medida que rechaza la ANR. Por ello Trump declaró: “creo que quieren hacer lo correcto, tienen una gran relación conmigo y son grandes personas. Aman este país, son patriotas”.

Dos días antes, el presidente había firmado una orden ejecutiva para desarrollar medidas abocadas a “prohibir” el uso de dispositivos que permiten un disparo más rápido en las armas semiautomáticas. Con esos aparatos en la culata, los rifles legales se convierten en ametralladoras. Uno de esos accesorios permitió al autor del tiroteo en Las Vegas disparar nueve balas por segundo, con lo que asesinó a 58 personas e hirió a 489 más.

Ante la presión social por el tiroteo, el mandatario hizo otra leve concesión al apoyar la iniciativa de los senadores John Cornyn (republicano) y Chris Murphy (demócrata) para mejorar el Sistema Nacional Instantáneo de Verificación de Antecedentes Criminales (NICS) empleado por el FBI, para que nadie que aparezca en éste pueda adquirir armas.
Armas gringas en 15 países

El culto a las armas en la superpotencia se traduce en mayor violencia en América Latina. Un arma procedente de EE. UU. fue usada cada 31 minutos en un crimen cometido en 15 países cercanos a la superpotencia entre 2014 y 2016, según el estudio del Center for American Progress (CAP) publicado el dos de febrero. Ese análisis subraya que las armas de fuego estadounidenses inciden en la actividad criminal de nuestra región (Norteamérica, Centroamérica y el Caribe).

La investigación del CAP, titulada Más allá de nuestras fronteras: cómo la débil regulación de armas en EE. UU. contribuye al crimen violento en el extranjero, denuncia la laxitud y debilidad de las leyes estadounidenses en el control de la exportación ilegal de esas armas de fuego y el enorme arsenal existente en ese país, ambos factores clave en el flujo de armas hacia el sur del continente.

Entre 2014 y 2016, las autoridades de 15 países recuperaron unas 50 mil 133 armas involucradas en delitos; gran parte de ese arsenal procedía de EE. UU. En México se rastrearon 33 mil armas de esa procedencia en ese periodo. Se estima que unas 213 mil armas pasan ilegalmente a México cada año.

Entre 2011 y 2016 se recuperaron más de 106 mil armas involucradas en crímenes en este país; de ellas el 70 por ciento procedían de EE. UU. La mayoría fueron traficadas en Texas (41 por ciento), California (19 por ciento) y Arizona (15 por ciento), según la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATT). Mientras el beneficio económico siga dominando la política en Washington, nuestros países seguirán viviendo bajo la violencia que se genera con armas estadounidenses.