TRIBUNA POÉTICA

Los Panegíricos de Sidonio

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Tania Zapata Ortega

Modesto Apolinar Sidonio (431 - 487) fue un poeta perteneciente a una familia de la aristocracia galo-romana; desempeñó un papel destacado en la política, representando a su provincia durante una convulsa etapa en la que el Imperio Romano se hallaba constantemente amenazado por las invasiones bárbaras y por las asonadas de diferentes usurpadores del trono; el Imperio consideraba conveniente asegurar la lealtad de los galo-romanos integrándolos a algunos puestos, así se explica la trayectoria prolongada de Sidonio al frente de la administración provincial.
En su obra abundan los temas mitológicos, influido sobre todo por Estacio y Tibulo.

Es un ejemplo de la transición entre el cristianismo y el mundo pagano, entre la romanidad y la “barbarie”. Siendo Obispo de Clermont-Ferrand, pintó con gran realismo, de un modo vivo y directo, la atmósfera, al mismo tiempo familiar y cristiana en la que transcurren épocas enteras de su vida, rodeado en sus conversaciones, juegos y banquetes, del afecto de los suyos; hecho que presta al conjunto de su obra un tono de espontaneidad por encima de cánones o modelos académicos.

Para defender los ideales de la aristocracia galo-romana de su época, Sidonio escribe en latín tardío, lengua muy cercana al latín clásico en el aspecto formal, pero más próxima al habla popular en cuanto a vocabulario. Escribe en latín, pero no olvida los gustos y la cultura de su época, tan distintos a los vigentes varios siglos atrás, lo que representa un enriquecimiento, una evolución de los cánones, gustos e ideales.

En su obra se percibe un esfuerzo por renovar la lengua latina incorporando préstamos del griego y del resto de los pueblos conquistados, empleando metáforas, rimas, antítesis, juegos de palabras y una amplia gama de figuras retóricas que le dan la apariencia recargada que le ha valido la calificación de preciosista, “alejandrino” y finalmente de manierista, por su atención especial a la forma en detrimento del contenido. Sus aciertos estilísticos le granjearon el respeto de las generaciones posteriores hasta ser incluido por algunos historiadores de la literatura en el canon de los autores clásicos.

Sus Panegíricos dan continuidad a una larga tradición en la que este género fue empleado para alabar a gobernantes y monarcas; pero sus “loas” tienen algo novedoso: están escritas en versos de gran perfección que él mismo declamó en presencia de sucesivos emperadores galos (Avito; Mayoriano, Antemio) en el momento de su coronación.

Si para agradar hay que cantar las glorias de una madre, yo no soy capaz de emular la lira antigua; dedico mi poema a Avito, el padre de este pueblo, un tema aún mayor, aunque mi musa sea de menos categoría.

Poesía imperial, cortesana, de ocasión, es un instrumento ideológico de la monarquía, una poesía para alabar al soberano en su presencia justificando su ascenso al trono por la voluntad divina, pero sin renunciar a la tradición y al panteón paganos, que juegan el rol de puente entre la cristiandad y la Edad Antigua. Batallas, ríos y otros muchos datos geográficos sirven para describir y poner de relieve los méritos políticos y militares del emperador en cuestión. Notable es la fusión de elementos reales y fantásticos, históricos y mitológicos.

El escenario en el que se desarrolla el Panegírico en honor del emperador Avito es una reunión de los dioses en la que Roma se queja de su decadencia: solo un nuevo Trajano podrá sacarle de su actual miseria. Este largo discurso pasa revista a episodios y personajes representativos de la historia romana; acto seguido, Júpiter pronuncia una réplica que ocupa casi todo el resto del extenso poema.

¡Oh, Febo!, tú que vas a ver finalmente, después de haber recorrido el mundo, a quién puedes sufrir como igual, guarda tu luz para el cielo. A la tierra le basta con Avito. Que no se jacte ya más de sus Astros el cielo a quien Atlas, el marmárico, toca con su cúspide: como él tiene astros que relucen, aunque se hayan puesto ya, así Roma brilla con las adversidades; desde su origen, le fue asignado el destino de crecer a base de males.