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La molécula de la felicidad: la serotonina

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Blanca Dinora Mendoza Mejía

Aunque podemos regular conscientemente muchas de las emociones que sentimos, nuestro cuerpo produce sustancias que afectan nuestro estado de ánimo. La serotonina es una de ellas, y a sus excelentes efectos se deben el humor y el estado mental positivo de las personas, por esta razón la han llamado la “molécula de la felicidad”.
La serotonina es una molécula que se produce en el cerebro y en el intestino.

Aunque su papel en la conciencia es difícil de determinar, hasta ahora se ha logrado saber que es capaz de producir sensaciones de bienestar. También actúa como un reloj interno porque regula nuestros ciclos de sueño y puede equilibrar el deseo sexual.
Importantes estudios han demostrado que la serotonina influye en el estado de ánimo al actuar como ansiolítico; es decir, de manera natural ayuda a nuestro cuerpo a relajarse. También inhibe síntomas como la ira, la agresión, la migraña y la ansiedad, que están relacionados directamente con la depresión.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que en México existen más de 10 millones de personas que recurren al uso de medicamentos antidepresivos. El éxito de muchos de estos fármacos se debe a que prolongan el tiempo de la serotonina en nuestro cerebro y de esta manera aumenta la sensación de tranquilidad.

Es importante saber que está relacionada con hormonas como la dopamina y la adrenalina, que interfieren en procesos de la expresión de las emociones y la adaptación a situaciones de estrés. Un dato curioso es que los hombres producen casi un 50 por ciento más de serotonina que las mujeres, por lo que las mujeres son más sensibles a los cambios en los niveles de serotonina y a la regulación en los estados de ánimo y las emociones.

Además de los efectos en el humor, la serotonina influye en muchas respuestas corporales. Por ejemplo, en los vasos sanguíneos provoca que éstos se contraigan o se dilaten, lo que junto con otros procesos permite mantener una adecuada presión sanguínea. Al provocarse una herida, la serotonina viaja por el torrente sanguíneo mediante las plaquetas que al llegar al sitio afectado se unen entre sí, formando coágulos que sirven como un tapón para reducir el flujo de sangre.

La serotonina regula los movimientos intestinales y contribuye a la sensación de saciedad, por lo que conlleva la disminución del apetito cuando comemos. Igualmente, al ingerir algo tóxico o irritante, el intestino aumenta la producción de serotonina para acelerar el tránsito intestinal y expulsar lo que nos hizo daño.

Y a todo esto, cabe preguntar: ¿De dónde viene la serotonina? Para producirla nuestro cuerpo necesita triptófano, un aminoácido esencial que se obtiene solo a partir de la dieta.

Afortunadamente existen alimentos con altos niveles de triptófano, entre ellos figuran lentejas, soja, garbanzos, mijo, arroz, avena, atún, sardinas, nueces, dátiles, almendras, brócoli, espinacas, maíz, chayotes, zanahorias, piña, aguacate, mango y plátano. ¿Te han dicho que tomar un vaso de leche podría ayudarte a dormir mejor? ¡Pues tienen razón! La leche es una fuente de aminoácidos, entre los que se encuentra el triptófano. Al producirse la serotonina, ésta ayuda a liberar la melatonina, hormona que regula los periodos de vigilia y de sueño que nos permite descansar mejor.

En definitiva, llevar una alimentación adecuada es de gran importancia para mantener los niveles adecuados de serotonina. Además, podemos realizar actividades día a día para estimular su producción. Entre ellas los ejercicios físicos, las técnicas de relajación, los hábitos de sueño adecuados y los cambios de rutina mediante la prueba de cosas nuevas.

Es sorprendente cómo una sola molécula puede regular tan variados procesos en nuestro cuerpo. Actualmente, grupos de investigación en el mundo enfocan sus estudios en las acciones de la serotonina y la interacción de ésta con diversos fármacos, a fin de disponer de un mejor entendimiento de sus extraordinarios beneficios en nuestro cuerpo.