MOSAICO CULTURAL

Isadora Duncan y la danza moderna

La danza moderna se desarrolló a la par de la innovación tecnológica y el proceso de industrialización de las economías nacionales del siglo XX. Surgió como una serie de insubordinaciones contra las rutinas dancísticas opresivas de la corporalidad asociada a la cultura industrializada.

Fueron rebeliones de tipo romántico que invocaron la naturaleza, la libertad, la autorrealización humana y el derecho al placer. Los artistas rebeldes predicaron contra lo artificial, lo mecánico y lo rutinario; contra la falta de fantasía e imaginación. Se presentaron como renovadores no solo de la danza, sino de la educación y el arte de vivir. Entre estos rebeldes se encontraba la estadounidense Isadora Duncan.

Duncan nació en San Francisco, California, en 1877. Dejó la escuela a los 12 años y se dedicó de tiempo completo a impartir clases a los niños de su barrio. Su enseñanza, que pasaba por innovadora, pronto atrajo a la clientela más rica de San Francisco. Gracias a esto, ella y sus tres hermanos formaron una pequeña compañía.

Duncan se dedicó a leer todo lo que se había escrito en el mundo sobre el arte de la danza, de los primeros egipcios hasta finales del siglo XIX. Estudió ballet con Katti Lanner en Londres. Frecuentó el British Museum. Descubrió las obras de arte de la antigua Grecia que fueron fuente de inspiración para sus coreografías. Esto le permitió introducirse en el mundo de la farándula.

Su original forma de bailar fue denominada “danza libre”. Todas sus piezas dancísticas fueron preparadas hasta sus detalles más ínfimos. Duncan bailaba sin maquillaje y con el cabello suelto, mientras que en aquella época lo “normal” era maquillarse a conciencia y recogerse el pelo en un moño o coleta.

Jamás utilizó decorados en sus danzas; bailó siempre ante un telón de fondo de un solo color, azul de preferencia, para que sus movimientos fueran más visibles. Al principio fue bien recibida en Estados Unidos, pero su poca vestimenta escandalizó al público.

Propuso los siguientes principios sobre la interpretación de la danza: naturaleza, belleza y forma, ritmo, indumentaria y música. Bailar debía expresar físicamente los sentimientos y las emociones del hombre. Esta mujer innovadora murió en un accidente de automóvil la noche del 14 de septiembre de 1927 a la edad de 50 años.

Duncan estaba dotada de un innegable e inmenso talento y fue una apasionada de la enseñanza. Abrió escuelas de danza de las que no obtuvo ningún beneficio. Quizás no estableció un vocabulario sistemático de sus movimientos, ni inventó una técnica dancística musical.

Sin embargo, su forma de interpretar permitió que los movimientos corporales fueran más libres; es decir, que se eliminaran todos los ornamentos innecesarios que hasta ese momento utilizaba la danza clásica. En esos días fue rechazada por aquel público acostumbrado a la danza académica; años después, su obra fue revalorada en Europa; más tarde, en su propio país. En la actualidad su ejemplo y sus principios sobre la interpretación de la danza están más vivos que nunca.