CLIONAUTAS

La joven democracia en México y América Latina

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Abentofail Pérez

La democracia en América Latina es un fenómeno nuevo. Después de las independencias iberoamericanas, y una vez que el liberalismo hubo triunfado sobre el monarquismo de las élites más conservadoras, los gobiernos de los nacientes países quedaron en las manos de un reducido grupo de terratenientes, quienes integraron oligarquías. Éstos, dueños de cientos de hectáreas, mantuvieron el poder político de sus respectivos países durante la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX. Todos los países latinoamericanos pasaron por esta etapa, en la que los señores de horca y cuchillo mandaban en sus países como si se tratara de sus haciendas.

Pero más o menos en la década de 1920 las cosas cambiaron: de los gobiernos oligárquicos se transitó a los gobiernos dictatoriales dirigidos por militares. En medio de la llamada Guerra Fría, y bajo la permanente amenaza del comunismo, Estados Unidos (EE. UU.) brindó apoyo suficiente a los dictadores latinoamericanos, sus canes guardianes, para que mantuvieran incólume el orden capitalista de la región. Fue solo a partir de los años 80 cuando los gobiernos dictatoriales entraron en crisis y se inició, poco a poco, la “transición a la democracia”.

Los países de América del Sur pasaron de ser gobiernos dictatoriales a democráticos. En Brasil, la dictadura que derribó mediante golpe de Estado a Goulart terminó en 1985, cuando los militares permitieron que se llevaran a cabo las elecciones en las que Tancredo Neves resultó electo presidente; ese momento significó el cambio a la democracia.

En Argentina, el Proceso de Reorganización Nacional, dirigido por Videla, sufrió un descalabro al perder la Guerra de las Malvinas y en 1983 tuvo que aceptar que Alfonsín llegara a la presidencia por la vía de las elecciones. Chile, después del funesto 1973, tuvo que soportar 26 años bajo la dictadura de Pinochet antes de retomar la práctica democrática que se había suspendido con la muerte de Allende. Uruguay, Paraguay, Colombia, Venezuela, Bolivia y Ecuador apuraron también este trago amargo: después de décadas de dictadura, los años 80 significaron el tránsito a la democracia.

América Central vivió un proceso más violento, pues en su caso no se partió de gobiernos dictatoriales para llegar a gobiernos democráticos, sino de situaciones de guerra. Guatemala vivió una muy prolongada guerra civil que le costó el exterminio de miles de mayas y un desbordamiento inusitado de la violencia; el gobierno militar y los grupos armados insurgentes terminaron sus enfrentamientos hasta la firma de los Acuerdos de Paz en 1996.

El Salvador vivió algo similar entre los años 70 y los 90, aunque en su caso se enfrentaron el gobierno militar y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN); los Acuerdos de Chapultepec, de 1992, pusieron fin a la guerra civil salvadoreña.

En Nicaragua, después de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrotara al gobierno de Somoza en 1979, EE. UU. armó a la “contra” para que ésta derrocara al gobierno sandinista; por todo esto, la paz en Nicaragua llegó hasta 1990, cuando ambos bandos acordaron organizar elecciones presidenciales y respetar los resultados. Así en Centroamérica, la transición a la democracia estuvo antecedida por distintas guerras civiles, el trauma sistémico de su historia.

A diferencia de América del Sur y América Central, México –después de la Revolución de 1910-1929– no vivió dictaduras militares ni guerras civiles en el siglo XX. Sin embargo, el sistema político mexicano tampoco podía llamarse democrático; se trataba, más bien, de un gobierno autoritario.

En México la democracia es un fenómeno de cuño muy reciente. A finales del siglo pasado, un amplio coro demandaba que el PRI saliera de la presidencia pues, se pensaba, la alternancia era la muestra más visible de que el viejo autoritarismo era sustituido por una verdadera democracia. Cuando esta demanda se cumplió, en 2000, quedó claro que la alternancia no era suficiente para avalar el funcionamiento de la democracia en México.

Como queda claro, la democracia en México y América Latina es un fenómeno extremadamente nuevo. Hoy el sistema democrático tiene todavía muchas deudas que saldar con las mayorías latinoamericanas. Y las seguirá teniendo mientras la riqueza no se distribuya equitativamente, pues un sistema político justo (como se presenta a la democracia) no puede edificarse sobre un sistema económico tan injusto como el nuestro.