OPINIÓN

A los trabajadores de la cervecería Modelo

Brasil Acosta Peña
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.

Las relaciones de explotación en el sistema capitalista están veladas, lo que impide al obrero conocerlas con precisión; además, los mecanismos de manipulación del sistema son tales que se consideran relaciones “naturales” y se dan por buenas.

Aun así, el obrero las intuye, las siente, las vive, pero no las puede racionalizar y convertir en un razonamiento científico. Por el contrario, la propaganda que se lanza en contra del obrero le hace creer que si su situación es mala es culpa suya, es decir, que su situación de pobreza, hambre, falta de vivienda, vestido y calzado, de buena educación para sus hijos, es culpa suya por ser un fracasado, por no haber estudiado, por ser un flojo, por destinar sus pobres recursos a las bebidas alcohólicas, etc.

De esta suerte, el trabajador no se da cuenta de su explotación; por el contrario, busca en el destino o en el castigo divino la causa de su mala situación.

No se percata de que la solución se encuentra en sus manos,  que así como tiene la capacidad de crear la riqueza, es capaz de construir una sociedad más justa, más equitativa para todos, que puede y debe alcanzar su liberación. Hace falta, por tanto, que tome conciencia de esa capacidad, se organice, se decida y luche para alcanzar el poder político y pueda cambiar el modelo económico por uno pensado en los productores de la riqueza de México, es decir, en las grandes mayorías. 

Los trabajadores, escribió Marx en Salario, precio y ganancia, aunque lo profundizó en su obra cumbre: El Capital, no venden al patrón su trabajo, pues no han trabajado cuando llegan a un acuerdo con él; lo que venden es su fuerza de trabajo, es decir, su capacidad de trabajar (capacidad de desgaste de músculos, de cerebro, etc., para realizar una actividad productiva); pero una vez que se establece y firma el contrato por el tiempo que han de trabajar y el pago que recibirán, ambas partes quedan de acuerdo y el obrero debe cumplir con las condiciones establecidas.

Así, el patrón hace uso de la mercancía que compró, es decir, de la fuerza de trabajo y pone a trabajar al obrero. Pero resulta que la fuerza de trabajo es la única capaz de generar más valor del que ella misma cuesta, de tal suerte que el obrero produce lo que cuesta su fuerza de trabajo en una parte de la jornada laboral, pero una vez que completa el monto equivalente a su fuerza de trabajo, el resto de la jornada crea riqueza de forma gratuita para el patrón. Así, el trabajo realizado por el obrero, pero no retribuido por el patrón es lo que Marx llamó: plusvalía.

Pues bien, en el siglo XIX se permitía que el obrero trabajara 10, 12, 14, 16 y hasta 18 horas al día, entonces se alargaba la jornada de trabajo todo lo más que se podía y se extraía lo que se conoce como plusvalía absoluta, pues en las primeras horas el obrero producía el equivalente a su salario y todo el tiempo restante trabajaba gratis para el patrón, por tanto, cuanto más larga la jornada, más plusvalía.

Cuando se prohibe la prolongación de la jornada de trabajo de forma “indefinida” y se establece, por ejemplo, la jornada de ocho horas, el patrón busca reducir el valor de la fuerza de trabajo e incrementar la productividad del trabajo para reducir el tiempo en el que el obrero debe producir el valor de su fuerza  de trabajo y así lograr que el resto de la jornada trabaje de manera gratuita para enriquecer al patrón. Así sucede, los planteamientos de Marx están vigentes. Veamos.

En una nota recientemente publicada por el diario  Excélsior, se destaca la gran capacidad de la Cervecería Modelo para producir cerveza: “La planta de Modelo en Zacatecas tiene la capacidad de elaborar 24 millones de hectolitros por año, es decir, hasta 19 millones de botellas de cerveza por día”. Como se ve, la capacidad productiva de esta cervecería es de 6 mil 935 millones de botellas anuales.

El promedio de venta de una botella de 235 mililitros es de 14 pesos, lo cual arrojaría ventas anuales por 97 mil millones de pesos, equivalente a cinco mil millones de dólares anuales. La empresa, según datos del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Compañía Cervecera de Zacatecas (Sitcczac) publicados en el portal nrtzacatecas, la planta tiene aproximadadmente mil 210 trabajadores.

Si suponemos que se les pague “bien” (claro, si consideramos el salario mínimo de los trabajadores mexicanos), es decir, cinco veces el salario mínimo, o sea 415 pesos por día, ello arroja una nómina anual de 183 millones de pesos, 10 millones de dólares. La nómina pagada de esa manera equivaldría al 0.18 por ciento de las ventas, es decir, ni siquiera representa el uno por ciento de las ventas de la empresa.

Si los trabajadores producen diariamente 19 millones de botellas, eso significa que al venderse arrojan un ingreso de 266 millones de pesos (a 14 pesos en promedio por botella, como dijimos) y los trabajadores laboran ocho horas diarias y reciben, como supusimos, cinco veces el salario mínimo, es decir, 415 pesos diarios, ello significa que mil 210 trabajadores aportan nueve mil 860 horas de trabajo (a ocho horas la jornada) y reciben al día entre todos ellos (aproximadamente) 502 mil 150 pesos. Así, si en nueve mil 860 horas producen 266 millones de pesos, entonces, ¿en cuánto tiempo producen lo que les pagan, es decir, 502 mil 150 pesos?

En 19 horas de las nueve mil 860 horas, es decir, el 0.19 por ciento del tiempo el obrero se dedica a producir lo que él mismo cuesta. Ahora bien, por trabajador la cosa queda como sigue: si se cumplen las premisas hipotéticamente planteadas aquí, un trabajador repone en 56 segundos lo que cuesta su fuerza de trabajo, de manera que trabaja de forma gratuita para el patrón prácticamente las siete horas y 59 minutos restantes.

Llama la atención que después de este grado de exploitación de la fuerza de trabajo, se escuchen noticias como la siguiente: “Allá (en Zacatecas), la compañía cervecera, propiedad de Anheuser Busch InBev, tiene una de las plantas más grandes del mundo y también de las más problemáticas, pues de acuerdo con sus propios empleados, el trato que reciben por parte de los directivos de la compañía belga ha llegado a ser “inhumano”, además de que la compañía ha incumplido con diversos compromisos”.

El capital no tiene amigos, solo intereses; y sigue concentrando la riqueza. Los proletarios de todos los países deben unirse, conformar un partido, luchar por el poder político de las naciones y construir un nuevo modelo económico que produzca la riqueza pero que la distribuya de manera más equitativa. Por suerte, un mundo mejor es posible y construirlo está en manos de los trabajadores.