TRIBUNA POÉTICA

La condena de Lucano a la guerra civil
Primera parte

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Tania Zapata Ortega

El poema Farsalia o Bellum civile es un admirable poema épico en diez cantos escrito por Marco Anneo Lucano (36 - 65 d. C.), cuando el poeta contaba apenas con 25 años. Su porvenir literario quedó truncado por él mismo al abrirse las venas por órdenes de Nerón, a consecuencia de intrigas políticas; solo este poema se conoce de su perdida producción, presumiblemente copiosa.

La Farsalia plantea una nueva concepción de la epopeya; una auténtica renovación de los cánones homéricos y virgilianos; en ella, Lucano toma posición en torno a la reciente guerra civil entre César y Pompeyo:

Guerras más que civiles cantamos, libradas en las llanuras de Ematia, y el crimen investido de legalidad, y un pueblo poderoso que, con su diestra vencedora, se revolvió contra sus propias entrañas; la lucha entre formaciones de la misma sangre y, rota la alianza para la tiranía, el enfrentamiento, con intervención de todos los efectivos del universo trastornado, para abocar a un delito que afectó por igual a ambos bandos; enseñas alineadas frente a enseñas iguales y hostiles, idénticas águilas frente a frente y picas amenazando a idénticas picas.

En Farsalia, el poeta sustituye el mito por los hechos verídicos; los héroes legendarios por personajes históricos. Las divinidades del Olimpo ya no intervienen para cambiar el curso de los acontecimientos a favor de uno u otro bando; Lucano se abstiene de invocarlos de forma altisonante, éste es un poema “sin dioses y sin héroes”, como han señalado sus estudiosos, que le atribuyen una posición escéptica al respecto. La leyenda, reflejo de un tiempo ido, cede el paso al recuerdo reciente de una guerra civil que ensangrentó los cuatro puntos cardinales de Roma, marca el fin de las expediciones de conquista y a la que el poeta condena abiertamente:

¿Qué locura, ciudadanos, qué desenfrenado abuso de las armas es ése de ofrecer la sangre latina a pueblos odiados? Y, cuando debía despojarse a la orgullosa Babilonia de los trofeos ausonios y la sombra de Craso andaba errante sin haber sido vengada, ¿os plugo emprender unas guerras que no iban a proporcionaros ningún triunfo? ¡Ay, qué de tierras y mares hubieran podido conquistarse, con esta sangre que empapó las diestras de unos conciudadanos, en las regiones de donde viene Titán y en donde la noche esconde las estrellas, o bien por donde el mediodía se abrasa en horas ardientes o por la parte en que el rigor invernal, incapaz de suavizarse ni con la primavera, agarrota con los fríos de Escitia un mar helado! Ya hubieran sido subyugados los seres, el Araxes bárbaro y hasta las poblaciones, si las hay allí afincadas, que conocen el nacimiento del Nilo.

Su técnica perfecta de versificación, imposible de traducir a nuestra lengua con exactitud, la abundancia de descripciones, la acumulación de recursos retóricos, la elegancia, fuerza y contundencia de imágenes y sentencias, que frecuentemente se encuentran retorcidas y ornamentadas, se adelantan muchos siglos al Barroco. Lucano condena la guerra civil e invita a sus conciudadanos a unirse y reconstruir Roma, abandonada por los afanes de expansión y por las divisiones internas del Imperio.

Después si tamañas ansias tienes, Roma, de una guerra impía, una vez sometido el orbe entero a las leyes latinas, vuelve tus manos contra ti; pero hasta el momento no te han faltado enemigos en el exterior. Ahora, en cambio, el hecho es que en las ciudades de Italia amenazan ruina los edificios, con sus techumbres a medio caer; grandes bloques de piedra yacen al pie de las murallas derrumbadas, las casas se encuentran abandonadas, sin que nadie las guarde, y en las antiguas ciudades solo vaga algún que otro habitante; el hecho es, igualmente, que Italia está erizada de malezas, no se la ha arado en muchos años y faltan manos para los campos que las reclaman; no serás tú, Pirro feroz, ni será el Cartaginés el responsable de tamañas calamidades: a ningún arma extraña le es posible llegar tan hondo: las profundas de verdad son las heridas de brazos de conciudadanos.