ESCAFANDRA

Un catecismo náhuatl en imágenes, de Miguel León Portilla

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Ángel Trejo

Las primeras enseñanzas de la doctrina católica en México se hicieron con la cruz y el filo de las espadas de acero, el terror causado por las explosiones de pólvora en los mosquetes y, sobre todo, con la feroz docencia de los asesinatos masivos ordenados por Cortés y Alvarado en Cholula y México en 1519, con los que estos invasores advirtieron a los indígenas que venían a apoderarse de sus tierras, sus vidas y sus almas.

Una vez lograda esa primera muestra de “amor cristiano”, de la que fueron maestros los conquistadores españoles, entraron en escena los misioneros franciscanos para aplicar una estrategia de dominio distinta que consistió en el uso de palabras suaves y atenciones de alivio al derrotado con el fin último de persuadirlo que dejara de creer en sus dioses locales y los sustituyera por un supuesto dios único, que además de ser “tres en uno” era también politeista al reproducirse al infinito en santos, vírgenes y arcángeles.

Esta nueva pedagogía imperial, conocida también como “conquista espiritual”, fue emprendida con base en el aprendizaje de las lenguas locales por parte de los misioneros evangélicos –algunos realmente piadosos y humanitarios, como fueron los casos de Toribio de Benavente Motolinía, Pedro de Gante, Bernardino de Sahagún, Andrés de Olmos, Bartolomé de las Casas y Vasco de Quiroga- y la enseñanza de la música, el teatro, la danza y la iconografía como instrumentos de adoctrinamiento individualizado y grupal.

La iconografía fue la menos conocida de  las “artes de conquista” debido a que no tuvo una secuela histórica duradera como las tres primeras y porque pronto desapareció junto con los tlacuilos, es decir, los dibujantes y calígrafos de la escritura jeroglífica prehispánica. Estos artistas, sin embargo, fueron fundamentales en el diseño figurativo e ideográfico de los catecismos que los misioneros utilizaron para convertir a los mexicanos originales, algunos de los cuales incluyeron información en lenguas vernáculas transcritas mediante el uso del alfabeto europeo.

De acuerdo con el historiador y lingüista Miguel León-Portilla, quien en 1979 preparó para la empresa editorial Cartón y Papel de México, S. A. de C. V., la edición paleográfica de uno de los cuatro catecismos del siglo XVI que se conservan en el Archivo-Biblioteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el primer misionero en utilizar este método fue el franciscano francés Jacobo de Testera, quien a partir de 1530 predicó la doctrina cristiana valiéndose de grandes lienzos cubiertos con dibujos e ideogramas indígenas.

De este modelo derivó uno de los cuadernillos supervivientes, el cual tiene 12 páginas (seis hojas) de 15.6 cm de altura por 10.5 cm, en el que se cuentan las vidas de Cristo y la Virgen María. La mayoría de las imágenes son jeroglíficas, pero las dilucida el texto en náhuatl que las acompaña. Otro catecismo superviviente es el de Pedro de Gante, el cual dispone de 88 páginas, mide apenas 5.5 cm de ancho por 7.7 cm de alto y contiene los textos completos del Padre Nuestro, el Ave María, el Credo, los misterios de la Santísima Trinidad y la muerte y resurrección del Cristo.