CLIONAUTAS

Estridentismo: ¿estetización o politización de la técnica?

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Victoria Herrera

Hablar del movimiento estridentista como expresión estética al margen de la historia, sugiere como caracterización lógica el concepto de ruptura aún como propuesta de vanguardia ¿De qué modo puede construirse una explicación histórica de los movimientos de ruptura que niegan al mismo tiempo su carácter histórico?

El estridentismo ofrece a la teoría estética la oportunidad de poner a prueba la validez de su historización. En principio, debe decirse que estos movimientos siguen vinculados al pasado inmediato desde el momento en que se explican a sí mismos como una negación absoluta de sus precedentes. Negación que se convierte en razón de ser, razón de ser inconcebible sin negación.

A pesar de negarlo, el estridentismo puede existir sólo si existe un pasado, una tradición que lo justifique.
En segundo lugar, el estridentismo sufre una auto-desacreditación parecida a la que sufre el historicismo. Si bien parte de ciertos principios de originalidad y renovación, al poco tiempo se convierte en una osificación de la transformación; sus manifiestos hacen un llamado a la subversión del arte; sus programas inspiran un número de obras artísticas de vanguardia; estas obras aplican los nuevos conceptos de la nueva estética y a la vuelta del tiempo estos conceptos se convierten en lugares comunes, negándose a sí mismos como elementos de vanguardia. Por esta razón el estridentismo es más una aspiración que una realización y sus repeticiones, imitaciones y reproducciones son al mismo tiempo los testimonios de su irrealización verdadera.

Para contrarrestar su osificación, el movimiento estridentista goza de una vida efímera; su efectividad dura un instante; este es, en buena medida, un movimiento momentáneo, un disparo, un gran esfuerzo de sacudimiento que se agota en breve, herido de muerte, casi estéril; un movimiento suicida. 

Actual número 1 es una obra de arte estridentista incomprensible sin el contexto social, cultural y hasta físico que la rodea: pegada en las paredes como un anuncio cualquiera, aprovecha las ventajas de este medio de comunicación; su objetivo es la propagación masiva, se reproduce, se masifica, se multiplica como una hoja volante que pasa de mano en mano; se pega en las paredes de la Ciudad de México, hace uso del medio urbano, reconoce que ese lugar es un lugar nuevo en donde las cosas se relacionan entre sí, interactúan entre sí, se resignifican; Actual número 1 es un reconocimiento de las masas y una valoración positiva de la ciudad.

Por tanto, en sus comienzos el estridentismo reclama una renovación artística que se corresponda con la constante renovación de la ciudad, con la multiplicidad de las masas. Es por eso que, viéndolo bien, Actual… tiene una vigencia limitada por el carácter cambiante de las condiciones “sociales”. Su conciencia histórica es sorprendente; es más, esa conciencia se opone a la noción de tradición que trasladada al ámbito del arte se manifiesta como el “valor eterno”. 

Para los estridentistas la “industrialización” del mundo es un hecho irreversible que se puede “contrarrestar” con una “tecnologización” o “modernización” del lenguaje poético y mediante el establecimiento de nuevas relaciones entre las cosas; por lo cual, no deja de ocupar un espacio dentro de las artes representativas.

Con la llegada de la reproducción técnica, el arte adquiere nuevas funciones ¿Sigue apelando a la función de representación de la realidad aparente? Sí, pero es agregada a la total masificación del arte: la mayoría de los seres y hechos son susceptibles de ser representados, no obstante, el acercamiento de esa “lejanía” -la “deshumanización” del arte- se convierte en el peligro que éste enfrenta pero, por eso mismo, a su vez se transforma en un instrumento de protesta y de transformación social, politizando la técnica de la reproducción, dirigiéndola hacia el dinamismo y la renovación ininterrumpidos que deseaban los estridentistas.