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Mercado laboral y tasa de desocupación en México

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Arnulfo Alberto Emiliano

En general los porcentajes de desocupación en nuestro país han sido históricamente bajos y se han mantenido en ese nivel en los últimos años. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la tasa de desempleo se sitúa por abajo del cinco por ciento, lo que equivale a decir que no lo hay o que es muy bajo.

Sin embargo, esta situación genera gran controversia porque es evidente que en México existe un nivel de informalidad muy por arriba del promedio que hay en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El indicador que maneja el Inegi oculta una realidad nada satisfactoria del panorama laboral mexicano. Este mercado está caracterizado más bien por su heterogeneidad, la cual consiste esencialmente en su división en submercados separados o segmentados, cada uno con características y normas de comportamiento propios, donde el sector informal ocupa un papel preponderante. Reportes de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) muestran cómo en las últimas décadas el porcentaje de empleos de baja productividad asociados a la informalidad se sitúan por encima del 60 por ciento del total de los empleos.

Es decir, la baja tasa de desocupación en México enmascara un problema más profundo en una parte importante de la mano de obra mexicana: la de los trabajadores con empleos desprotegidos, con bajos ingresos y en condiciones laborales inadecuadas; empleos que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) define como precarios porque la falta de seguridad en una plaza laboral evidencia que no hay un contrato de trabajo, cuya suscripción debe comprender   una concertación legal de trabajo temporal a tiempo fijo, a domicilio o una subcontratación.  

Los mexicanos, pues, no tienen una fuente de ingresos estable que les permita sobrellevar la situación cuando no tienen empleos, por lo que están obligados a emplearse en cualquier tipo de trabajo con tal de llevar alimentos a sus familias.

Este elemento, junto a la inexistencia de seguros de desempleo y el bajo nivel de ahorro en la mayor parte de la población nacional –debido obviamente a los bajos ingresos laborales– propicia que sólo un número pequeño de trabajadores permanezcan desempleados largo tiempo y que la mayoría se vea obligada a ocuparse en cualquier tipo de trabajos, muchos de los cuales se caracterizan por las bajas remuneraciones y la falta de condiciones mínimas de seguridad laboral y protección social. Esto se traduce en un nivel de ocupación alto, donde los empleos predominantes son mal remunerados y de baja calidad, dando lugar al fenómeno del subempleo.

La situación del mercado laboral en México no es una cuestión aislada y no podemos analizarla sin tomar en cuenta el contexto en el que se halla circunscrita. El país ha experimentado transformaciones a partir de la década de los años 80, a raíz de la crisis del modelo de industrialización anterior por errores internos y la consiguiente implantación de un modelo económico de corte neoliberal, en el que se privilegia al gran capital.

Esto ha tenido un impacto importante en el conjunto de la economía, particularmente en el mercado laboral, afectando a variables como el ingreso, la calidad de los empleos disponibles y el subempleo. Es necesaria una reconducción de la política económica que priorice el bienestar de las clases trabajadoras, pero esto sólo es posible con la implantación de un nuevo modelo económico que tenga carácter popular y nacionalista.