SEXTANTE

Sección especial
Segunda de dos partes    

Sección especial hace referencia a una maniobra jurídica realizada en 1941 por el gobierno del mariscal Pétain durante el Régimen de Vichy para aplicar un ignominioso castigo a inocentes o chivos expiatorios. En ese año los jóvenes comunistas que resistían al dominio fascista alemán organizaron un atentado para matar a un oficial de la marina alemana.

Esta acción era necesaria para organizar la resistencia armada a la invasión nazi y para, asimismo, desgastar al ejército intruso. Cuando el atentado se consuma y el oficial alemán es acribillado por la espalda mientras uno de los de convoyes del Metro de París –según la historia contada por Costa Gavras– los jóvenes huyen corriendo por los andenes de la estación y la policía y el Gobierno franceses nunca llegan a saber de ellos.

Sin embargo, los nazis advierten que ese peligro permanecería latente en contra de la vida de sus oficiales y soldados y para conjurarlo ordenan al Gobierno de Francia la aplicación de un escarmiento que aterrorice a los patriotas y los antifascistas que organizaban la resistencia.

El Estado Francés,  obsecuente claro está, busca a quién castigar; y para poder satisfacer los deseos de los invasores extranjeros crean un ente jurídico llamado Sección especial; es decir, un tribunal especial para juzgar a los terroristas más peligrosos y extremistas que “están en contra del Estado francés”.

Pero resulta que al no tener a quién juzgar, pues los presos en manos del Gobierno son delincuentes menores y, por lo mismo, no ameritan ni de lejos la pena capital o siquiera la cadena perpetua, la cúpula gubernamental del Estado francés se pone a buscar a quiénes juzgar de forma sumarísima para guillotinarlos en calidad de “terroristas” en la Plaza de la Concordia.

La Sección especial escoge a seis delincuentes pobres cuyos delitos consistían en la falsificación de documentos migratorios, robo de bicicletas, reincidencia delictiva menor e, incluso, por ser comunistas o judíos.

La Sección especial se ve envuelta en serias contradicciones no solo jurídicas sino también éticas y morales, pues los integrantes de la misma están determinando la muerte injusta de seres que no la merecen. Y es precisamente con las magníficas actuaciones de quienes interpretan a los funcionarios de la Sección especial y a los presos como Costa Gavras recrea una historia bien estructurada y con sentido profundamente crítico.

De esta forma, Gavras nos va describiendo la terrible realidad que vivió uno de los pueblos que se han caracterizado por sus luchas históricas en el desarrollo de la humanidad. Y al mismo tiempo nos muestra la esencia del poder que caracteriza a los Estados gobernados por la gran burguesía y que cuando ésta quiere hacer sentir directamente su fuerza, la tan ensalzada “división de poderes” –legislativo, ejecutivo y judicial, según las teorías de grandes pensadores políticos de la burguesía como John Locke y Montesquieu– ni la justicia ni la democracia aparecen por ningún lado para hacerle contrapeso.

En el filme del creador greco francés esa forma elocuente, esa división de poderes, no existe, pues aunque algunos de los ministros de los tribunales del Poder Judicial francés se resisten a transgredir las leyes, terminan obedeciendo al Poder Ejecutivo y colaboran con el aparato de dominación del Estado en manos de la gran burguesía.

Gavras es un cineasta muy lúcido, que sabe transmitir ideas de hondo contenido político y social, y en Sección especial logra estructurar una cinta que tiene un poder cognoscitivo profundo que debe ser admirado a 42 años de haber sido realizada.

Sobre todo porque en las últimas décadas el cine de contenido político ha sufrido una enorme disminución en su calidad y en la cantidad de producciones. Sección especial no solo contó con buenas actuaciones, sino también en el diseño de su vestuario, la ambientación del París de los años de la Segunda Guerra Mundial y notablemente en la buena fotografía, que estuvo a cargo de Andréas Winding. Es una cinta muy recomendable para los cinéfilos que gustan de obras de contenido político.