ESCAFANDRA

La epidemia de matlatzáhuatl de 1575-1577

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Ángel Trejo

El Libro rojo de Vicente Riva Palacio y Manuel Payno (1870) incluye una reseña histórica que describe una de las mayores tragedias humanitarias sufridas por México en el siglo XVI. Fue escrita por Riva Palacio con el título Caridad evangélica y estuvo abocada a exaltar las acciones de solidaridad que el clero católico hizo entonces pese a su afición a la usura y las propiedades inmobiliarias. El relato empieza por describir que en 1575 gobernaba a la Nueva España el virrey Martín Enríquez de Almanza en un ambiente tranquilo y halagüeño, pues los mexicanos originales parecían haberse olvidado de la Guerra de Conquista y de sus deseos de revertir ésta mediante rebeliones.

“El comercio era activo, las minas anunciaban ya grandes bonanzas, las artes y las ciencias empezaban a tener su asiento en la capital de la colonia. Estaba ya fundado el colegio de los jesuitas, que después se llamó de San Gregorio, se abrió el Seminario de San Pedro y San Pablo, que luego tuvo el nombre de San Ildefonso, y el canónigo tesorero don Francisco Santos estableció un colegio de pasantes nobles que fue conocido como Colegio de Santos, que estuvo situado en la calle de la Acequia…”.

Sin embargo “una noche, sobre el oscuro cielo de México, puro y tachonado de estrellas, apareció repentinamente un cometa” que provocó que la población novohispana se asustara hasta el terror pánico, pues en esa época la gente creía que estos astros anunciaban epidemias, guerras, hambrunas y aun el fin del mundo.

El cometa apareció solo unos días, desapareció y volvió la calma, aunque poco después “brillaron en el cielo tres soles iguales” que cruzaron el espacio hasta perderse a eso de la una de la tarde “causando el más terrible de los espanto…Así, en medio de angustias y temores, concluyó el año de 1575”, pero apenas iniciada la primavera de 1576 se desarrolló “la peste más terrible y desoladora de cuantas se registran en los anales de la historia”, afectando en exclusiva a los indígenas mexicanos. Se trataba del matlatzahuatl, cuyos síntomas son fuerte dolor de cabeza, fiebre voraz, hemorragia nasal y pérdida de lucidez mental, ya que las personas se desnudaban y salían de sus casas en busca de aire fresco.

En los pueblos ribereños de las cinco lagunas del Valle de México, los cadáveres se apilaban en calles y plazas, donde los “moribundos tenían que hacer un esfuerzo sobrenatural para ahuyentar a los perros, a los lobos y a las aves de rapiña que se arrojaban” sobre sus esposas e hijos ya muertos. La epidemia duró hasta finales de 1577; se extendió a toda Nueva España –de Sonora a Yucatán y Guatemala- y provocó la muerte de dos millones de indígenas.

El doctor Juan de la Fuente, uno de los médicos más célebres, estudió los cadáveres a fin de conocer su origen y la causa por la que solo afectaba a los indígenas y no a los españoles, criollos, negros y mulatos. El matlatzáhuatl, concluye Riva Palacio, provocó una grave crisis económica por la pérdida de mano de obra agrícola y porque los precios de los granos básicos –maíz, trigo, frijol, garbanza, etc- se elevaron sustancialmente. La población indígena tardó en resarcirse varias décadas.