SEXTANTE

Mil veces buenas noches

 

En un mundo profundamente dividido en clases sociales y personas que se diferencian radicalmente porque unas lo tienen todo –riquezas, vida holgada y sin sobresaltos y su única preocupación es que sus mascotas “no sufran ninguna carencia o enfermedad”- y otras lo padecen todo -hambre, brutales atropellos, asesinatos, discriminaciones de cualquier tipo y viven refugiados en campamentos fuera de sus comunidades originarias, sin empleos, atención médica, educación, etc- no resulta extraño que haya conflictos derivados de la distinta percepción y valoración intelectual sobre las grandes disparidades económicas y sociales que hay en la sociedad humana.

Precisamente este conflicto es el que aborda la cinta Mil veces buenas noches (2012), del realizador noruego Erick Poppe. En realidad la historia del filme está basada en la autobiografía  de Poppe, quien sufrió esa experiencia con su pareja y su familia cuando fue fotógrafo corresponsal de revistas y periódicos en los años 80 en Centroamérica, Medio Oriente y Sudeste Asiático.

En su relato cinematográfico la protagonista principal es una mujer, Rebecca (Juliette Binoche), fotoperiodista que, según la cinta, cubre el conflicto de Afganistán y resulta gravemente herida mientras realiza su trabajo y no puede alejarse a tiempo de una carga explosiva hecha estallar por una mujer suicida que pertenece a un grupo extremista.

Rebecca es duramente cuestionada por Markus, su esposo (Nicolak Coster-Waldau), quien no soporta el sufrimiento y la angustia que la peligrosa profesión de su esposa genera en él y en las dos hijas de ambos. Para no ver desbaratado su matrimonio, Rebbeca se compromete con su esposo a no ir más a misiones periodísticas peligrosas.

Sin embargo, la hija mayor del matrimonio, Steph (María Doyle Kennedy), se interesa por la labor humanitaria en países de África y le propone a su madre realizar un viaje a Kenia, a un campo de refugiados. Rebbeca pone como condición para el viaje que vayan a un lugar donde no haya peligro.

Pero en Kenia, para desgracia de Steph, un grupo de delincuentes ataca el campo de refugiados, por lo que ella y Rebecca deben salir inmediatamente.

Sin embargo, al ver que el asalto a los refugiados es propicio para captar imágenes, Rebbeca pide a un amigo que lleve a su hija a un lugar seguro y se queda a tomar fotos de la masacre, exponiendo una vez más su vida.

Madre e hija deciden ocultar a Markus lo ocurrido, pese a que Steph reprueba la acción de aquélla. Markus llega a conocer accidentalmente lo ocurrido en Kenia y estalla el conflicto familiar, dándose inevitablemente la separación…

Poppe logra un filme sincero que, en mi modesta opinión, logra captar eso que muchos seres humanos llegan a padecer, ya que los “valores” conservadores de la sociedad burguesa impregnan los espíritus de la inmensa mayoría de los seres humanos.

Por ello gran parte de las personas que viven en la sociedad burguesa actual tienen una clara formación ético-ideológica basada en el egoísmo y el individualismo reconcentrados, los cuales los hacen profundamente insensibles al dolor ajeno y solo desean para sí mismos una vida “estable”, en la que el prójimo vale un “soberano cacahuate”, y quienes se salen de estos “estándares” son unos “locos”, “desequilibrados”, “resentidos sociales” o, como dicen los clichés gringos descerebrados, “unos perdedores”.