PULSO LEGISLATIVO

La apuesta “ciudadana” con tonos azules del PRI

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Álvaro Ramírez Velasco

La candidatura de José Antonio Meade Kuribreña, quien se registró este domingo tres de diciembre ante los órganos partidistas del Revolucionario Institucional (PRI) para competir por la Presidencia de la República, tiene impreso enfáticamente el sello de la casa y el pragmatismo del grupo de Enrique Peña Nieto. Es además, inequívocamente, el postulante modelo del sistema PRIAN, es decir, de los políticos y empresarios que mandan en el país.

La decisión final de su unción es esencialmente pragmática, despojada de ideología y deseos personales o partidistas. Así lo hizo el primer mandatario cuando tuvo que elegir al candidato al gobierno del Estado de México en 2011, y debió darle la bendición a Eruviel Ávila Villegas, incluso por encima de su primo quien, ahora sí y en un segundo intento, se convirtió en gobernador tricolor del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza.

Meade no es en realidad el abanderado ideal para el priismo más tradicional, que nuevamente deberá conformarse con el poder en un segundo plano y que podría ver invadidos sus cotos por personajes abiertamente panistas o simpatizantes de la derecha –alejados de la rancia estirpe tricolor– de llegar el exsecretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a la Presidencia,

Ese sector hubiera preferido, por mucho, al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, pero su perfil no fue el más funcional para la estrategia que se evidencia, para la que en cambio parece más adecuado el cuatro veces secretario de Estado en dos distintos gobiernos de diferentes partidos.

El también exsecretario de Energía (ocupó esta posición con Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, con quien también fue titular de la SHCP) sin duda sumará a su posible gobierno, si logra vencer en las urnas al Movimiento Regeneración Nacional (Morena), y a algunos de sus excompañeros en el sexenio panista.

En primer lugar se halla el senador Ernesto Javier Cordero Arroyo, con quien lo unen lazos importantes y proyectos pasados.

Cordero, por ahora y a contracorriente de su propio partido, Acción Nacional (PAN), es presidente del Senado; pero rencores añejos con la dirigencia podrían incluso precipitar su suma al equipo de Meade, incluso desde la campaña que comenzará constitucionalmente en marzo del próximo año.

De cualquier modo seguramente, aunque no lo haga de manera abierta, el panista estará operando de modo soterrado a favor de su amigo y excompañero de gabinete.

En ese mismo tenor se espera que actúen también los senadores del PAN Javier Lozano Alarcón, quien fue compañero de gabinete del ahora precandidato priista; y Roberto Gil Zuarth, pieza fundamental del calderonismo y quien, además de las fricciones intestinas en su partido, figura entre los resentidos por la exclusión de Margarita Esther Zavala Gómez del Campo, quien debió renunciar a su militancia para buscar la candidatura independiente.

Meade reúne a su alrededor a panistas y a un sector del PRI. Es, en realidad, el candidato ideal de un sistema en el que lideran y deciden tanto empresarios como políticos que tienen una visión mucho más neoliberal que nacionalista. Meade es el paradigma del PRIAN y de esos grupos recibirá apoyo.

La apuesta de un candidato supuestamente con perfil “ciudadano”, por no identificarse como modelo partidista del Revolucionario Institucional, aunque sí matizadamente del PAN, es la divisa con que se busca vencer a Andrés Manuel López Obrador, quien en el terreno de los mítines y la euforia de las campañas, se prevé que se coma vivo al anticlimático, para su estilo, Meade Kuribreña.

Pero las elecciones no se ganan con matracas, porras y discursos, sino con votos, dinero a cascadas y recursos genuinos y legales (y también ilegales) que el sistema prevé obtener con alguna operación quirúrgica.

Finalmente, las coincidencias entre  el priismo neoliberal y la derecha panista convergieron en Meade, quien ha sido en el gobierno de Peña Secretario de Hacienda, Desarrollo Social y también canciller. Con Felipe Calderón fue titular de las secretarías de Energía y de Hacienda.

Es el abanderado tricolor, sí, pero con camiseta azul debajo… posiblemente hasta con marcas que le llegan a la piel.