ESCAFANDRA

La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín

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Ángel Trejo

La crítica literaria de su tiempo evaluó a La Regenta (1884-1885), de Leopoldo Alas Clarín (Oviedo 1852-1901), como la mejor novela de España en el siglo XIX y la segunda más importante de la literatura española después de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra.

Las razones de tan alta valoración son varias: una historia de amor adúltero solo satisfecho a medias, disputado, burlado y finalmente trágico; un relato literario predominantemente realista, aunque veteado de recursos románticos y novedosas prácticas narrativas que anticiparon los procedimientos que tres décadas más tarde consagraron a James Joyce en Ulyses y a Marcel Proust de En busca del tiempo perdido, entre ellos el monólogo interior y la descripción minimalista de escenas, personajes, acciones, rasgos y gestos.

Además de estas innovaciones técnicas, que por supuesto no predominan en el relato, La Regenta tiene un mérito adicional superior: traza un mural extremadamente crítico de la sociedad española, en esa época aún entrampada entre el escolasticismo medieval y el Renacimiento y el liberalismo siempre inhábil y tardío de España.

En esta gran novela, Clarín –seudónimo que utilizó como periodista y crítico literario- cuenta el drama de Ana Ozores, hija única de un familia noble venida a menos de Vetusta (Oviedo), a quien unas tías solteronas casan con un anciano (Víctor Quintanar, regente de la Audiencia local), a fin de deshacerse de ella. Quintanar jamás cumple con sus obligaciones conyugales y Ana, solitaria y aburrida, busca solución a sus problemas íntimos en la devoción religiosa.

Es por esta vía como se relaciona con Fermín de Pas, magistral de la parroquia a la que asiste la familia Ozores y a quien se le designa como confesor. En De Pas la joven halla las atenciones que no le brindaba Quintanar y pronto, como ocurre en las ciudades chicas, el adulterio es comentado en varios sitios, entre ellos el casino local.

El director de éste, Álvaro de Mesía, reputado Don Juan, hace tercería y termina por desplazar al magistral de los favores de Ana. El desenlace de la novela es dramático: una madrugada, el marido ve salir a Mesía de la recámara de Ana, no acierta al dispararle y después sale muerto del duelo al que lo reta. La Regenta busca consuelo en la iglesia y en la primera ocasión que sea encuentra con el magistral se desmaya. Un acólito la besa en la boca para sacarla del marasmo y Ana siente este contacto como el roce frío y áspero del vientre de un sapo…

Clarín escribió esta obra a los 31 años y fue autor de otras novelas –El abrazo de Pelayo (1889), Su único hijo (1890) y Cuesta abajo (1891)- dos tomos de cuentos y relatos cortos, entre ellos Adiós Cordera, y el libro de ensayos Solos de Clarín  (1881).

Los modelos de La Regenta fueron MadameBovary, de Gustave Flaubert; Ana Karenina, de León Tolstoi y El crimen del padre Amaro, de José María de Queirós.

La primera edición de La Regenta se hizo en Barcelona porque en Oviedo, capital de Asturias, fue prohibida por el obispo local. La misma suerte tuvo durante gran parte la dictadura de Francisco Franco, entre 1938 y 1962, periodo en el que España vivió en un ambiente moral y político casi medieval.