EDITORIAL

Negligente política alimentaria

/facebook @twitter
Buzos de la Noticia

Todo mundo sabe que el maíz es la base de la alimentación para la inmensa mayoría del pueblo mexicano; que las tortillas de maíz no pueden faltar en los hogares humildes de nuestra patria, así como otros productos que contienen este cereal; pero muy pocos se han enterado que estos alimentos están compuestos, en más del 90 por ciento, con maíz transgénico producido en Estados Unidos (EE. UU.) y contaminado con sustancias altamente nocivas para la salud, cuyos efectos todavía no han sido completamente estudiados, aunque investigaciones en curso arrojan resultados experimentales alarmantes.

El consumo de maíz transgénico aumenta rápidamente en México y con ello también aumenta la probabilidad de que enfermedades como tumores cancerígenos se extiendan a toda la población.

En países altamente desarrollados como Francia y EE. UU., el consumo de maíz transgénico para la alimentación humana ha sido prohibido con base en investigaciones muy serias; en esos países su empleo se limita a la alimentación animal y a la producción de combustible.

Científicos avalados por instituciones y organismos internacionales han estudiado el problema y seguido la huella del empleo de semillas transgénicas, poniendo en duda su inocuidad ante la presencia de agentes cancerígenos.

Las autoridades mexicanas encargadas de proteger la salud de la población deberían seguir el ejemplo de los gobiernos que se ciñen a las recomendaciones científicas y cuidan la salud de sus habitantes.

Aunque en México también existe una suspensión, cuando menos temporal, que impide el consumo humano de maíz transgénico, las dependencias encargadas de vigilar que se cumplan las normas oficiales en la industria alimenticia y de proteger la salud de los mexicanos, no han cumplido con sus responsabilidades; la ley se viola, se hace caso omiso a las recomendaciones y las autoridades no persiguen el hecho.

Como resultado, casi todos los alimentos cuya base es el maíz contienen al menos rastros de grano transgénico y de sustancias tóxicas empleadas en el cultivo de este maíz de importación.

Además de hacer la denuncia de esta actitud negligente por parte de los organismos encargados del problema, nuestro reporte especial se refiere esta semana a las investigaciones seudocientíficas que defienden la inocuidad de los alimentos transgénicos; investigadores al servicio de corporativos mundiales pretenden desautorizar los descubrimientos científicos y las declaratorias internacionales minimizando el peligro de consumir alimentos transgénicos.

Una vez más, la verdad científica entra en conflicto con los intereses de los dueños del capital, a quienes no les importan las mayorías ni la salud de los ciudadanos, sino al contrario están dispuestos a falsear la realidad y envenenar al pueblo con tal de seguir obteniendo fabulosas ganancias.