CLIONAUTAS

La superioridad de Occidente
Primera de dos partes

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Anaximandro Pérez

Hoy la interpretación de la historia de mayor difusión es la que trata de justificar el dominio de los países europeos sobre los pueblos ajenos a Occidente, sean asiáticos, africanos o americanos.

Quienes miran así el desarrollo de la humanidad tienden a sostener, en la más radical de sus facetas, que aquello que ha permitido y permite el predominio de Europa no es otra cosa que su “cultura”, la que a su vez puede ser definida como libertaria; es decir, como una serie de rasgos que comparten y definen a los hombres impregnados de lo occidental y que los lleva a ser individuos naturalmente libres.

El historiador militar Víctor Davis Hanson, de origen estadounidense, es uno de los máximos exponentes de esa teoría. Este autor habla de un multisecular triunfo de Occidente sobre otras sociedades debido al factor cultural. En su libro Matanza y cultura dice que desde las guerras médicas hasta las batallas de hoy, no ha habido combate en el que se enfrenten un ejército occidental y un no europeo donde triunfe el segundo.

Esto se debe, según él, a que los occidentales han tenido desde lo antiguo la “esencia del capitalismo” [sic]: la libertad, que se ha expresado en las distintas formas de Estado que han existido desde los años de Leónidas hasta hoy, se sustenta en la propiedad privada y la familia.

Esto puede parecer cierto si consideramos batallas célebres como la batalla naval de Salamina, en la que se enfrentaron el enorme ejército persa de Jerjes, provisto de mil 200 barcos y hombres no libres –soldados tributarios del emperador aqueménida y que iban forzados a la guerra– y el pequeño ejército griego que disponía de 380 navíos pero estaba constituido por hombres que defendían su libertad, sus tierras y sus familias, y cuyo resultado fue la muerte de 40 mil persas bajo las olas mientras que buena parte de los griegos que vieron hundirse sus 40 barcos atenienses lograron salvarse.

Hanson dice que este triunfo, vital para los griegos, se debió a que cada uno de ellos tenía el afán de defender lo suyo frente a los bárbaros; a la flexibilidad que la tradición democrática ateniense dio a sus mandos y que ésto les permitió discutir y elegir las tácticas militares más adecuadas. En cambio el ejército persa, atenido a los designios de un solo hombre libre, Jerjes, estuvo sujeto al criterio individual de un déspota oriental .

Así Hanson establece un esquema interpretativo que puede ser usado en todas las situaciones bélicas en que los ejércitos occidentales se hayan inmiscuido en el pasado remoto o reciente, pues al margen de distancias en el tiempo y diversos cuestionamientos, habrá algunas preguntas incisivas que favorecerán genéricamente su propuesta: por las características culturales libertarias de Occidente; por ejemplo: ¿por qué 500 españoles se apoderaron del imperio Mexica en 1521?; ¿por qué ganaron los estadounidenses la Guerra del Golfo en1991? 

Y aunque parece inocente a primera vista, lo cierto es que lo que Hanson pretende demostrar veladamente es que Europa es superior por su cultura, pues le permite imponerse sobre las demás sociedades no occidentales y, por lo tanto, tiene el derecho a gobernar al mundo.

Cabe decir, de paso, que el modelo de este historiador no es muy novedoso. En realidad se trata del viejo esquema del idealismo hegeliano, que afirma que en el desarrollo histórico de la humanidad una sociedad es superior a otra porque su Estado se asemeja más al espíritu absoluto.

Esto es posible en la medida en que las decisiones estatales recaen, paulatinamente, sobre hombres cada vez más libres, quienes con esa calidad pueden decidir los destinos de la sociedad. Con este modelo, el autor estadounidense predispone al lector a aceptar que la democracia liberal de hoy es superior a cualquier otra alternativa.

Pero preguntémonos, ¿existe realmente una superioridad cultural de los occidentales? ¿Es realmente la libertad el elemento que hace que Occidente sea superior?