SEXTANTE

Pasión por las letras

 

Un escritor que aspira a lograr una obra literaria de profundo contenido estético y artístico, que conmueva y aliente a millones de lectores, o que al menos sea aceptada por un público más limitado, además de su talento natural o del que pueda haber adquirido como cualquier “aprendiz de brujo”, tiene que hacer un esfuerzo muy notable y constante para conseguir su objetivo. Tiene que someterse, en principio, a una disciplina muy firme y rigurosa.

En varias ocasiones he escuchado –y he estado de acuerdo en ello– en que el 95 por ciento del éxito de cualquier empresa humana reside en el esfuerzo, en el trabajo intenso y sistemático, y el otro cinco por ciento en el talento.

Los genios no nacen genios, solo acceden a esta condición cuando materializan la inteligencia y la sensibilidad especial con que los dotó la naturaleza, la que únicamente se despliega gracias al titánico trabajo al que se someten.

La cinta que hoy comento trata de reflejar ese ambiente difícil en el que los genios de la literatura viven al crear sus obras. La cinta Pasión por las letras (2016), del director británico Michael Grandage, narra las vivencias del conocido escritor estadounidense Thomas Wolfe (Jude Law), quien tiene que sufrir las correcciones que el editor Max Perkins (Colin Firth) hace a sus textos, mismas que al ser extremadamente rigurosas, llegan al recorte de gran parte de lo que escribió Wolfe. 

Este hecho, suscitado en los primeros años de esa relación editorial –los años 30 del siglo XX– provocó una dependencia casi total de éste hacia su editor, lo que a su vez causó que la amante de Wolfe, Aline Bernstein (Nicole Kidman), se sienta desplazada por la profunda amistad entre ambos autores literarios. Incluso Aline llega a sentir celos contra Max aunque la esposa de éste le dice que su marido quiere a Thomas “como al hijo varón que nunca pudo tener”.

Esa estrecha relación se agota con el paso del tiempo. Wolfe regresa de una larga estancia en Europa, pero ya no considera que Max sea benéfico para la edición de sus novelas.

Llega incluso a acusarlo de haber mutilado sus obras no permitiendo, por lo mismo, que se conociera la esencia ni la verdadera magnitud de éstas. Pero es Aline, quien para entonces había dejado de amar al atormentado escritor y vivía separada de él, quien lo ubica en su propia realidad literaria, lo cual ocurre cuando Wolfe intenta restablecer la antigua relación sentimental que lo unió con ella.

Son los años de la gran depresión en Estados Unidos y del new deal de Franklin Delano Roosevelt. Max había sido, en cierta forma, descubridor de otros grandes escritores de esa época, entre ellos Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald, con quienes sin embargo no tuvo la gran amistad que lo unió a Thomas Wolfe. Wolfe  murió a los 38 años de edad y la historia fílmica nos presenta cómo en su lecho de muerte escribe una carta a su antiguo amigo y editor en la que le pide perdón por no haber valorado sus esfuerzos para que sus obras alcanzaran el éxito.

La cinta Pasión por las letras es un pálido retrato de lo que implica ser un genio del arte, pues no logra reflejar cómo el artista tiene que sacrificar muchas cosas para crear obras trascendentes.

Implica soledad, rechazo, ataques de sus detractores y ponerse al servicio de la creación misma, que no puede ser un simple producto de la “prolijidad” sino que requiere de una enorme voluntad y una disciplina muy estricta. Esto explica precisamente Pasión por las letras.