PULSO LEGISLATIVO

La fragilidad económica en 2018

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Álvaro Ramírez Velasco

Es muy probable, así como lamentable, que algunos de los programas y obras que supuestamente se realizarán con recursos del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2018 –que deberá ser aprobado la próxima semana– sean recortados debido a una falla técnica en la elaboración de éste y que consiste en haber previsto una mayor captación de dinero que sóoo está contemplada en los documentos pero no en la realidad.

Me explico. El paquete económico tiene dos grandes rubros: la Ley de Ingresos de la Federación (LIF) -de la que hablábamos en la entrega anterior- cuya mecánica define las fuentes y los montos recaudatorios. Luego está el PEF, que decide el cómo y el dónde debe aplicarse ese dinero.

Pues, bien: en la Ley de Ingresos los legisladores, diputados y senadores, estimaron al alza el precio del barril del petróleo sin tener un sustento técnico firme.  Fue más deseo que certeza.

En su propuesta original, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) había estimado para el próximo año un promedio de 46 dólares el barril en el precio internacional del crudo mexicano, cantidad que resultaba conservadora pero sensata.

Sin embargo, a los legisladores del Congreso de la Unión esta cuota les pareció baja y sin mucho análisis y a “ojo de buen cubero” la subieron a 48.5 dólares. Con ese incremento de 2.5 dólares es como “consiguieron” los 43.2 mil millones de pesos adicionales para el PEF-2018.

Esa cantidad es muy cercana a los presupuestos anuales de estados pequeños como Tlaxcala, Zacatecas o Colima. No es una cifra menor.

En el PEF están siendo contemplados esos 43.2 mil millones de pesos que, por lo menos en el análisis técnico serio, no existen, son imaginarios, pero que fueron repartidos como si de verdad hubiera la certeza de que van a obtenerse.
Ojalá así sea. Ojalá regresaran los tiempos de jauja del sexenio del panista Vicente Fox Quezada, cuando el precio del barril de la mezcla mexicana superó los 100 dólares.

Sin embargo, lo más probable es que ocurra lo contrario. Los mercados internacionales no están sólidos. En el otro lado de la moneda está el ejemplo terrible de 2015, cuando los precios internacionales del petróleo bajaron tanto que el barril de crudo llegó a costar 32.30 dólares.

Una caída estrepitosa que golpeó las finanzas nacionales, que históricamente han estado “petrolizadas” y han hecho depender de la renta petrolera la subsistencia de la mayoría de los mexicanos, ya que de otro modo habría una pobreza exponencialmente mayor a la que existe.

Al problema de las cuentas alegres sobre el precio del petróleo, del que dependen las finanzas nacionales y que han quedado frágiles por este fenómeno, hay que sumar la inestabilidad política que podrían traer las elecciones del 1º de julio de 2018, sobre todo la presidencial, lo que afectaría directamente a la economía nacional, independientemente de lo que suceda en el contexto internacional.

En el horizonte inmediato no existe un elemento que nos haga suponer que los precios del crudo van a subir el próximo año, pero aun así los legisladores de manera irresponsable –algunos dirán que “audaz” – hicieron cuentas al aire y consideraron dinero de donde no se sabe que vaya a salir, por lo menos por ahora. Lo imaginaron, no lo calcularon.

En el ánimo electorero y de “caerle bien” a los electores, ni el Ejecutivo ni las bancadas de San Lázaro y el Senado de la República se animaron a incrementar impuestos, ni para las personas físicas ni morales y menos aún para los grandes consorcios, muchos de los cuales eluden el pago de sus contribuciones al erario.

Sin embargo, de algún lugar tenían que sacar más dinero y su único recurso fue incrementar la expectativa de captación de recursos petroleros, artificialmente, lo que dejará frágil –más que siempre– a las finanzas nacionales en 2018.

No es buen augurio que se proyecte el gasto social, en este caso el nacional, con base en la expectativa de lo que se va a recibir. Más si esos montos corresponden al mundo de la imaginación.