PHILIAS

Matemáticas para sismos y explosiones nucleares

/facebook @twitt

Daniel Lara Jáuregui

Hay muchos aspectos curiosos sobre los sismos y las armas explosivas. Por ejemplo, que en México ocurren decenas de sismos cada día y que el terremoto suscitado el pasado 19 de septiembre liberó la misma energía que dos mil bombas atómicas como la lanzada por el imperialismo estadounidense sobre la ciudad de Hiroshima. ¿Cómo se explica lo anterior?

La Tierra se formó hace cuatro mil 600 millones de años y se encuentra en permanente movimiento. Tiene diferentes capas: el núcleo (la parte más interna), el manto (formado por roca fundida o magma) y la corteza terrestre. Sobre esta última se hallan los continentes y está dividida en 28 placas (llamadas tectónicas) que flotan sobre el magma. Cuando estas placas chocan entre sí, se producen los sismos.

Para medir la energía liberada en un sismo se utiliza la Escala de Richter, que se divide en 10 grados, de menor a mayor intensidad. Los terremotos de 1985 y 2017 fueron de 8.1 y 7.1, respectivamente. Es importante señalar que la escala de Richter no es una escala lineal (un sismo de ocho grados en esta escala no es el doble de intenso que uno de cuatro), es una escala logarítmica.

Los logaritmos fueron desarrollados por John Neper en el inicio del siglo XVII como parte de la revolución científica posterior al oscurantismo medieval y son, dicho de forma sencilla, el número de veces que se multiplica un número por sí mismo para obtener como resultado otro número. Por ejemplo, el logaritmo de base 10 del número 100 es igual a dos, porque  (el 10 se multiplica dos veces por sí mismo).

La Escala de Richter tiene un comportamiento similar: un sismo de cinco grados es 32 veces más fuerte que uno de cuatro; y uno de seis es 32 veces más fuerte que uno de cinco. Así ¡un sismo de seis es 1000 veces más fuerte que uno de cuatro! Aquí se encuentra también la explicación de por qué no sentimos muchos sismos: por ejemplo, un sismo de dos grados es 32 millones de veces menos intenso que el del pasado 19 de septiembre.

Ahora bien, la energía liberada se puede medir en Joules. Usted necesitaría 10 mil Joules de energía para levantar un auto de una tonelada un metro. Un sismo de siete grados Richter, libera una energía de 130 mil billones de Joules, la energía necesaria para levantar ese auto a una altura de 35 mil veces la distancia de la Tierra a la Luna.

El poder destructivo de las bombas y los artefactos explosivos se mide comparándolo con la energía de explosión de Trinitrotolueno (TNT), compuesto con Carbono, Nitrógeno, Oxígeno e Hidrógeno. La explosión de un gramo de TNT equivale a cuatro mil Joules y mil toneladas de TNT (kilotón de TNT) a cuatro billones de Joules.

La bomba de uranio lanzada por el imperialismo estadounidense sobre Hiroshima tenía una potencia explosiva de 16 kilotones de TNT (64 billones de Joules), mientras que la bomba de hidrógeno B83 es de 1200 kilotones de TNT; es decir, el equivalente a más de 70 bombas atómicas como la de Hiroshima.

No hay duda de que el poder destructivo de las armas ha aumentado exponencialmente con el paso del tiempo. La energía liberada por la bomba de hidrógeno B83 equivale a la energía de 25 mil millones de legiones romanas dando un espadazo al mismo tiempo o a 143 mil millones de cañonazos disparados al unísono.

Pero lo que actúa en detrimento del hombre también puede actuar en su favor: esa cantidad de energía es equivalente a la energía eléctrica que se genera en la República Mexicana durante casi dos días.

Estas enormes cantidades de energía pueden mejorar o destruir el único planeta que tenemos. Luchemos porque lo que no ha destruido la naturaleza no lo destruya el hombre. “En una guerra nuclear el daño colateral sería la vida de la humanidad”: Fidel Castro Ruz.