OPINIÓN INVITADA

A 100 años de la Revolución de Octubre

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Romeo Pérez Ortiz

Este ha sido un año de difusión de la cultura y la literatura en Rusia; los museos y los institutos de historia han estado organizando conferencias y exposiciones con motivo de los 100 años de la Revolución de Octubre. El museo del Ermitage, por ejemplo, abrirá una exposición que se llamará Palacio de Invierno y Ermitage 1917.

Los visitantes podrán encontrar en los muros del primero carteles revolucionarios y en el vestíbulo una muestra del modo de vida de Nicolás II, el último zar ruso de la dinastía de los Románov. Se explicarán algunos de los acontecimientos más importantes de la historia de Rusia, entre ellos cómo ocurrió la desaparición de la dinastía Románov después de tres siglos de dominio, tras la llegada del comunismo encabezado por el líder de los bolcheviques Vladimir Ilich Uliánov (Lenin). 

Los años de incompetencia zarista ya habían hecho estragos en Rusia y aunado a la escasez de comida y la inflación causadas por la Primera Guerra Mundial, Nicolás II tuvo que abdicar el 15 de marzo de 1917, cediendo el trono a su hermano Mijaíl, quien no tardó también en renunciar.

Así es como se conformó el gobierno provisional, que duró hasta la noche del 25 de octubre cuando centenares de soldados y obreros irrumpieron en el Palacio de Invierno para dar fin al gobierno provisional y emprender la extinción absoluta de los 300 años del reinado de los Románov. Posteriormente se conformó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Durante el periodo soviético fueron incontables los logros económicos y los beneficios sociales en favor de las clases trabajadoras, entre los que enlistaré los siguientes: 1) La URSS fue el único Estado en acabar con el hambre gracias a la colectivización de la tierra.

2) Salvó al mundo de una catástrofe humanitaria al derrotar al ejército nazi en la Segunda Guerra Mundial, hazaña en la que perdió 24 millones de ciudadanos.

3) Fue el primer Estado en crear la jornada laboral de siete horas y un sistema de seguridad social que incluía pensiones para ancianos e inválidos; jubilación para hombres a los 60 años y para mujeres a los 55 años; un periodo de 20 meses de subvención laboral a trabajadoras en sus periodos de maternidad.

5) Fue también el primer Estado que estableció un sistema sanitario universal y gratuito que elevó la esperanza de vida de sus habitantes de 40 años en 1917 a 70 en 1980; en ese mismo lapso la estatura media de sus ciudadanos creció de 1.60 a 1.80 m.

6) Creó, asimismo, el primer sistema educativo público y gratuito con las mayores tazas de alfabetización de la historia, colocando a la educación soviética como una de las mejores del mundo, toda vez que en sus escuelas la alimentación era gratuita para los alumnos.

7) En los años 60 inauguró la exploración del espacio con el envío del satélite Sputnik, que circunnavegó la Tierra llevando en su interior primero a una perrita, Laika; luego al primer astronauta, Yuri Gagarin y poco después a la primera mujer que voló en el espacio extraterrestre: Valentina Terioshkova. 8) La URSS fue el Estado multinacional con más personas cultas: donde más libros y periódicos se vendían y leían; donde más conciertos musicales se celebraban; donde más salas de teatro, cine y recintos culturales existían y donde más masas de obreros acudían a la ópera, etcétera.

La celebración de los 100 años de la Revolución de Octubre, sin embargo, no será tan emotiva ni tan grande como la que se organiza los nueve de mayo, cuando se recuerda la victoria del Ejército Rojo sobre el ejército nazi. El próximo siete de noviembre (25 de octubre en el calendario juliano) de 2017, día en el que se conmemora el centenario de la Revolución de Octubre.

Desde México mandamos un saludo fraterno al pueblo ruso y hacemos un llamado igualmente filial a los rusos que no vivieron ni sintieron en carne propia las experiencias de sus padres y abuelos, para que no olviden el heroico legado soviético, ya que mucho de lo que ahora hace grande y fuerte a Rusia proviene de ese pasado. Esta afirmación está sustentada, por supuesto, en datos socioeconómicos y estadísticas confiables que recogí durante mi recorrido de seis años por las tierras exsoviéticas, hoy rusas.

Según una encuesta nacional de opinión pública llevada a cabo por la empresa encuestadora FOMNIBUS, del 21 al 22 de octubre de 2017, en 53 entidades constitutivas de la Federación de Rusia con un tamaño de muestra de mil 500 personas, las opiniones sobre los resultados y el impacto de los acontecimientos de octubre de hace un siglo son las siguientes: el 22 por ciento cree que la Revolución de Octubre trajo más beneficios, mientras que el punto de vista opuesto se mantiene en el 23 por ciento.

El 27 por ciento opina que tanto los beneficios como los daños que la Revolución de Octubre trajo consigo son iguales. El derrocamiento del gobierno provisional y la toma del poder por los bolcheviques fue calificado positivamente por el 38 por ciento de la población, mientras que el 31 por ciento lo calificó negativamente. De las figuras históricas de ese periodo, los rusos están más impresionados por el zar Nicolás II y Lenin, con el 53 por ciento y el 52 por ciento respectivamente, según RIA Novosti, 27 octubre de 2017.

El pueblo ruso no desea revivir su pasado soviético. Muestra de ello es la participación ciudadana en el Partido Comunista (Komunisticheskaya partya), que apenas cuenta con un 17 por ciento de aceptación entre la población, muy por debajo del actual partido gobernante Rusia Unida que tiene una aceptación del 60 por ciento.

En los seis años que estuve en Rusia no advertí la existencia de movimientos estudiantiles o de actividad política en las universidades. Las sociedades de alumnos que existen en las universidades tienen como tarea la organización exclusiva de eventos culturales y deportivos. Otro dato que quiero compartir con ustedes es la cuestión de la vivienda. En la era soviética todos los rusos tenían un techo, un lugar digno donde cobijarse de las tormentas invernales y el frío extremo que durante más de siete meses del año azotan a casi todas las regiones de Rusia.

Actualmente el problema de vivienda es serio y sentido, sobre todo entre los jóvenes, quienes se quedan a vivir con sus padres hasta ahorrar lo necesario para comprar una casa o departamento, o bien adquirir una hipoteca del 12 por ciento de interés. La renta mensual de un departamento en Moscú, por ejemplo, va de 30 a 60 mil rublos (10 a 20 mil pesos).

El salario promedio en Moscú ronda en los 40 mil rublos (12 mil pesos). Es decir, un joven que gane un salario promedio apenas le alcanza para un departamento de 30 mil rublos. Si es una pareja, uno de ellos paga la renta y el otro la comida. Hay también ciudadanos sin techo, una minoría pero los hay.

Me he encontrado con indigentes en las calles y las estaciones del metro, autobuses y ferrocarriles, pero su número es insignificante en comparación con la cantidad de indigentes que uno se encuentra en la Ciudad de México. Según cifras oficiales, en Moscú viven 12 mil ciudadanos sin techo (Russian Beyond SL, 2014). Es decir, el uno por ciento de los moscovitas no tiene techo.

Con respecto a la educación, puedo comentar lo siguiente: la educación soviética estuvo considerada como una de las mejores del mundo. Ahora, de acuerdo con el informe Pearson, publicado en 2014, la educación rusa se sitúa en la octava mejor de Europa y la décimo tercera del mundo.

La tasa de alfabetización en Rusia es prácticamente del 100 por ciento; es decir, prácticamente toda la población sabe leer y escribir y, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el país cuenta con uno de los porcentajes más bajos de jóvenes entre los 25 y los 34 años que no han terminado la Secundaria. Mucho del alto nivel educativo que Rusia ahora tiene es gracias al esfuerzo de educación en masa que se efectuó en la época de José Stalin. Veamos otros datos: el 54 por ciento de los adultos entre 25 y 64 años tiene educación superior, mientras que en México es el 17 por ciento (el 22, según otras fuentes).

Otro logro soviético a destacar es la construcción de dormitorios estudiantiles. Casi todas las universidades e institutos tecnológicos cuentan con sus propios albergues, con cifras que van de ocho mil a 10 mil estudiantes, todos construidos en la época soviética.

Por ejemplo, la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú, creada entre 1949 y 1953, cuenta con ocho dormitorios estudiantiles y uno solo de éstos tiene capacidad para albergar a aproximadamente 10 mil estudiantes no moscovitas o moscovitas que viven muy lejos de la universidad. Todos los estudiantes rusos, incluidos los que vienen de los países exsoviéticos, pagan una módica cantidad de entre 500 y 600 pesos anuales.

Esto también es fruto del socialismo ruso. Para los extranjeros, la regla es otra. Todo extranjero paga entre seis mil y ocho mil pesos mensuales, monto equivalente a la mitad de lo que se paga por un departamento en la ciudad.

Cabe destacar también que cada universidad o instituto cuenta con su propio comedor estudiantil, otra herencia de la Unión Soviética. La Universidad Lomonósov, por ejemplo, cuenta con más de cinco comedores estudiantiles y el costo por la comida es tres veces menor al de un restaurante. Otra cuestión a resaltar son las becas.

Todos los estudiantes rusos académicamente buenos reciben una beca mensual de mil pesos. Estas becas proceden también de la época soviética y en algunas universidades rusas se otorgan a extranjeros. Gracias a éstas en los últimos tres años unos 15 mil estudiantes foráneos han cursado una carrera en las más de 400 universidades rusas (Sputnik 2016). Las disciplinas científicas con mayor calidad académica son Matemática, Física, Ingeniería, Mecánica, Química y Filología. 

Todos los estudiantes universitarios cursan lectura y redacción sin importar su carrera. Las carreras duran cuatro o cinco años y con especialidades, seis. Al finalizar sus carreras todos los estudiantes se titulan, pues no se les permite interrumpir aquéllas, graduarse un año o dos años después o no titularse, como sucede en las universidades mexicanas. Debo destacar también que los profesores ponen mucha atención en sus alumnos.

Hay mucho diálogo entre profesor y alumno e incluso fuera de las clases. La relación profesor-alumno es de mucho respeto y ayuda. Ésta es otra herencia soviética, pues la mayoría de los profesores que labora en las universidades tiene más de 60 años. 

Hay dos tipos de exámenes: uno práctico y otro teórico. El práctico consiste en resolver ejercicios o presentar proyectos o muestras, etc.; el teórico, en cambio, consiste en un examen oral que se realiza con base en una lista de preguntas que el profesor proporciona con anterioridad. En el día de la prueba se escogen boletos al azar. Acreditar el examen práctico da derecho a presentar el examen teórico y la calificación final depende de este último. 

Sobre la urbanización y transporte. Es bien conocido que las estaciones del metro de Moscú y San Petersburgo son las más elegantes del mundo, sobre todo las de Moscú. Cada estación es un museo o un palacio. Las estaciones construidas en la época de Stalin son más elegantes y majestuosas que las que se construyeron después y las que se siguen construyendo.

La distribución de los edificios, la construcción de avenidas, etc., es otro de los logros que vale la pena destacar. Las avenidas son de siete u ocho carriles. Cada cuadra o manzana cuenta con un parque limpio y un juego infantil en el centro, en cuyo entorno se hallan los edificios.

Las banquetas tienen una anchura aproximada de ocho metros. Las ciudades rusas conservan grandes extensiones como áreas verdes y sus parques son enormes y limpios.
El transporte público es muy efectivo y rápido. Hay un boleto para el metro, tranvía, trolebús, combi y autobús que cuesta 35 rublos (aproximadamente 12 pesos); la mayoría de los usuarios (el 98 por ciento) cuenta con una tarjeta personal llamada Troika para estos servicios.

Las personas con discapacidades, estudiantes (salvo los que cursan doctorado y maestría), adultos mayores de 60 años reciben un descuento del 50 por ciento. Los ciudadanos rusos prefieren este transporte público al taxi.

La red ferroviaria de Rusia es grande y muy bien distribuida. Por poner un ejemplo, hay trenes que van de Moscú a Kaliningrado, pasando por Bielorrusia y Lituania, con una duración de 23 horas aproximadamente; el viaje de San Petersburgo a Vladivostok (el famoso transiberiano) dura siete días. De la capital Moscú a Volgogrado dura aproximadamente 24 horas; a Kazán 11 horas; a Ulianovsk, la ciudad natal de Lenin, 16 horas y Murmansk, ciudad ubicada en el norte, un día y siete horas.

Los rascacielos de Stalin, también conocidos como “las siete hermanas”-construidos a finales de los años 40 y principios de los 50 (aún vivía el dirigente) para albergar una universidad y para funcionar como áreas residenciales y oficinas administrativas- conservan aún su majestuosidad.

Actualmente uno de los edificios continúa siendo universidad (la  Universidad Lomonósov); otro está ocupado por el Ministerio de Relaciones Exteriores; dos son hoteles privados: el Ucrania y el Hilton (antes Leningradskaya); dos son conjuntos residenciales-habitacionales y el séptimo residencial-administrativo.

La infraestructura cultural rusa es inmensa y me limitaré a citar únicamente la que existe en Moscú y San Petersburgo.  Hasta 2014 había contabilizados 274 museos en Moscú, la mayoría edificados en la época soviética y son tan grandes que para recorrerlos se necesitan dos, tres o más días.

Destacan por su magnificencia y oferta cultural la  Galería Tretiakov; el Pushkin de bellas artes, cuya famosa colección de pintura impresionista data de 1924 a 1930; el del Kremlin, el Politécnico y el de la Cosmonáutica, fundado en abril de 1981. San Petersburgo cuenta con más de 200 museos, además de sus filiales. Entre los más conocidos resalta el Ermitage, el Ruso, el Estatal de Historia y el Kunstkámera. En esta ciudad hay, asimismo, más de 70 teatros entre los que figura el Marinskii viejo, el Aleksandriski, el Mijailovskii (de ópera y ballet) y el Bolshoi de drama, que lleva el nombre de Tovstonogova.

A su vez, el número de teatros de drama, musicales e infantiles en Moscú es de 170 y entre ellos destacan el Bolshoi, que es pequeño; el Chéjov, de teatro académico;  el  Máximo Gorki y el Lenkom,  de opereta, entre otros. Vale la pena mencionar que las veces que asistí a los teatros, todos los asientos estaban ocupados.

En las ciudades rusas es notable la seguridad pública que hay en sus calles, estaciones del metro, bancos, universidades, albergues estudiantiles y comercios grandes. Nadie puede entrar a una institución educativa o a un negocio relevante si no lleva credencial o fue invitado por un amigo, profesor, etc.

Las entradas a las estaciones del metro cuentan con barras de seguridad antes de llegar a los torniquetes. Para ingresar a un albergue estudiantil, el alumno debe presentar su credencial (propusk). Si éste no es residente o ha sido invitado por un amigo, se le niega la entrada al edificio. Los cajeros de los bancos no están encerrados como en México:  usted puede pagar y cobrar su dinero sin ninguna ventana de vidrio de por medio.

Según datos oficiales –nuestra fuente es Rosstat- la red sanitaria de Rusia observó la siguiente tendencia en las últimas dos décadas y media: en 1990 disponía de 12 mil 800 hospitales; en el año 2000 éstos bajaron a 10 mil 700 y en 2013 solo quedaron cinco mil 900.

Las policlínicas tuvieron un descenso similar: en 1990 eran 21 mil 500, en el año 2000 se redujeron a 21 mil 300  y en  2013 solo quedaban 16 mil 500. En cuanto a la calidad asistencial, la sanidad pública no es tan buena como la privada porque su equipo médico es obsoleto. La atención médica, sin embargo, es buena.

Por ejemplo, a una persona con gripe no se le recomiendan antibióticos a la primera. En caso de accidente –con traumatismo e intoxicaciones- a todo extranjero se le brindan primeros auxilios y tiene derecho a asistencia médica de urgencia de forma gratuita. En general, el sistema nacional de sanidad de Rusia ofrece la atención médica gratuita, gracias al financiamiento del Estado.

En resumen, el pueblo ruso, sobre todo la juventud rusa, no debe olvidar el legado soviético con que aún cuenta Rusia. Los mexicanos debemos valorar los logros de la Unión Soviética y ponernos como meta crear algo parecido o mejor. El reto histórico es hacer de México un nuevo país donde no haya hambre, donde todos sepan leer y escribir, tengan salud y vivienda digna, donde todos trabajen y hagan deporte, cultura, arte, etc. Un país con grandes científicos y artistas.