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Los misterios de Trieste y sus genios multinacionales

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Ángel Trejo

Los misterios de Trieste es un libro de ensayos históricos destinados a escudriñar las causas por las que esta pequeña ciudad ubicada en la costa norte del mar Adriático, en un punto geográfico donde confluyen las culturas latina, germana y eslava, acogió en el entresiglo XIX y XX a un grupo de relevantes escritores y científicos de diversas nacionalidades que hallaron en ella las condiciones ambientales más adecuadas para crear las obras que les dieron nombradía universal. Inicialmente publicado en francés en la revista Critique en 1983 por su compilador, Jean Piel, el texto fue editado en español en 1985 por el Fondo de Cultura Económica (México) en su colección de breviarios (num. 405). Reúne 17 trabajos entre los que destacan, por diversas razones, los tres primeros: Trieste: de la urbe fronteriza a la ciudad irredenta, de Daniel J. Grange, quien reseña su historia antigua y moderna; Freud y el Triskeles y La trasmisión del psicoanálisis freudiano en Italia vía Trieste, de Jacques Nobecourt.

Los otros ensayos son: La ciudad natal de ‘Marco Cavallo’, emblema de la antipsiquiatría, de Rober Castel; Ítalo Svebo: en los bordes del mundo que se oculta, de Mario Fusco; Umberto Saba muere en Gorizia, de Ives Hersant; ¿Lugar para retornar o lugar para huir?: de Slatape a Bazlen, de Patrizia Lombardo; El gran póstumo: Carlos Michelsteaedter, pensador y artista, de Elena Pontiggia; Quarantotti Gambini: clasisismo y triestinidad, de Pierre Barucco; La segunda patria del exilio: James Joyce en Trieste, de Jean-Michel Rabaté; El castillo de Duino, lugar de nacimiento de las Elegías de Rilke, de Franco Rella; Trieste dócil, de Franck Venaille, integrado con seis artículos distintos, entre los que resalta El palco de la ópera Giuseppe Verdi; El planeta Trieste, de Marie Anne Lescourret; El poeta esloveno Srecko Kosovel, de Jean Piel; Los elementos austroalemanes en Valori Plastici y en el Novecento italiano, de Keiko Krishima; Un viaje extraordinario de Julio Verne, de Jacques Vanves y El asesinato de Winckelman, de Jean Daviron.

Grange ubica a Trieste como frontera histórica entre Grecia y Roma; entre ésta y Bizancio; entre los bárbaros y la decadencia romana; entre Viena (norte) y Venecia (sur) y entre ésta y los croatas, ávaros y magiares. En tiempos de Carlomagno y el Sacro Imperio Romano Germano fue una ciudad “episcopal” que anticipó el futuro de Roma como sede del cristianismo imperial europeo, una vez fundado el Vaticano.

En 1382 fue incorporada a Viena por los Habsburgo a fin de convertirla en puerto comercial para que rivalizara con Venecia. Logrará este objetivo solo hasta el siglo XIX, cuando El Véneto declinó. Su reinado económico, sin embargo, fue muy breve y terminó al final de la Primera Guerra Mundial.

Fue en este periodo cuando, según Nobecourt y Castel, se convirtió en capital de la psiquiatría moderna, pues en ella Sigmund Freud elaboró sus principales teorías –la lectura psicoanalítica de los sueños, el complejo de Edipo, la neurosis del individuo generada por los padres, etc. – Edoardo Weiss creó su propia escuela psicoanalítica y Franco Basaglia propuso el desuso de los hospitales siquiátricos tradicionales (manicomios).