EDITORIAL

A cien años de la Gran Revolución Rusa de Octubre

/facebook @twitter
Buzos de la Noticia

La historia de la humanidad registra retrocesos a etapas que ya se habían superado en algún país; el restablecimiento de relaciones políticas que habían quedado atrás como consecuencia de una revolución social; pero el retroceso, la restauración de la vieja sociedad ha estado condenada al fracaso cuando a los cambios políticos antecede la ruptura de la vieja estructura obsoleta; frente a las nuevas relaciones económicas triunfantes, la reimplantación de lo viejo resulta un desesperado intento de sobrevivencia de relaciones caducas que pretenden conservar lo que antes predominaba, defectuoso y superable, y que ocasionó un cambio revolucionario, un sistema nuevo, más vigoroso y eficiente. La ley social del desarrollo hacia niveles más altos con características nuevas se impone.

Un ejemplo muy conocido de este fenómeno de fugaz retroceso fue la restauración de la monarquía que siguió a la Revolución Francesa de 1789. La estructura capitalista se había desarrollado tanto que las relaciones capitalistas se impusieron revolucionariamente; todos los sectores sociales conocieron las ventajas del nuevo régimen y ya no fue posible conservar por mucho tiempo la vieja forma de gobierno.

Es innegable que la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991 significó un duro golpe para todos los países que conformaban el “bloque socialista”; el mundo dejó de contar con su ejemplo viviente, con su respaldo ideológico y político y con el potencial freno a todos los desmanes del capital mundial, que cuando conviene a sus intereses arremete contra una nación inerme bajo las acusaciones más falsas.

Pero también es innegable su generoso legado, porque no es posible borrar de un plumazo la historia ni poner en blanco la memoria de los pueblos. El socialismo implantado por la Gran Revolución Rusa de Octubre colocó a la URSS en poco tiempo entre los países más desarrollados, superando en muchos aspectos a las primeras potencias económicas del mundo, que habían logrado serlo después de muchos siglos.

La burguesía mundial guarda silencio ante el hecho histórico de que el imperialismo fue quien le permitió a la soldadesca hitleriana avanzar hacia la URSS con la esperanza de que se la engullera, y que fue Ejército Rojo el que impidió la esclavitud y la dominación nazi en todo el mundo.

El resurgimiento de Rusia, su lugar destacado en Europa, se lo debe al legado de esa gran Revolución; los países que conformaron la URSS, con Rusia a la vanguardia, conocen su historia, saben que vivieron momentos mejores que el presente y conocen el camino que su pueblo siguió para alcanzar al capitalismo y superarlo económica, científica y culturalmente.

La restauración del viejo sistema, con su desigualdad, su explotación y su injusticia, tarde o temprano habrá de terminar; la memoria del pueblo ruso, el conocimiento de su pasado, puede ser el punto de partida para retomar el rumbo marcado por el desarrollo histórico ascendente.

Nuestro reporte especial reseña los acontecimientos más destacados durante un periodo de cien años, desde la Revolución de 1917 hasta nuestros días, pasando por la fundación de la URSS, su vertiginoso desarrollo hasta alcanzar el nivel de las potencias más desarrolladas, rebasándolas en varios aspectos.

Lo que no habían logrado todos ellos juntos lo consiguió la Unión Soviética gracias al socialismo que se desarrolló en poco más de un cuarto de siglo. Se habla también de la caída de la URSS y el Bloque Socialista, de las fuerzas políticas internas que junto con el asedio imperialista causaron este derrumbe y también del resurgimiento de Rusia, heredera de los avances del socialismo soviético, que hoy figura entre los países más desarrollados del mundo y es blanco del imperialismo, que la ataca tal como lo hiciera en el siglo pasado contra la Unión Soviética.