REPORTAJE CHIHUAHUA

Las nutrias de río en Chihuahua:
la leyenda se materializa por fin

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Froilán Meza Rivera  

La nutria de río, esa especie simpática y carismática, había sido siempre en Chihuahua algo así como un fantasma, una silueta movediza que se escurría entre las sombras, una figura que no tomaba forma definida ni el nombre correspondiente a su naturaleza. Eran una leyenda.

Había testimonios insistentes de la presencia de nutrias, por ejemplo, en el tramo del río Conchos que atraviesa el poblado de San Nicolás de la Joya, en el municipio de Satevó, donde la corriente que baja de la sierra forma ahí una herradura donde en cada temporada de lluvias el agua deja sedimentos valiosísimos para la agricultura en la parte interior de la curva, y que quedan al descubierto cuando el río retoma su cauce habitual.

Pero en años pasados en las hondonadas que se forman en seguida del pueblo, algo sucedía que causaba extrañeza en la gente. Algo, algún animal desconocido, se escurría entre las piernas de los pescadores y les arrastraba sus redes para capturar carpas y truchas en el Alto Río Conchos. Durante muchos años, los nativos de San Nicolás de La Joya habían luchado contra este animal acuático al que llamaran “chan” cuando llegaban a verlo al serles arrebatados los peces de sus redes y  anzuelos.

Se trataba, casi sin duda alguna, de nutrias de río, parientes cercanos de las nutrias de mar. Ésta fue la única referencia a una especie de este tipo en el río Conchos y su primer avistamiento fue documentado en 1980. En un documento que los pobladores dirigieron hace seis años a la bióloga y conservacionista, Jacky López, de la organización Biological Diversity, le hicieron saber que en el pequeño pueblo llamado San Nicolás de La Joya en la municipalidad de Satevó, Chihuahua, “hay algunas nutrias, que en el pueblo llaman ‘chanes’, aquí en el río Conchos”.

En otra parte del estado, en la vertiente occidental de las barrancas de Chihuahua, es decir, en los ríos que escurren hacia los estados de Sonora y Sinaloa, está registrada también la presencia de nutrias desde 1980, aunque los estudios se habían dificultado no solo porque se trata de una región escarpada y con escasas vías de comunicación, sino por la intimidante presencia de bandas del narcotráfico y, asimismo, por la terca reticencia de los pobladores a revelar la existencia de un animal que ellos combaten porque lo consideran un rival en sus actividades pesqueras.

Pero los primeros registros documentados no solo mediante el testimonio de los pobladores de la región, sino por imágenes obtenidas por los investigadores mediante el uso de cámaras-trampa, se dieron hasta el año 2011.

En los años 80 la presunción se sustentaba en los pelos, heces y huellas que las nutrias dejaban en la arena o en el lodo de las orillas de los ríos, pero ahora las pruebas eran ya indudables y pudo decirse con toda certeza que en Chihuahua hay nutrias.

La nutria, que es considerada una especie paraguas (por su traducción del inglés umbrella species), cumple un importante papel como bioindicador en los ecosistemas acuáticos, lo que significa que puede encontrárseleahí donde las condiciones del ecosistema son favorables y donde las agresiones de los humanos (en la forma de caza ilegal o en el vertido de contaminantes en las aguas), no representa un problema mayor para que la especie esté presente.

Desde el año 2011, la asociación ambientalista Ecología y Comunidad Sustentable (ECOS A.C.) ha realizado monitoreos para localizar esta especie en siete comunidades del municipio de Urique a lo largo del río del mismo nombre.

Actualmente, los resultados obtenidos en esta área se encuentran en proceso de edición pública en una revista científica, con el fin de dar a conocer los esfuerzos de ECOS y de otras dependencias en pro de la conservación de esta especie y del ecosistema al que pertenecen, ya que es poco el conocimiento que se tiene sobre la nutria y su ambiente vital.

El ambiente donde la nutria se desarrolla en Chihuahua es la selva baja caducifolia, pero también puede encontrarse en la zona de transición hacia el bosque de pino y encino, cuya vegetación dominante es el táscate y el encino chaparro.

La nutria de río es un carnívoro que forma parte de la familia de los mustélidos (familia de mamíferos carnívoros de cuerpo muy flexible, cuello largo, patas cortas y uñas semirretráctiles), al igual que la comadreja y el hurón. Su expectativa de vida es de ocho a 12 años, tienen una cría o dos por año.

Son excelentes nadadores y se alimentan de mojarra, sardinas de río y trucha, es decir, de los peces locales en esta parte de la sierra, aunque se sabe que en caso de necesidad pueden variar su dieta para consumir incluso pequeños mamíferos.

Se trata de una especie crepuscular, es decir, que son animales activos al amanecer o al atardecer, cuando la intensidad de la luz solar es menor; se sabe que viven en pequeñas cavidades en las orillas de los ríos y que forman parejas de por vida.

En la sierra hay pocos depredadores naturales, entre ellos el puma y el jaguar, pero estas especies enfrentan el mismo peligro de extinción que las nutrias: el ser humano es casi su único depredador, quien las caza principalmente para evitar que se coman los peces de los ríos en las zonas en que las comunidades suelen tener sus cotos de pesca.

Aunque, por otra parte, se sabe que la gente suele comer su carne, como ocurre en la comunidad de El Carrizal, sobre el río Urique en el municipio de ese mismo nombre, donde incluso tienen una receta para preparar deliciosos tamales con carne de nutria.

Entonces, sus enemigos son: la presencia humana con las actividades que, como la ganadería, tienen el efecto de degradar el medio ambiente; la pesca; la caza furtiva; los desagües de drenaje de las comunidades y la deforestación. Son también enemigos de la nutria y de todo ser viviente, las empresas que introducen gasoductos en la sierra, donde para hacerlo tumban árboles y crean barreras artificiales que dividen a izquierda y a derecha a las regiones por donde se tiende la tubería.

Son igualmente enemigas de la naturaleza las compañías mineras que generan verdaderos desastres ambientales donde quiera que se plantan, porque en la absoluta mayoría de los casos desechan sus desperdicios de tierras y aguas contaminadas con el lixiviado de metales pesados que son tóxicos muy peligrosos para la salud de las personas y las especies animales y vegetales.

Ejemplos sobran de mineras contaminantes: De acuerdo con un informe del Instituto Fraser, el 74 por ciento de las concesiones para exploración minera en México son canadienses. Y, de acuerdo con el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina, de norte a sur del país, al menos 17 mineras canadienses han dañado a comunidades mexicanas. Además de afectar su medio ambiente contaminando sus aguas, hay casos de tres asesinatos y diversas amenazas e intimidaciones contra los ejidatarios relacionados con estas firmas. 

Campesinos del Ejido Huizopa, en Chihuahua, protestaron ante la Mina de Oro Dolores de la empresa canadiense Minefinders. El proyecto de extracción a cielo abierto ha sido ilegalmente desarrollado en sus tierras porque, argumentan los ejidatarios, la Secretaría de Medio Ambiente solo dio el permiso de uso de suelo para 500 hectáreas, pero la firma ocupa tres mil 458 hectáreas para sus labores.

En el Debate sobre grandes consumidores de agua: El caso de las mineras en México, informe elaborado por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (Cesop) de la Cámara de Diputados, publicado el 27 de abril pasado, se denuncia que en el país se tienen identificadas seis zonas donde la sobreexplotación del agua es generada principalmente por actividades mineras circundantes o que transportan el recurso de estas áreas acuíferas a su campo de trabajo.

Los casos más notorios de sobreexplotación, relacionada con la actividad minera, se localizan en los acuíferos de Valle de Ixtlahuacan (Colima), Los Juncos (Chihuahua) y Campo Mina (Nuevo León).

En el caso de Ecología y Comunidad Sustentable (ECOS A.C.), esta asociación ambientalista recibió financiamiento de la mina El Sauzal, miembro del corporativo canadiense Goldcorp, que trabajó en Urique hasta 2014, su último año como mina activa, año en el que, por cierto, extrajo entre 100 mil y 105 mil onzas de oro puro.

Al corporativo de El Sauzal le interesaba limpiar su imagen negativa de depredadora y saqueadora del medio ambiente y de destructora de bosques en la Sierra de Chihuahua, reputación que se ha ganado a pulso.

A cambio de los recursos que soltó El Sauzal, ECOS monitoreó el agua que utilizaban y desechaban, los químicos que arrojaban al ambiente, la acidez del agua y – aseguran los ambientalistas– todo estuvo en regla y dentro de los parámetros en sedimentos (cianuros, emisiones, etcétera) aguas abajo de donde se encontraba la mina.

Al mismo tiempo, ECOS llevó a cabo una labor de concientización entre algunos pobladores para que aprecien el valor que tiene la nutria dentro del sistema ecológico del río Urique y de estas corrientes que vierten hacia el Pacífico. Y para ganarse a los nativos, los ambientalistas también instalaron un albergue indígena, un centro de asistencia social. El éxito de su labor, aseguran, se puede medir en la nueva actitud de la gente, de más respeto hacia la conservación del entorno.

A todo esto, cabe preguntar: ¿Tiene futuro la nutria de río en Chihuahua?

Sí, sí tiene futuro, pero lo que hay que hacer es, en primer lugar, controlar efectivamente la operación de las grandes empresas trasnacionales que explotan las minas y de las compañías que tienden cientos de kilómetros de tubería para gas.

Es decir, que hay que formar una fuerza capaz de contrarrestar las simpatías y las complacencias que estos grandes capitalistas compran en los gobiernos estatal y federal, que se hacen de la vista gorda con respecto a las acciones de destrucción, depredación y contaminación que las compañías estadounidenses y canadienses realizan en el territorio de Chihuahua.

Además, hay que concientizar a los lugareños, educarlos en los principios de la cultura de la conservación ambiental para que no cacen a las especies “bandera”, como la nutria, ni a sus depredadores, ni a sus presas, lo que se puede traducir al castellano de la siguiente manera: a esas comunidades de la sierra se les debe dotar de fuentes de empleo, infraestructura sanitaria, salud, bienestar y de educación para que dejen de alimentarse de lo que se encuentran en el monte y que les saca de los apuros del hambre.

En el caso de los capitalistas de la minería trasnacional, la razón de que no respeten la naturaleza y a los pueblos de la sierra, es la ambición desmedida, el afán de obtener ganancia a toda costa y a cualquier precio. En el caso de los ejidatarios y comuneros, otra es la razón: se llama ignorancia y se llama hambre.