SEXTANTE

El Rey Arturo: La leyenda de Excalibur

 

Cada país, cada nación o pueblo tiene su mitología, sus leyendas, sus tradiciones, que se transmiten de generación en generación hasta convertirse en historias imperecederas en la memoria de esos pueblos.

En la literatura y en el arte de Europa Occidental, la leyenda del Rey Arturo es una de las más conocidas y antiguas.

Data del siglo VI de nuestra era; no se tiene la certeza de que este personaje realmente haya existido, pero son varios los literatos que la han reproducido y aun enriquecido, pues a partir del Rey Arturo han derivado otros personajes de la literatura caballeresca medieval, como es el caso de Lancelot, Ginebra, El Mago Merlín, la hechicera Morgana, Tristán e Isolda, etcétera. 

Pues bien, la leyenda del Rey Arturo ha tenido tanta repercusión en la literatura europea que hoy sirve para el entretenimiento de las nuevas generaciones.

Pero no crea, amigo lector, que este personaje puede ser siempre útil para exaltar las cualidades que se le han atribuido como paradigma de lealtad, valentía, honestidad, laboriosidad, etc., pues en el filme más recientemente creado con base en esta figura legendaria, El Rey Arturo: La leyenda de Excalibur (2017), del realizador británico Guy Ritchie, tiene el evidente propósito de caricaturizarlo como supuesta entidad histórica y como leyenda.  

En la cinta de Ritchie, el Rey Arturo, personificado por el actor Charlie Hunnam, es el heredero al trono de Camelot. Su padre, Uther Pendragon (Erik Bana), es asesinado por su hermano Vortiger (Jud Law), pero no logra matar a Arturo que se convierte en un hooligan, un pandillero y sobrevive gracias a quienes desean que recupere el trono, que le corresponde por herencia; Arturo logra vencer a su tío con la ayuda de la hechicera Morgana, quien le permite recuperar la Excalibur, espada que perteneció a su padre, un arma con poderes sobrenaturales.

Con esa arma poderosa y con los sortilegios de su protectora, Arturo logra vencer y asesinar a su tío; pero esto no es fácil, pues Vortiger ha establecido un pacto con un ser demoniaco al que tuvo que pagar un alto precio para obtener y conservar el reino: Vortiger tiene que asesinar a sus seres más queridos para entregar los cuerpos al ser que habita en un lago subterráneo.

Pero el realizador Guy Ritchie, carente de talento artístico, de formación cultural amplia, de principios estéticos sólidos y, sobre todo, de una filosofía humanista que dé un aliento progresista al filme, nos ofrece un bodrio retacado de efectos especiales que lejos de hacer más atractiva la cinta, la vuelve un mazacote de contenidos trillados y vulgares, al banalizar lo que es un héroe y exaltar la irracionalidad como si ésta fuera la forma adecuada y conveniente de razonar de los seres humanos, pero que más bien es una forma de obnubilar las conciencias, algo que ya es el pan de cada día en una industria cada más enajenante y que solo tiene como objetivo obtener dinero, como en el negocio de las drogas, con las que los “empresarios”  obtienen pingües ganancias aunque lo que producen sea sumamente dañino.

Un argumento con el que otros autores han alcanzado un alto nivel estético y que ha servido para promover el desarrollo de la cultura humana, en manos de un mercachifle del cine se transforma hoy en un producto alienante, manipulador y totalmente prescindible para quien persigue el enriquecimiento de su cultura.