PHILIAS

¿Cómo se originan los terremotos?
Una visión a los hechos en la Republica Méxicana

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Luis A. Herbert Doctor 

La población mexicana se encuentra hoy aún en estado de shock y de luto por los acontecimientos naturales registrados en días pasados. Ante tales eventos se ha visto la unidad de los mexicanos y la ayuda humanitaria de otros países a nuestros conciudadanos.

Si tú vives en la ciudad de México (CDMX), Morelos, Puebla, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Tlaxcala y Estado de México, seguramente sentiste los embates de la naturaleza, observaste y/o viviste la destrucción de cerca. Pero ¿sabes cómo han ocurrido estos terremotos?

Para comenzar, la palabra terremoto proviene del latín que significa movimiento terrestre o movimiento de la tierra. Ahora bien, la ocurrencia de un terremoto se debe a la interacción entre placas tectónicas. Estas placas tectónicas forman parte de la litósfera (capa de la tierra más superficial) y se encuentran en constante movimiento en diferentes direcciones.

De acuerdo con la teoría denominada Tectónica de placas, este movimiento es responsable de la formación de cadenas montañosas, volcanes y terremotos.

Cuando dos placas tectónicas llegan a chocar entre ellas (movimiento interplaca), ocurre un deformamiento dentro de una sola placa (movimiento interplaca) y se genera una cantidad de energía que se desplaza por el suelo en forma de ondas sísmicas.

Por otro lado, cuando ocurre un terremoto, las ondas sísmicas se propagan en todas direcciones; sin embargo, es posible clasificar a un terremoto de acuerdo con el tipo de movimiento que se ha percibido en un lugar determinado; por ejemplo, cuando se suscita un movimiento horizontal se dice que es un sismo oscilatorio y cuando hay un movimiento vertical el nombre que recibe es trepidatorio.

Esta energía en forma de ondas es la responsable del movimiento telúrico y mientras mayor es la distancia recorrida por dichas ondas sísmicas, menor será este movimiento y menor será la intensidad y/o la devastación que provoque.

Por otra parte, al punto exacto donde se origina la liberación de energía o el choque de las placas se denomina hipocentro y al punto en la superficie terrestre donde se adquiere la mayor intensidad de energía se denomina epicentro.

La cantidad de energía liberada puede ser medida en una escala denominada Richter. Esta escala es registrada mediante un sismógrafo (instrumento para medir movimientos en la tierra), que asigna a los terremotos valores que van de 3 a > 9, siendo la escala > 9 el valor más devastador. Esta escala logarítmica, de manera general, se registra según el tiempo transcurrido entre el inicio de la perturbación (emisión de las ondas sísmicas) y el posterior, en que se origina la emisión de las ondas secundarias.

En el globo terrestre existe una gran cantidad de placas tectónicas activas y, como ya imaginamos, México se encuentra entre las placas de Cocos, la Norteamericana y la del Caribe.

Expertos en el área han concretado que el terremoto ocurrido el 19 de septiembre de 2017, con una magnitud de 7.1 y con un epicentro a 12 km al sureste de Axochiapan, Morelos, se debió a la subducción de la placa de Cocos bajo la placa Norteamericana, es decir, el hundimiento de una placa bajo otra (movimiento intraplaca).

La gran devastación que se originó en las ciudades y la percepción de mayor intensidad de este sismo en comparación con el terremoto ocurrido el siete de septiembre de 2017 (Magnitud: 8.2. epicentro 133 km al suroeste de Pijijiapan, Chiapas), fue debido al lugar del epicentro.

 A la fecha, el país se encuentra en fase de recuperación, mientras se otorga ayuda a los damnificados; muchas instituciones privadas y gubernamentales se han unido a esta labor y no está por demás decir que estamos en momentos de unión para apoyar a las personas afectadas, de tal manera que podamos llevar esperanza a los lugares afectados. ¡México resiste!