LA BRÚJULA

Después del sismo: la tragedia nacional

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Capitán Nemo

Justo cuando los mexicanos conmemorábamos 32 años de aquel trágico 1985, volvió a temblar en el centro del país, con una intensidad de 7.1 grados, menor a la del aniversario en cuestión y aunque los decesos fueron menores, el dolor que embarga a miles de familias mexicanas tiene de luto a la Nación.

A la fecha suman más de 318 muertos en los estados de Puebla, Morelos, México y Ciudad de México, los más afectados; pero si a estos agregamos los 96 decesos en Chiapas y Oaxaca, ocasionados por el sismo de la semana anterior, el total de las víctimas fatales es de 414. A este saldo trágico hay que sumar los cuantiosos daños materiales de más de 200 mil inmuebles, edificios públicos, escuelas, viviendas, caminos y puentes, iglesias, hospitales, etc., para cuya reconstrucción se requerirán aproximadamente 38 mil millones de pesos, según cálculos del Ejecutivo. 

Existen marcadas diferencias entre los terremotos de este año y el de 1985, porque hace más de tres décadas –en 1982, para ser exactos– México acababa de implementar de manera abierta el modelo económico neoliberal que, según sus voceros, traería un cúmulo  de oportunidades para el progreso de la población.

Pero la realidad ha sido otra. El reciente sismo ha revelado que en México las condiciones de vida de la mayoría de los mexicanos han empeorado, que el pueblo ha empobrecido y que la  infraestructura en general es ahora muy precaria.

Otra diferencia entre lo que ocurrió hace 32 años y que ahora podemos advertir es que, gracias a la existencia de nuevos medios de comunicación masiva, hoy el pueblo mexicano se ha  resistido más a los intentos de manipulación de los medios de comunicación tradicionales.

En este drama las personas han clasificado de forma sencilla y concreta a los diversos sectores de la sociedad mexicanos distinguiéndolos entre “empresarios, políticos, funcionarios de gobierno, medios de comunicación y pueblo llano”, a fin de visualizar con claridad las posiciones que cada uno de estos actores adoptaron frente a la reciente tragedia.

Los empresarios guardaron un silencio oportunista para no atraer los reflectores. Lo hicieron así por dos cosas. La primera, porque muchos de ellos fueron directamente responsables de la tragedia, (inmobiliarias, constructoras, etc.), usando materiales de construcción de la peor calidad, los más baratos, los más inservibles y para poder realizar estos actos de corrupción sobornaron a funcionarios a fin de obtener permisos de cambio de uso del suelo, construcción, etc.

La segunda causa por la que se ocultaron es aún más grave: muchos han hecho enormes fortunas a costa de pagar míseros salarios a sus trabajadores, cancelando la posibilidad de que éstos adquieran una vivienda digna y segura, pues lo poco que ganan lo destinan a cubrir sus necesidades básicas. La “responsabilidad social” de los empresarios brilló por su ausencia y a la fecha no se sabe de ninguno que haya puesto parte de su fortuna a disposición de los damnificados.

Los políticos y los funcionarios del gobierno, por su parte, quedaron totalmente rebasados por las masas populares, sin saber qué hacer, aprovecharon la oportunidad para  tomarse la foto con miras a las próximas elecciones. Su falta de humanidad y sensibilidad para los caídos en desgracia fue documentada en las redes sociales. El triste papel del gobernador de Morelos es solo una muestra de ello. La opinión pública fue testigo de la avaricia con la que los políticos se aferraron al dinero público; es decir, al dinero de los mexicanos. Pero no solo eso, sino que trataron de adueñarse de los víveres y donativos que generosamente el pueblo había enviado para etiquetarlos como propios y aparecer como los “héroes” solidarios del terremoto, cuando en realidad  jamás pusieron un centavo de sus bolsas.

En el caso de los medios de comunicación, actuaron como verdaderas sanguijuelas, armando un “reality show” a costa de la desgracia y el dolor ajenos. Así compitieron encarnizadamente para sacar la mejor nota o crear historias fantasiosas,melodramas a conveniencia; todo ello sin darse cuenta que la gente está harta de tanta basura. 

Estos tres actores se han ganado el  repudio de la gente, que los ve como la verdadera tragedia nacional, como los escombros de un edificio viejo que ha impedido el desarrollo del país.

Porque los únicos que han salido como un poderoso y espontáneo ejército interesado en levantar a los caídos y a dar la mano fraterna a todos los desgraciados, fueron los miles de jóvenes, los pequeños comerciantes, campesinos, profesionistas, choferes, albañiles y trabajadores en general que sienten en carne propia el dolor ajeno porque lo han experimentado toda la vida.

Ellos han demostrado que cuando el pueblo se lo propone es capaz de las más increíbles proezas, mandando un mensaje claro de que ha llegado la hora de que el pueblo se organice y se deshaga de los escombros que impiden la reconstrucción nacional.