OPINIÓN

El pensamiento complejo

Brasil Acosta Peña
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.

El pensamiento complejo lo es tanto que ni el concepto de complejo es capaz de representar lo complejo que es la realidad.

Este tipo de razonamientos, que parece absurdo, es el que hace el filósofo francés Edgar Morin, quien critica duramente lo que él llama la fragmentación del conocimiento por materias: Matemáticas, Español, Historia, Química, Física, Civismo, etcétera.

Según su punto de vista, que por supuesto no comparto, separar el conocimiento por materias es un error porque la realidad, dice, no está fragmentada, es una unidad compleja y, por lo mismo afirma que el análisis de la realidad debe ser multi y transdisciplinario, es decir, que debe analizarse con base en las disciplinas afines al fenómeno y en las disciplinas que aparentemente no tengan relación directa con el fenómeno.

El que sigue es el tipo de ejemplo que Edgar Morin plantea: cuando uno va a la tienda a comprar algún producto, por ejemplo, un litro de leche, el objeto que tenemos en la mano, antes de tomar la decisión de comprarlo, debemos analizarlo desde un punto de vista complejo; tenemos que enfocarlo al mismo tiempo con los lentes de las distintas disciplinas todas ellas unidas: matemáticamente, deberemos estudiar el precio; químicamente, hemos de ver el objeto basándonos en el estudio de los componentes químicos de la leche (lactosa, calcio, vitaminas, minerales, etc.); físicamente, cabe la posibilidad de estudiar la leche por la capacidad y el espacio que ocupa, es decir, por su medida en litros, el peso que representa el litro y el tamaño del contenedor que se ha de requerir para almacenarle, así como la consistencia, por tratarse de un líquido; debemos ver también el objeto desde el punto de vista de la biología y pensar en la vida de la vaca y las condiciones naturales en que se ha desenvuelto, como puede ser el caso de la genética; desde el punto de vista social puede analizarse el problema de la competencia económica que se establece con otras empresas productoras de leche, o sea, la presencia de varias marcas y, a la vez, se puede analizar el litro de leche con base en las relaciones que se establecen entre los trabajadores que producen ese litro de leche: a cuánto asciende su salario, si comen o no, los problemas que pudieran tener al interior de su hogar derivados de la mala alimentación, si toman o no leche los obreros que la producen, etc.; desde el punto de vista astronómico, pues se puede estudiar la relación de la ubicación de los astros en el ánimo de la vaquita que ha de dar leche, etc., etc., etc.

Tal parece que el estudio de la realidad compleja es tan complejo que no alcanza la mente para poder comprender esa realidad en todas sus dimensiones de manera unificada, por tanto, estamos, tal parece, ante un nuevo intento de agnosticismo, es decir, ante la sublime declaración de que la realidad no se puede conocer por su complejidad.

Me recuerda al viejo agnosticismo kantiano que, en trazos muy generales, quería interpretar una realidad compleja, con base en una lógica basada en la lógica aristotélica y, al ser la realidad cambiante y estar en movimiento, en unidad y lucha de contrarios, la lógica que se le quería imponer a la realidad representaba una camisa de fuerza que, por lo mismo, limitaba y restringía la comprensión profunda de la realidad.

Adicionalmente, Morin, en relación con el problema fundamental de la filosofía, que establece la pregunta de qué resulta primero, el ser o el pensar, la materia o la idea, parece revivir el principio idealista de que todo lo determina la cabeza del hombre, el pensamiento humano; Edgar Morin es, por ende, idealista; lo que se comprueba con la siguiente frase que escribiera en 1999: “para articular y organizar los conocimientos y así reconocer los problemas del mundo, es necesaria una reforma del pensamiento”.

El problema de la realidad está en la cabeza del hombre, según Morin. El viejo debate vuelve a aparecer; pero el contraveneno a esta visión reaccionaria nos la dan los más grandes filósofos que ha tenido la humanidad y en la Tesis 11 sobre Ludwig Feuerbach, se aclaran las cosas: “los filósofos (incluido Morin) han interpretado de diversas maneras el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” y la sentencia morinesca nos lleva a contemplar las cosas y cambiar nuestro pensamiento, reformarlo y adaptarlo; en otras palabras, la realidad no puede cambiar y si queremos entenderla debemos reformar nuestra manera de pensar.

Pues bien, esta visión reaccionaria en torno al pensamiento complejo es el hilo conductor de la reforma educativa que se está instrumentando en nuestro país y que representa un grave peligro para las futuras generaciones, pues está formando individuos, hombres y mujeres sumisos e impotentes ante una realidad demasiado compleja y, por lo mismo, incomprensible; a esta visión hay que agregar el enfoque por “competencias”, que pretende formar un individuo capacitado para resolver los problemas que se le presentan a como dé lugar, haciendo abstracción de todo lo que le rodee.

Este razonamiento nos lleva a un absurdo que un profesor ejemplificaba así: el objetivo es llegar de la escuela a la casa; si el muchacho pasa en medio de una balacera, debe ver cómo la libra; si atropellan a alguien frente a él, no debe importarle; si roban a otro en sus narices y puede hacer algo, no debe hacerlo, porque no es de su competencia y, finalmente, si llueve, deberá sortear la lluvia hasta lograr su propósito; resultado: un individuo egoísta, individualista, prepotente, insensible, etc.

La realidad, por compleja que sea, tienen leyes esenciales; para comprenderlas hay que entender la filosofía hegeliana y, por supuesto, la filosofía materialista dialéctica e histórica planteada por Marx y Engels, que retoma los principios hegelianos y los pone de pie.

Hegel rompe la camisa de fuerza de la lógica aristotélica y kantiana y señala que la realidad cambiante y contradictoria debe analizarse con una nueva lógica y construye la lógica dialéctica, aunque atribuye esas leyes al pensamiento, a las ideas. Marx endereza el planteamiento y señala que es la realidad la que tiene esas leyes y que éstas determinan al pensamiento: “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino su ser social lo que determina su conciencia”.

Hay que estudiar la filosofía dialéctica e histórica para comprender a profundidad las leyes de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento. Así se hará ciencia y se formará un hombre activo, social y transformador y no pasivo, individualista y atado de manos. Hemos de revisar la reforma educativa, pues vuelve a imponerse a nuestra realidad una visión extranjera e irracional.