ESCAFANDRA

El México de Cortés habría hablado náhuatl y latín, no castellano (II de II)

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Ángel Trejo

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) aseguró en días recientes que México se encuentra entre los 20 países más ricos del mundo, pero también, contradictoriamente, entre las 15 naciones que más padecen hambre.

Otros organismos como OXFAM han denunciado en reiteradas ocasiones la desigualdad extrema en que viven los mexicanos y ha citado un dato aterrador con respecto a la mala distribución del ingreso: que la riqueza de cuatro mexicanos equivale al 50 por ciento de los bienes de los mexicanos pobres. Esta misma institución ha resaltado que la fortuna de los magnates en México sigue creciendo pese a la pobreza de las mayorías.

Forbes de México, por ejemplo, dice que de 2015 a 2016, cuatro de los más grandes empresarios vieron incrementadas sus fortunas a este ritmo: la de German Larrea creció un 53 por ciento, la de Alberto Baillères 56 por ciento, la de María Asunción Aramburuzabala cinco por ciento y la de Carlos Slim nueve por ciento, crecimiento moderado que sin embargo le permitió elevar su fortuna de 50 mil millones de dólares (mdd) a 54 mil mdd, patrimonio que triplica el de los otros magnates.

Tan solo en el primer trimestre de este año, Slim aumentó su capital en 40 mil 747 millones de pesos. En la mayoría de los hogares mexicanos también ha habido crecimiento, pero no de riqueza, sino de pobreza, que sigue creciendo; y aunque en días pasados el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo (Coneval) haya anunciado que la pobreza disminuyó de 55 millones a 53 millones de personas, otras investigaciones más serias reportan que el número real de pobres en México rebasa los 100 millones. 

Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) hizo públicos los resultados de su Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2016, que al suavizar la pobreza en los hogares contradijo en mucho lo que había revelado la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en ese mismo periodo.

Pese a ello, pueden rescatarse algunas informaciones valiosas, como las que revelan que mientras los pobres sobreviven con 25 pesos al día, los ricos disponen de 512 pesos diarios.

En casos extremos, por ejemplo, la ENOE detectó que hay más de tres millones de mexicanos que trabajan sin percibir salarios y que otros cerca de siete millones ganan menos de 80 pesos diarios, integrando un grupo de no menos de 10 millones de personas que padecen hambre todos los días.

En contraste con esta situación un solo hombre, el señor Slim, ¡en un trimestre ganó casi 500 millones de pesos diarios!

¿Hasta cuándo será creíble que la pobreza de los magnates mexicanos es producto de su talento y su esfuerzo? La cuestión de la pobreza y la desigualdad extrema en México no pueden explicarse sin la concentración de la riqueza en unas cuantas manos. Unas cuantas familias se apropian de la riqueza, despojando a las grandes mayorías hasta de su derecho a la alimentación básica.

La riqueza de los magnates también se explica por los bajísimos salarios pagados a los mexicanos, salarios que están permitidos por la misma ley y son producto de las corruptelas entre funcionarios públicos, políticos y empresarios ligados al manejo de los recursos nacionales.

A las familias millonarias se les dispensa el pago de impuestos con el pretexto de que crean fuentes de empleo, aunque esto no sea cierto, pues lo único que hacen es utilizar una mano de obra regalada a sabiendas de que les va a generar enormes ganancias.

Estos insultantes niveles de desigualdad y pobreza se benefician de la concentración del poder político que la burguesía ha logrado en México mediante la incorporación de sus guardianes de fortunas en los altos niveles del gobierno, que además de preservar el sistema económico vigente otorga salarios muy altos a la burocracia mexicana, a fin de garantizar la incondicionalidad y la permisibilidad absoluta de éstos a sus favorecidos mediante la regla “dejar hacer, dejar pasar”. Por ello no es de extrañar que secretarios y funcionarios de primer nivel ganen más de 100 mil pesos mensuales. 

Pero lo más grave e indignante de estos pagos es que se hacen con dinero del mismo pueblo, quien paga a sus propios carceleros. Sin embargo, los magnates, los políticos, los funcionarios y otros defensores acérrimos del caduco modelo económico están perdiendo de vista que el actual sistema de cosas, que han disfrutado hasta el hartazgo, ha aumentado la pobreza a una velocidad tan peligrosa que solo es cuestión de tiempo para que los desfavorecidos tomen conciencia de su número.