OPINIÓN

La música atonal

Brasil Acosta Peña
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.

La música tiene influencia sobre nuestras sensaciones en la medida en que, como ondas sonoras que pasan por nuestros oídos, hacen que las vibraciones actúen sobre nuestro cerebro desarrollando determinadas emociones.

Por ejemplo, una determinada canción puede hacer que en nosotros se desarrollen emociones al grado de que con ellas podemos experimentar alegría, tristeza, llanto, etc.; ello se debe a que el cerebro reacciona al estímulo externo, por ejemplo, en el caso de estar alegres y emocionados por alguna melodía, se genera serotonina, sustancia natural que influye en las sensaciones de emoción y euforia.

Así, por ejemplo, algunos autores han estudiado el efecto psicológico de la música sobre el cerebro y, solo por poner algunos ejemplos diremos que los tonos llamados mayores y que constan de la tonalidad, de una tercera, de una quinta y suele repetirse la tonalidad en octava, técnicamente se dice que el acorde está formado por las notas tónica, media y dominante, tienen un efecto psicológico de seguridad, tranquilidad y reposo. Veamos ahora el efecto psicológico de la tonalidad menor.

La tonalidad menor también consta de tónica, tercera, y quinta, solo que la tercera del tono menor está disminuida en medio tono. La sensación psicológica de un tono menor es de tristeza y más aún si se toca de forma lenta. Y así, algunos ritmos generan movimiento, éxtasis, euforia; otros, aletargan, entristecen.

Pues bien, teniendo en cuenta estos efectos musicales, estudiados a lo largo de la historia de la música, es que los grandes teóricos de la música han propuesto transformaciones a la música tradicional para generar lo que se conoce como la música moderna.

La música moderna, lamentablemente, ha sido deliberadamente usada como mecanismo de manipulación de masas y ha servido, definitivamente, para obtener el control y dominar a la población, manteniendo el statu quo en la sociedad capitalista.

Así, con toda intensión y con estudios precisos se ha hecho uso de la música llamada atonal para manipular a las masas y crear movimientos de masas alrededor de grupos como los Beatles. Veamos.

“Los centros tonales reemplazaron gradualmente los sistemas de organización modal que se habían desarrollado desde el 1500 y que culminaron con el establecimiento del sistema de modo mayor y menor entre fines de siglo XVI y mediados del XVII.

Un oyente atento a obras, particularmente de los períodos Barroco, Clásico o Romántico, u obras como una ópera de Antonio Vivaldi, una sonata de Beethoven (1770-1827), es capaz de advertir el final pocos compases antes de que finalice un fragmento. El sistema tonal es el sustrato en que se basaron casi todos los compositores entre 1600 y 1900.

En esas obras musicales existe un sonido que actúa como centro de atracción de toda la obra”, que en este caso es la tonalidad. Digamos que la música tonal parte de un tono y retorna a ese tono; gira en torno al tono principal.

La música atonal, por su parte, forma un sistema dodecafónico (de doce notas) en las que el inicio no es punto de retorno necesariamente, es decir, si se inicia en un tono determinado el final no estará relacionado con ese tono. Uno de los primeros compositores en dar pasos decisivos hacia la música atonal fue Richard Wagner (1813-1883); en su preludio de la ópera Tristan e Isolda se descubren los primeros indicios de la música atonal.

Más tarde autores distintos como Alban Maria Johanes Berg (1885-1935), Anton Friedrich Wilhelm (von) Webern (1883-1945), Arnold Franz Walter Schoenberg o Schönberg (1874-1951), Theodor W. Adorno (1903-1969) entre otros, son los estudiosos y compositores de la música atonal. La obra denominada Fuga de Beethoven, que quedó inconclusa, es también antesala de la música atonal.

Pues bien, la música atonal influyó a géneros como el Jazz, la música de Rock, la música clásica entre otros; pero, particularmente fue usada conscientemente para manipular el subconsciente de las masas y controlar así su rebeldía.

El libro Los Secretos del Club de Bilderberg, de Daniel Estulin, se señala que “En 1954, muchos de los hombres más poderosos del mundo se reunieron por primera vez bajo el patrocinio de la familia real de Holanda y la familia Rockefeller en el lujoso Hotel Bilderberg, en la pequeña población de Ooesterbeck”.

Además, dice que “no debería sorprendernos que durante los últimos cuarenta años el principal medio de lavado de cerebro haya sido una tecnología de imágenes en movimiento y grabación de sonido (televisión, películas, música grabada) capaz de cambiar nuestro propio concepto de verdad.

En 1956, un hombre llamado Theodor Adorno, que luego sería el autor de la mayoría de las canciones de los Beatles, explicó que la televisión es un medio de condicionamiento y control psicológico como nunca se ha soñado». Para Adorno y sus colaboradores, escribe Harley Schlanger, “la televisión suponía un medio ideal para crear una cultura homogénea, una cultura de masas, a través de la cual se pudiera controlar y conformar la opinión publica de modo que todo el mundo en el país acabara pensando lo mismo”.

Adorno era atonalista y utiliza la música atonal conscientemente para la manipulación de las masas, pues escribe: “En la música no se piensa que uno pueda componer hoy mejor que Mozart o Beethoven, pero se debe componer atonalmente, pues el atonalismo es enfermo y la enfermedad, dialécticamente, es al mismo tiempo la cura...

La extraordinaria reacción de protesta con la que la música se encuentra en nuestra sociedad actual [...] parece sugerir que la disfunción dialéctica de esta música ya puede sentirse negativamente como “destrucción”.

El autor de este libro escribe que “La escala atonal de doce semitonos consistía en sonidos graves y repetitivos que Theodor Adorno tomó de la música del culto a Dionisio y a los que aportó un sabor “moderno”. Así nos encontramos con canciones sicodélicas de los Beatles como Lucy in the sky with diamonds, cuya abreviatura es LSD (conocida droga); Yellow submarine, alusiva también a otra droga, etc.

El resultado lo conocemos: las protestas civiles multitudinarias impulsadas por Martin Luther King en Estados Unidos, fueron aplastadas y culminaron en un quid pro quo: la lucha social por la música atonal; a la muerte de Luther King sucedieron los grandes conciertos de depravación como Woodstock, en donde además de días enteros de música atonal encontramos la circulación de drogas y el fenómeno mediático que fueron los Beatles.

La manipulación comienza su caída cuando el manipulado toma conciencia de lo que se quiere hacer con él. Por lo mismo, damos un paso importante al conocer los efectos sicológicos de la música atonal, para combatir la manipulación y hacer de éste mundo un mundo mejor. Los invitamos a liberarse conociendo: ser cultos para ser libres, como dijo José Martí.