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La necesidad de un modelo de desarrollo económico mexicano

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Jorge López Hernández

Los dos problemas fundamentales de la economía mexicana son la grosera concentración de la riqueza en unas cuantas manos y el bajo crecimiento económico. De estos males se derivan los principales problemas económicos y sociales de nuestro país.

Para resolver el primero, la alta concentración de la riqueza, se requiere la instrumentación de políticas redistributivas capaces de cambiar el statu quo, a fin de que haya una mejor distribución del ingreso y del patrimonio a través de un sistema fiscal progresivo que cobre más impuestos a los grandes capitales, para que el presupuesto público destine esos recursos en resolver las carencias de infraestructura urbana, sanitaria, educativa, etc. Además, se necesita incrementar el salario a los trabajadores. Como podemos apreciar es un asunto de índole económica, pero, sobre todo, política e ideológica. 

Para dar solución al problema del bajo crecimiento económico es necesario que la clase política en el poder tenga una visión progresista y nacionalista; es decir, que asuma como objetivo el mejoramiento de las condiciones de vida de los mexicanos y brinde solución a otras carencias apremiantes que agobian al país.

Pero ¿cómo lograr un crecimiento económico alto y sostenido? Las reformas, que se han anunciado como solución a los males simplemente no han dado resultados, ni las darán. ¿Qué alternativas hay, entonces? Diseñar un nuevo modelo de desarrollo económico que impulse las fuerzas productivas, para que nuestra economía crezca a tasas altas y permita la generación de más riqueza.

La urgencia de un nuevo modelo de desarrollo en México es perceptible mediante la comparación de las tasas de crecimiento promedio del producto interno bruto (PIB) en las últimas cinco décadas.

En los años 60 el promedio fue del 6.8 por ciento; en los 70 del 6.4 por ciento; en los 80 del 2.2 por ciento; en los 90 del 3.6 por ciento; en la primera década del siglo XXI del 1.8 por ciento y en los primeros seis años de la segunda década de este siglo fue del 3.1 por ciento.

Como puede observarse, llevamos más de 35 años que en promedio no superamos la tasa de crecimiento del tres por ciento. Ahora bien, si dividiéramos la producción generada en un año entre el número de población existente, es decir, si calculamos el PIB per cápita, tendríamos que de 2010 a 2015 México ha tenido un PIB per cápita de nueve mil 500 dólares, cifra inferior a la de Argentina, Chile, Corea del Sur y, claro, muy lejos de Estados Unidos (EE. UU.), que supera los 54 mil dólares de PIB per cápita.

Los datos económicos y la situación social no dejan lugar a dudas: nuestro país necesita una nueva estructura económica. En primer lugar, es necesario dejar de utilizar las teorías económicas que favorecen a la economía de mercado cuyo funcionamiento, como ha quedado demostrado en México y en el mundo, no es el mejor para impulsar el crecimiento y el desarrollo económico.

En los últimos 30 años de su vigencia en nuestro país el crecimiento económico ha sido muy bajo –como se demostró anteriormente– en contraste con las superiores tasas de crecimiento registradas en la época de mayor participación del Estado en la economía; es decir, cuando estaba vigente un modelo de crecimiento nacionalista y volcado al mercado interno.

Por lo tanto, dada la experiencia histórica, es necesario que el Estado sea quien impulse el desarrollo económico a través de dar impulso a los sectores agropecuario e industrial, que en las manufacturas haya encadenamientos hacia adelante y hacia atrás, que se aprovechen plenamente los recursos naturales y humanos y que la posición geoestratégica del país sea mejor utilizado junto a los tratados comerciales que se han signado con otras naciones y regiones del mundo. 

Quien tenga la intención de gobernar nuestro país en el futuro inmediato debe tener como prioridad lo antes mencionado; de no ser así, los problemas sociales y económicos se agravarán. Urge, pues, un modelo de desarrollo económico nacionalista que revierta los numerosos rezagos de nuestra patria.