CULTURA/ POESÍA

BERNARDO ORTIZ DE MONTELLANO

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Buzos de la Noticia

 

Nació el tres de enero de 1899 en la Ciudad de México, donde murió el 13 de abril de 1949.
Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria. Periodista. Trabajó en la Secretaría de Educación Pública. En 1928, fundó con Bernardo J. Gastélum, Jaime Torres Bodet y Enrique González Rojo, la revista Contemporáneos, de la que fue director tres años.

Pretendió revalorizar la poesía indígena de México. “Interpretándola por su significado espiritual más que por su contenido histórico”. En Figura, amor y muerte de Amado Nervo (1943), más que una biografía, logró una sugestiva semblanza del poeta.

En el terreno de la biografía entra también su libro Sombra y Luz de Ramón López Velarde (1946). Entre sus ensayos son particularmente interesantes: Literatura indígena y colonial mexicana (1946), Literatura de la Revolución y Literatura revolucionaria (1930). Pero su importancia estriba en su labor poética. Su libro más importante es Sueño y poesía (1952), reunión de cinco libros anteriores. Parte considerable de su obra permanece inédita.

ESE BUSTO DE YESO
Ese busto de yeso que respira
lunas de noche antiguas y metales
rodillas mutiladas desiguales
que si la noche cubre el sueño mira.

Esa mano de flores que conspira
al abrir y cerrar dedos cristales,
sonrisa y caracol en espirales,
ajeno mar donde la voz expira.

Estos ojos de verdes vegetales
que el fuego muerto de los goces gozan
y a lo oscuro me miran inmortales.

Y esta sombra de luz donde se rozan
las almas y los cuerpos que reposan.
Vivos sueños, bellezas funerales.

PARAISO DEL AIRE
Paraíso del aire congelado,
muerte de cielo y tierra celadores.
¿De qué color los ojos? Los colores
más por su vibración que por su grado

y más por la mirada miradores
que por la luz los ojos que he soñado
cuerpo que flota sin pesar, velado
en un clima de puros impudores

¿es la sonrisa, paladar de voces?
¿La mano que agoniza y que suspira?
¿La lentitud con que la mata el fuego?

Oigo lo que no dice si respira:
es toda la memoria de mis goces
que sólo yo contemplo a solas ciego.

TIEMPO
I
A tierra y cielo todos condenados
por los metales de la noche huimos
¿dónde termina el suelo que perdimos?
¿dónde principia el cielo que buscamos?

Ecos responden a nuestros llamados:
los poetas, espíritu decimos;
los músicos, silencio que medimos;
los pintores, materia que tocamos.

Pero entre lo invisible y lo sensible
del alma que imprecisa nos rodea,
fuente pura de imágenes y voces

en donde la belleza se recrea,
por la raíz del árbol de los goces
nos reclama la tierra, la visible.

III
Porque el tiempo se mide, no se cuenta,
su luz a la distancia sobrevive,
el aire pierde espacio en la tormenta
y en el suelo extraño se percibe.

Porque el tiempo se goza, no se cuenta
la secreta aventura que se vive,
burlas del horror y sed nos alimenta
y en alta noche amor su mano escribe.

Cuando en los ojos de la infancia advierto
el color sin colores de la vida
que al agua de los años se diluye,

busca mi sed el agua que no ha muerto,
que aquí en la soledad de su guarida
el alma se hace, el cuerpo se destruye.

SUEÑO DE AMOR PERFECTO
Amor de sueño amante que otro cielo
revive en su interior desdoblamiento
unión la de los ojos y el aliento
que las manos aparta de su celo.

Amor de cuerpo y sombra ceniciento
de paisajes recónditos al hielo
de color y de aroma y de desvelo
puro como la muerte y como el viento.

amor que de la carne vuele al sueño
y en él imagen que desnuda anude
la ribera sin ámbitos de cuerpo.

Amante que en su sombra se demude
y en su sangre redima lo que fluye
y descubra en su sueño lo que sueño.

EJERCICIO DE LA ROSA
Flor del sueño celeste y amarilla
que los sueños deshojan en mi frente,
pétalo inanimado en la corriente
del mar que vuelve a su secreta orilla

Cuando el silencio de la noche astilla
los ocultos rincones de la mente
con los latidos de la sangre, siente,
girar la Tierra, arder a la semilla

Qué simples movimientos y qué audaces
ondas muertas de nuevo renaciendo
—nuevas palabras de las mismas frases—

El cuerpo horizontal, la fiebre fría
marea del mar secreto en mí bebiendo
los deshielos nocturnos deste día.

NO LA AMANTE
No la amante, el amor. La singladura
de la noche que arrastra fuego frío
por las venas del sueño, poderío
de la encendida palidez oscura.

El amor, no la amante. El goce mío,
la imagen que desbasto. la onda pura
que invade entre las ruinas mi locura
de tallar en diamante lo sombrío.

No la amante, el amor que le dio la vida.
Lo que mi mano roza y estos ojos
desojan, lo que nace de la herida

soledad en la noche de mi sueño:
¡encarnación que vive entre despojos,
de la que soy —oh dulce sangre— dueño!

EN DONDE SE HABLA DEL CUERPO SUJETO A LA ANESTESIA
Este cuerpo sellado por la inercia
vivo, sin voz, ausente, sin sentido,
que al grito de los hombres no despierta
y el sueño arrastra a su secreto sino.

Este cuerpo, mi cuerpo sometido
a la niebla más niebla de mi muerta
soledad, sin presencia ni destino,
perdido el aire sin saber la esencia.

Este cuerpo sin voz, metal sin fuego,
mano sin despedida que no muevo
brazo lirio de lava y de ceniza.

Aire sin soplo de ternura verde
este cuerpo sin voz ya no es la vida
pero tampoco el sueño ni la muerte.