PHILIAS

La pobreza y sus enfermedades

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Alitzel Donají Gallardo Ramírez

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como un “estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades”. Pese a ello, en hospitales y consultorios frecuentemente se acusa a los médicos de “cosificar” a los pacientes porque al atacar las enfermedades dejan de lado el ser humano que tienen enfrente.

Inicialmente, a fin de diagnosticar la enfermedad, empiezan con un pequeño interrogatorio.

Es ahí donde se presenta el primer error, ya que en muchas ocasiones se desdeñan las condiciones socioeconómicas del paciente, las cuales pueden propiciar su enfermedad.

Por ejemplo, en el caso de una persona de 70 años con fractura de cadera, la causa fundamental del problema puede ser una desnutrición severa y la fractura solo una manifestación de sus precarias condiciones de vida, las cuales son causadas por la pobreza.

Ahora vayamos a los números grandes. Para nadie es desconocida la situación de la salud pública en México. Nos enfrentamos al vergonzoso título de campeones mundiales en obesidad infantil y adulta. Además de eso, las estadísticas en diabetes mellitus e hipertensión arterial no dejan de crecer.

En cuanto a estas enfermedades y las cardiovasculares, hay una investigación médica de campo que se realiza desde 1948 en diferentes estratos sociales de Estados Unidos (EE. UU.) –Framingham Heart Study (FHS)–cuyas conclusiones pueden ser válidas en otros países, incluido México.

Según este estudio, mientras mejores condiciones de vida tienen los individuos, están menos expuestos a padecer enfermedades crónico-degenerativas, pues las personas de clase socioeconómica alta o media alta disponen de más recursos para alimentarse correctamente, hacer ejercicio y relajarse.

En contraste, los individuos de clase baja –obreros, jornaleros, artesanos, empleados domésticos, etc.– se ven acosados por estas enfermedades porque se levantan desde las cinco de la mañana, trabajan hasta12 horas, no comen bien o consumen apenas los alimentos asequibles a su economía y de bajo contenido nutrimental.

Este fenómeno podemos observarlo en México en los alrededores de oficinas, hospitales y cualquier lugar de concentración, donde no predomina la oferta de barras de verduras o frutas, sino  los puestos de tortas, gorditas,  tamales, tacos, salchichas, hamburguesas, etc.

Por ello no es casual que las empresas de comida rápida hayan encontrado tan buena aceptación en nuestro país y que las peores condiciones de salud y las enfermedades cardiovasculares prevalezcan en los estratos sociales más pobres.

En México la principal causa de muerte es el infarto de miocardio (IAM) propiciado, entre otros muchos factores, por la conjunción de las tres enfermedades antes mencionadas: obesidad, diabetes e hipertensión arterial.

Para enfrentar este hecho, la Secretaría de Salud, más allá de poner remedio a estos padecimientos, se ha limitado a aplicar irrisorios impuestos a refrescos y papas fritas, sabiendo que esto no es más que un “curita” contra una herida muy grande que tiene su origen en las condiciones socioeconómicas de la mayoría de la población, muchos de cuyos individuos no comen lo suficiente o comen sin nutriste adecuadamente.

Pero lo peor de esta situación –causada también porque la población misma ignora que sus estilos de vida contribuyen a la gestión de las enfermedades que tanto teme y la afectan– se halla en el hecho de que el Gobierno Federal, se limita a aplicar remedios “fiscales” en lugar de centrarse en buscar una solución  al gran problema de salud que está matando lentamente a muchos mexicanos: la pobreza.