MOSAICO CULTURAL

José Chávez Morado: pintor del pueblo mexicano

/facebook @twitter
Jenny Acosta

El arte mexicano es reconocido mundialmente por sus muralistas, grandes artistas que lograron retratar la realidad nacional, sus tradiciones, sus anhelos, su historia, entre otras cosas.

Este movimiento tuvo representantes importantísimos como José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Ellos, sin embargo, no fueron los únicos, pues dentro del mismo grupo figuró el guanajuatense José Chávez Morado, considerado por algunos expertos como el último de los muralistas.

 Chávez Morado nació en Silao, Guanajuato, el cuatro de enero de 1909, en el seno de una familia de comerciantes de modesta posición económica, razón que no permitió que el pequeño José se dedicara al estudio del arte que más adelante sería su profesión.

Antes de estudiar en una escuela de arte, Chávez Morado viajó a Estados Unidos donde trabajó como jornalero, pescador y barrendero. Fue justamente en ese país donde comenzó su preparación profesional, pues mientras barría los salones de la Chouinard School of Arts tomó clases de dibujo y pintura.

Regresó a México y gracias a una beca del gobierno del estado de Guanajuato estudió en la Escuela Central de Artes Plásticas de la entonces Universidad Nacional. Su trayectoria artística comenzó con la caricaturización de algunos personajes de la política, para posteriormente desarrollarse en los ámbitos que hoy se le conocen.

 La pintura de Chávez Morado tiene como tema central lo mexicano, al igual que casi todos los demás muralistas.

En sus murales puede observarse el desarrollo histórico de nuestro país con fuertes tintes de crítica social; en este sentido vale la pena rescatar los que se encuentran en el Museo de la Alhóndiga de Granaditas, con escenas de las dos revoluciones más importantes de nuestro país –la de Independencia y de 1910– pero con la intención peculiar de ofrecer el punto de vista popular; es decir, dejando ver, por tanto, la esclavitud y el sufrimiento del pueblo mexicano de antes y ahora. 

Pero Chávez Morado no se limitó a retratar el sufrimiento que el exceso de trabajo provoca en nuestra gente; también mostró cómo, gracias al trabajo en justas proporciones, pueden crearse grandes obras a favor del desarrollo humano.

Ejemplo de esto es El trabajo y la ciencia, mural pintado en Ciudad Universitaria. En éstas y otras obras puede apreciarse la gran influencia de la filosofía marxista –que también fue fuente de inspiración de la mayoría de los muralistas mexicanos– al describir las dos formas con las que el trabajo puede determinar la vida del hombre: como esclavizador o como liberador.

 Otro de los grandes aciertos de este artista fue que no se limitó a la creación de arte popular, sino que siempre se preocupó por la difusión del mismo, regalando sus colecciones a museos públicos para que el pueblo de Guanajuato y el país pudieran disfrutarlas; fundando el Museo del Pueblo de Guanajuato, que también se encuentra adornado con sus obras y siendo uno de los principales precursores de la restauración de la Alhóndiga, edificio de gran valor histórico para los mexicanos.

 A pesar de estos grandes aportes que Chávez Morado hizo a nuestro país, su nombre parece casi olvidado cuando se habla de los principales representantes de la pintura mexicana. Sin embargo, la obra que realizó no merece el desprecio o el olvido, al contrario, es digna de ser recordada y apreciada por el pueblo pobre de México, que en ella puede ver reflejadas sus miserias y encontrar la inspiración necesaria para buscar la forma de mitigarlas e incluso desaparecerlas.