ESCAFANDRA

Rusticatio mexicana, de Rafael Landívar

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Ángel Trejo

Rafael Landívar nació en 1731 en Santiago de los Caballeros, Guatemala (Antigua) y murió en 1793 en Bolonia, Italia, donde vivía exiliado tras la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, de la que formaba parte. Landívar fue un inspirado poeta bucólico –como Virgilio, diría Alfonso Reyes en el siglo XX- quien en Rusticatio mexicana (1781) alcanzó su mayor esplendor como artista literario.

La razón por la que su extenso poema de cinco mil 348 versos hexámetros latinos tiene gentilicio mexicano se debe a que la Capitanía General de Guatemala estaba sujeta al reino de Nueva España y los guatemaltecos eran considerados de la misma nacionalidad, aunque en esa época tal denominación se aplicaba exclusivamente a los habitantes de la capital novohispana y solamente los autores literarios y políticos de España y América (Cervantes, Lope, Quevedo, Sor Juana, Sigüenza, entre otros) solían utilizarlo genéricamente para aludir al reino entero.

Pero la mexicanidad del Rusticatio tiene una justificación más contundente: dos terceras partes del texto de Landívar están abocadas a describir y exaltar paisajes, oficios, especies animales, usos y costumbres de la región actualmente mexicana de la Nueva España y solo una tercera parte de la guatemalteca, a la que sin embargo su autor dedicó en 1782 uno de los poemas patrios más emotivos y bellos de América Latina.

Además de su dilecta propuesta estética,el contenido informativo de Por los campos de México posee atractivos muy interesantes para historiadores, antropólogos, sociólogos, agricultores, economistas, zoólogos y científicos multidisciplinarios. Incluso en esta obra, Landívar evidencia una vocación que podría asumirse como periodística ya que la mayoría de sus 15 libros (capítulos) y su apéndice (Cruz de Nayarit)fueron elaborados con base en investigaciones de campo eminentemente reporteriles.

Los temas que indaga son múltiples: los lagos de México, la erupción del volcán El Jorullo, la fundación de la Antigua, la producción de la grana de cochinilla en Oaxaca, los castores, la producción minera (plata y oro), el azúcar, las ganaderías mayor y menor, las aves, las fieras y los juegos (gallos, toros, carreras de caballos, jaripeos, palo encebado, pelota mesoamericana).

Su relato sobre la vida de los castores, por ejemplo, muestra a unos animalitos muy inteligentes que construyen diques en ríos para disponer de multifamiliares monógamos –todos idénticos, alineados, iguales y habilitados con dos puertas: una hacia la represa y otra hacia el bosque– que preservan mediante la práctica de una ética rigurosa que incluye la expulsión definitiva de las comunidades a los castores ladrones.

En el libro XIV, que estudia a las fieras –cíbolo (bisonte americano), danta, jaguar, tapir, etc.– cuenta cómo los mayas guatemaltecos entrampaban a los monos araña utilizando pequeños calabazos secos con granos de maíz o piedritas dentro, a fin de que movidos por su conocida curiosidad, los changuitos metieran las manos y al tomar aquellas y abrir éstas quedaran “enguantados” e inhabilitados para defenderse de sus captores. El hermoso poema de Landívar contiene muchas anécdotas igual de graciosas a ésta.