EDITORIAL

La industrialización de la basura

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Buzos de la Noticia

Es necesario recordar, de entrada, que el Estado es un instrumento de la clase en el poder destinado a mantener imperturbable el sistema social imperante, conservar su estructura económica y defender de cualquier amenaza los intereses que representa.

El gobierno de un país capitalista se encuentra al servicio de los empresarios, representa sus intereses económicos y asegura el mantenimiento de su poder político.

Si es verdad todo lo anterior, tenemos que aceptar que el bienestar de la mayoría de la sociedad no puede ser hoy la preocupación primordial del Estado; vivienda digna, servicios, educación, salud, alimentación, transporte, limpieza de las calles, etc., no le quitan el sueño, excepto cuando la atención de alguno de estos renglones ofrezca perspectivas de lucro, de apertura de mercados e inversiones que redunde en el aumento de la riqueza patronal.

El medio ambiente, los problemas ecológicos, la conservación de la naturaleza tampoco representan una preocupación central del Estado, como lo demuestran los terribles efectos del desarrollo industrial sobre el planeta y la absoluta indiferencia de los representantes del capital frente a este fenómeno.

En nuestros días, la clase dominante de cada país está integrada a un sistema globalizado.

La hegemonía mundial la ejerce el imperialismo; los consorcios trasnacionales controlan a los gobiernos nacionales, sometidos a los dictados económicos y políticos del capital mundial, que ha encontrado la manera de disciplinarlos, obligándolos a actuar bajo sus órdenes al suscribir convenios con el anzuelo de lograr beneficios comunes y acicateando las ambiciones particulares.

La obediencia del Gobierno mexicano a las órdenes de su “buen vecino” se prueba con su obediente implantación del modelo económico neoliberal en las últimas décadas del siglo pasado y el seguidismo en la ofensiva imperialista contra países hermanos, en lugar de sostener la antigua política de no intervención en los asuntos internos de otros países.

El Estado burgués tiene que cumplir con la misión de abrir las puertas al capital extranjero, eliminando todos los obstáculos económicos, sociales y políticos que se opongan a ello, ajustando las leyes del país y promoviendo las reformas que más convengan a los intereses trasnacionales; para garantizar la realización de esta encomienda, los amos del mundo globalizado han creado una serie de mecanismos y organizaciones de carácter mundial capaces de mover a control remoto a los gobiernos de países medianamente desarrollados o en subdesarrollo necesitados de apoyo crediticio o de inversiones que alivien su problemas sociales; una sutil recomendación de estos organismos internacionales mueve a los gobiernos a entregar al capital extranjero las diversas ramas de su economía, sus recursos naturales y hasta los desechos que puedan representar posibilidades de extraer plusvalía.

Un ejemplo de esto es la privatización del aprovechamiento de la basura, de su recolección, clasificación, transporte, almacenamiento e industrialización, actividades que se han convertido en una fuente de ganancias para un sector de la burguesía que impulsa a los gobernantes mexicanos a ceñirse a los dictados del Banco Mundial y sus promesas de inversión a cambio de un buen comportamiento.