LA BRÚJULA

De la Revolución Rusa al sueño bolivariano

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Capitán Nemo

Impresionante es la confabulación de los medios internacionales de comunicación y prestigiosos intelectuales que se obstinan en negar y denostar el derecho del pueblo venezolano a decidir el rumbo político de su nación.

Recurren incluso a incitar abiertamente al odio criminal y a la intervención armada para “liberar” al pueblo de Bolívar de una tiranía que según ellos afecta los derechos humanos y la justicia de los venezolanos. 

Exageran sin ningún escrúpulo las cifras de muertos y los padecimientos sociales de éstos y todo mundo se cree con derecho a pisotear la dignidad y la soberanía de Venezuela sin importarles el uso del juego sucio y la mentira.

Esta embestida no es nueva, pues la oligarquía mundial siempre ha recurrido al financiamiento de grupos opositores y personajes tristemente célebres por su grisura o mediocridad para desestabilizar políticamente a otros países, como se evidenció recientemente cuando un grupo de expresidentes lacayos fue a despotricar contra el gobierno legítimo de Venezuela y a alentar a la desprestigiada “oposición venezolana”, que vive añorando los tiempos en que saqueaba sin restricción las arcas del rico país petrolero.

En esa comparsa de políticos serviles figuró el señor Vicente Fox, quien se puso la playera de luchador social, previo pago de 250 mil dólares de parte de los oligarcas, para apuntalar los reclamos de “democracia” de éstos y Washington.

Hace ya algunos años la misma oligarquía internacional que hoy ataca a Venezuela, hizo lo propio con la Rusia socialista para forzarla a abandonar “su aparente locura y hacerla entrar en razón”, pues el capitalismo se resiste con uñas y dientes a perder el control del mundo a fin de seguir obteniendo jugosas ganancias a costa de la miseria y el dolor de millones y millones de seres humanos.

Sin embargo, los tiempos de enseñoreamiento de este sistema de explotación poco a poco están terminando; hoy se ve envejecido y enfermo, sus contradicciones internas lo llevan a una crisis de gran tamaño y, como presiente ya su fin natural, se resiste a perder toda su riqueza apelando a los medios más agresivos y violentos.

Pero ya no tiene el ímpetu de su juventud revolucionaria para frenar el avance de ideas progresistas en el mundo entero. En estos días, el pueblo venezolano se juega su futuro en la Asamblea Constituyente y el nerviosismo de los países “democráticos” y la injerencia de Estados Unidos se hacen cada vez más explícitos e impúdicos en su propósito de suspender este instrumento político revolucionario que podría significar la consolidación del proyecto bolivariano.

Es en ese contexto donde la Revolución Rusa vuelve como el ave fénix a resurgir de sus cenizas, recordándole al hombre que los grandes cambios y la rueda de la historia es la lucha de clases y que son los pueblos, las grandes mayorías, los parias, los oprimidos, los trabajadores, quienes mueven una y otra vez el engranaje de la historia para avanzar hacia un nuevo estadio de desarrollo.

En 1917, Lenin y los bolcheviques, gracias a su determinación, lograron demostrar que el gobierno de los pobres no solo era posible sino deseable, porque solo una forma colectiva de trabajo podía traer mayor bienestar y paz para la humanidad.

Hoy nuestra América padece más crudamente el azote de los grupúsculos oligárquicos y del imperialismo estadounidense, tal como lo denunció en 1971 el escritor Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de América Latina, en cuyas páginas se exponen las mismas desgracias, los mismos pesares, la misma explotación y el mismo saqueo de las riquezas naturales de pueblos enteros, situación de la que solo el sueño bolivariano de la unidad latinoamericana puede rescatarnos. 

Seguramente lo que suceda en Venezuela será importante para nuestros pueblos, porque ningún fenómeno ni proceso social ocurre de forma aislada; pero independientemente del rumbo que tomen los acontecimientos, para los latinoamericanos libre-pensadores y para todos los hombres progresistas del orbe, el desenlace del conflicto político nacional que hoy vive la tierra de Bolívar aportará una verdadera lección de la lucha de clases.

Y en este sentido, la Revolución Rusa y el sueño bolivariano han coincidido en un mismo camino para revitalizar la enseñanza que la historia más frecuentemente preserva en eco: que en una revolución verdadera se triunfa o se muere.