ARGOS

Compensaciones de altos ejecutivos
de empresas en Estados Unidos y México

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Arnulfo Alberto 

En uno de los trabajos de divulgación del economista sudcoreano Han Joong Chang hay un apartado dedicado a las compensaciones exageradamente elevadas que reciben los altos directivos de Estados Unidos (EE. UU.). Comparados con sus predecesores del siglo pasado reciben más de 10 veces lo que aquéllos recibían.

También son excesivamente altos con respecto a sus colegas de Europa y Japón, cuyas remuneraciones pueden llegar a ser hasta 20 veces menores.

La compensación promedio de los CEO’s (Chief Executive Officer, equivalente a director general de empresa en México) en EE. UU. es de 300 a 400 veces mayor a la que recibe un trabajador promedio.

Para justificar esta remuneración desproporcionada, uno de los argumentos esgrimidos por los economistas de libre comercio es que algunas personas reciben una mayor compensación porque son más productivas que otras. Algunas personas evidentemente son más productivas, pero la cuestión es si el actual grado de diferencia es justificado.

Afirma que la clase gerencial en EE. UU. y, en menor medida la de Inglaterra, poseen tal poder e influencia económica, política e ideológica que es capaz de manipular el mercado a su conveniencia y transmitir la carga de sus acciones sobre el resto de la población. El nivel de ingresos de los ejecutivos no los determina el mercado sino sus patrones capitalistas.

Los que sufren las consecuencias son los trabajadores ya que los salarios se reducen constantemente para acotar los gastos de las empresas y así maximizar los beneficios que se distribuyen entre los accionistas.

Además, al incrementarse los dividendos a los accionistas se reduce la inversión en la empresa, lo que afecta sus capacidades productivas de largo plazo. Esto representa una amenaza para las empresas estadounidenses y británicas frente a la competencia internacional, lo que pone en riesgo el trabajo de los empleados de esas mismas empresas. Cuando ocurren problemas o crisis financieras, son los contribuyentes los que terminan pagando los platos rotos y no los altos ejecutivos o directores generales responsables de conducir erróneamente a la empresa.

Se podría afirmar que los datos proporcionados por Chang se refieren a condiciones ajenas al país (México), que se trata de situaciones concernientes a EE. UU. Pero para desmentirlo habría que corroborar los datos. México ha aplicado las mismas recetas neoliberales que EE. UU. y los países europeos, incluso con mayor profundidad y alcances. El pupilo superando al maestro.

La tasa de crecimiento de la economía mexicana ha sido débil desde la década de los 80, como ya se ha corroborado en anteriores columnas (2.2 por ciento de crecimiento anual), pese a que el país requiere crecer a tasas más altas para abatir la pobreza de la población.

Recientemente, Gerardo Leyva, director general adjunto de Investigación del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), señaló que “el 10 por ciento de hogares en el país con mayores ingresos concentran el 35 por ciento de ingresos; mientras que los primeros cinco deciles de los más bajos concentran el 20 por ciento del ingreso total”.

De acuerdo con datos de la Encuesta de Remuneración Total (TRS) 2014 “en México un directivo tiene un sueldo 11 veces más alto que el de un colaborador de nivel profesional: mientras un directivo tiene un salario base de 150 mil pesos en promedio mensuales, un profesional percibe un salario de 13 mil pesos”.

Como se ve, la situación no es tan distinta en México por lo que las conclusiones del trabajo pueden aplicarse a nuestro contexto.