PULSO LEGISLATIVO

La abyecta y masoquista alianza PRD-PAN

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Álvaro Ramírez Velasco

Es masoquismo: no existe otro sustantivo que la defina tan bien. La alianza que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) busca con Acción Nacional (PAN) –que de muy buena manera la recibe, con confeti y serpentinas– es un absurdo histórico y una mancha abyecta para quienes se consideran de “izquierda”.

Hace apenas 11 años los perredistas proclamaban a los cuatro vientos y se desgarraban las vestiduras con la denuncia de que el panismo, que en la elección presidencial de 2006 abanderó Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, les había robado la Presidencia de la República, pero ahora buscan el sometimiento ideológico y moral a un candidato albiazul para 2018.

Imposible, increíble, intolerable, surrealista, casquivana, insensata e indigna, son los adjetivos que me vienen a la mente a botepronto para calificar la actitud de los perredistas, principalmente de las corrientes Nueva Izquierda (NI), conocida coloquialmente como Los Chuchos, y su cómplice Alternativa Democrática Nacional (ADN).

No se trata de que las alianzas, incluso antinatura, como la de panistas con perredistas, sean censurables per se, sino que en todas las que ha conformado el PRD con AN, siempre ha salido perdiendo, contundente y sumisamente.

De las 20 alianzas que han integrado históricamente estos dos partidos en elecciones estatales, con 10 triunfos, el PRD ha quedado desdibujado en la integración de las administraciones y en los proyectos legislativos y gubernamentales.

Los triunfos de esta coalición antinatura, acompañada de otros partidos, han sido en Nayarit en 1999, Chiapas en 2000, Yucatán 2001; Oaxaca, Puebla y Sinaloa en 2010; Baja California en 2013; en Durango y Quintana Roo en 2016 y este año en Veracruz y Nayarit.

El perrredismo, con su escasa fuerza, a pesar de su repunte este año en el Estado de México, es visto como acompañante para los panistas, no como socio ni como aliado indispensable.

Sus entre 10 y 15 puntos porcentuales –cada día más a la baja– sirven porque algo aportan en las urnas, pero los panistas no consideran a los perredistas para encabezar coaliciones.

De hecho, en los 10 triunfos que han obtenido en conjunto a lo largo de 16 años de alianzas, siempre han sido candidatos expriistas o panistas quienes aparecen en las boletas. Nunca un perredista puro.

La muestra de cómo para el PRD es prescindible completamente Para el PAN, se dio en la elección de 2011 para gobernador en Morelos, cuando los panistas lanzaron a su propio abanderado, Adrián Rivera Pérez, y soslayaron la alianza con los perredistas, quienes postularon a Graco Ramírez Abreu, quien hoy con dificultades y abusos gobierna esa entidad.

Encima, una alianza presidencial sería mortal para el perredismo, que de por sí ha tenido que lidiar en los últimos dos años con la fuga de cuadros y mucha gente de base al Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Si se concreta ese llamado Frente Amplio Opositor, cuya meta es frenar a Andrés Manuel López Obrador, y no al PRI, como dicen, el PRD estará perdiendo una valiosa oportunidad de levantarse y volver a la independencia en comicios.

Las corrientes hegemónicas tirarán por la borda el repunte que obtuvieron en la elección mexiquense y entregarán un capital menguado y poco útil al PAN, partido que también ya midió que en solitario no podrá aspirar a un triunfo en las urnas el TRES de junio de 2018.