PHILIAS

El origen del universo

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Eduardo García Molina

Existen dos teorías, fuertemente sustentadas, sobre el origen del universo. Sin embargo, es importante conocer, como bagaje cultural, la cara mitológica de la moneda. De acuerdo con la mitología de la Grecia clásica, antes de la creación de la vida no había más que nada, ninguna cosa orgánica y solo existía el vacío, al cual llamaban Caos (Chaos).

De éste surgió la madre Tierra (Gea), con la que también se crearon las montañas y las Ninfas (Nereidas), el Cielo (Urano) y el Eros (Cúpido), que actuó como fuerza de atracción y motor del Universo, dando ocasión a las primeras uniones del Cosmos. Dentro del Caos se engendró Erebo (la oscuridad), que unido sexualmente con Nix (la noche) creó el Éter (aire) y la luz celestial  o de los dioses. Finalmente se creó Hemera, la luz del día; es decir, los seres mortales, el hombre.

Cabe señalar que un mito no es más que un relato o leyenda de sucesos inciertos e incomprobables pero que la tradición popular presenta como realmente acontecidos. Pero, según la ciencia, ¿cómo se creó el Universo?

Para responder a esta pregunta, desde del inicio del siglo pasado científicos de distintos campos disciplinarios –entre ellos la física cuántica, la física teórica, la astrofísica, la astronomía y la cosmología, entre otras– han elaborado diversas teorías sobre el origen del Universo, todas ellas, por supuesto, apoyadas en modelos y cálculos matemáticos coherentes.

Las teorías más destacadas son la del Big Bang (“gran explosión”) y la Inflacionaria, complementarias entre sí. Hasta el momento la más aceptada es la primera que, propuesta por el astrónomo y físico J. Édouard Lemaïtre y en gran medida respaldada por la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, supone que hace aproximadamente 13 mil 700 o 13 mil 900 millones de años (la edad del universo) toda la materia del Universo estaba concentrada en una zona infinitamente pequeña del espacio que de pronto explotó para luego expandirse e iniciar un proceso de enfriamiento paulatino que aún continúa.

La materia salió con gran energía –electrones, positrones, bariones, mesones, neutrinos, fotones y demás partículas cuánticas– impulsada hacia todas direcciones del espacio, aunque en ciertas zonas se concentró o materializó más, como principal consecuencia, de los choques inevitables producidos por el estallido, el cual generó entropía entre los distintos componentes del sistema para contribuir a la condensación de los átomos de helio e hidrógeno y posteriormente a la formación de las primeras estrellas y galaxias de nuestro Universo.

   Desde entonces el Universo continúa en constante movimiento y evolución; es decir, sigue siendo finito en tiempo, espacio y energía porque aún se conserva extremadamente caliente y en expansión exponencial debido a las coaliciones que tuvo a partir del Big Bang, de acuerdo con la teoría Inflacionaria que el físico y cosmólogo Alan H. Guth, del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), dio a conocer en los años 70 del siglo anterior.

  Según esta teoría, lo que desencadenó la gran explosión fue una fuerza inflacionaria ejercida en cierta cantidad de tiempo (inapreciable por nosotros) pero permitiendo así formar una región observable de éste. De modo que dicha teoría distingue un universo real y un universo observable, siendo este último más pequeño en el que habita la especie humana, todos los seres vivientes y la gran variedad de elementos químicos actuales.

Pese a que la teoría del Big Bang es la más aceptada por la élite científica actual, hay muchas preguntas importantes que deja sin respuesta. La primera de este listado sería: ¿Cuál fue la causa original de la Gran Explosión? Hasta ahora ninguna de las exorbitantes respuestas dadas a esta cuestión ha sido contundentemente demostrable.